al no oir ladrar a
– ?Hola? -Empujo la puerta y entro con miedo, confundido por las lamparas encendidas-. ?Quien esta ahi?
Casi de inmediato, alguien lo aparto de la puerta y la cerro con fuerza. Sin embargo, cuando se volvio hacia su adversario, vio que no se trataba de ningun extrano malintencionado, sino de Romeo Marescotti. A su lado, fray Lorenzo con
– ?Loado sea el cielo! -exclamo Ambrogio mirandolos, maravillado de sus barbas-. ?Al fin habeis vuelto de tierras extranjeras?
– No tan extranjeras -dijo Romeo, que busco asiento a la mesa cojeando ligeramente-. Hemos estado en un monasterio no muy lejos de aqui.
– ?Los dos? -pregunto el artista, atonito.
– Lorenzo me ha salvado la vida -explico Romeo frunciendo el ceno de dolor al estirar la pierna-. Me dieron por muerto… los Salimbeni… en el cementerio…, pero el me encontro y me devolvio a la vida. Estos ultimos meses…, de no haber sido por el, estaria muerto.
– Dios quiso que vivierais -intervino el fraile, dejando por fin al perro en el suelo-. Tambien que yo os ayudara.
– Dios quiere mucho de nosotros, ?verdad? -replico Romeo con su habitual frivolidad.
– No podriais haber vuelto en mejor momento -dijo Ambrogio mientras buscaba el vino y las copas-, porque acabo de enterarme…
– Tambien nosotros nos hemos enterado -lo interrumpio Romeo-, pero me da igual. No voy a dejarla con el. Lorenzo queria que esperara hasta que me hubiese recuperado del todo, pero no se si eso sera asi alguna vez. Tenemos hombres y caballos. La hermana de Giulietta, la senora Giannozza, desea librarla de las zarpas de Salimbeni tanto como nosotros. -El joven se recosto en la silla, algo agotado de hablar-. Ahora que os dedicais a pintar frescos, conoceis todas las casas. Quiero que me hagais un mapa del palazzo Salimbeni…
– Perdonad -dijo el maestro, meneando la cabeza, aturdido-, pero ?de que os habeis enterado exactamente?
Romeo y fray Lorenzo se miraron.
– Crei entender -dijo el fraile, a la defensiva- que Giulietta habia contraido matrimonio con Salimbeni hacia algunas semanas. ?No es asi?
– ?Y eso es todo lo que sabeis? -pregunto el artista. Los dos jovenes volvieron a mirarse.
– ?Que sabeis vos, maestro? -inquirio Romeo, cenudo-. ?No me digais que ya esta prenada de el?
– ?Cielos, no! -rio el artista, de pronto mareado-. Al contrario. Romeo lo miro con los ojos fruncidos.
– Soy consciente de que ya hace tres semanas que se conocen… -trago con dificultad, como si las palabras le produjeran nauseas-, pero confio en que ella no se haya acostumbrado aun a sus caricias.
– Mis queridos amigos -declaro Ambrogio, localizando al fin la botella-, preparaos para oir una historia de lo mas inusual.
V. IV
?Un pecado? ?De mis labios? Oh dulce urgencia de pecado. Dadme el pecado, dadmelo otra vez.
Ya era casi de dia cuando Janice y yo nos dormimos por fin en mi habitacion del hotel, rendidas las dos sobre una manta de documentos, con la cabeza repleta de historias familiares. Nos habiamos pasado la noche yendo y viniendo de 1340 al presente y, cuando cerramos los ojos, Janice sabia casi tanto como yo de los Tolomei, los Salimbeni, los Marescotti y sus alter egos shakespearianos. Le habia ensenado absolutamente todos los papeles del cofre de nuestra madre, incluidos el volumen tinoso de
– ?Mira esto! -habia exclamado Janice recorriendo con el dedo el largo documento-, ?hay Giuliettas y Giannozzas por todas partes!
– Las primeras eran gemelas -le habia explicado, mostrandole un fragmento de una de las ultimas cartas de Giulietta a su hermana-, ?ves? Dice: «Me has dicho muchas veces que, aunque eres cuatro minutos mas joven que yo, te sientes cuatro siglos mayor. Ahora te entiendo.»
– ?Que fuerte! -habia anadido, explorando de nuevo el arbol genealogico-. ?A lo mejor todas estas son gemelas! Igual es un gen de familia.
Sin embargo, aparte de que nosotras tambien eramos gemelas, no habia muchas otras similitudes entre nuestras vidas y las de nuestras homologas medievales. Ellas habian vivido en una epoca en que las mujeres eran las victimas silenciosas de los errores de los hombres; nosotras, en principio, eramos libres de cometer los nuestros y proclamarlos tan alto como quisieramos.
Solo despues de seguir leyendo -juntas- el diario del maestro Ambrogio, aquellos dos mundos tan distintos se habian fundido al fin en un lenguaje que todo el mundo entendia, el del dinero. Salimbeni le habia regalado a Giulietta una diadema nupcial con cuatro supergemas -dos zafiros y dos esmeraldas-, y por lo visto esas eran las joyas que habian terminado decorando la estatua que presidia su tumba. Pero nos habiamos quedado dormidas antes de llegar ahi.
Cuando apenas me habia dormido, me desperto el telefono.
– Senorita Tolomei, ?esta despierta? -gorjeo Rossini, orgulloso de su papel de madrugador.
– Ahora si. -Frunci los ojos para ver la esfera de mi reloj de pulsera. Eran las nueve-. ?Que pasa?
– El capitan Santini ha venido a verla. ?Que le digo?
– Eh… -Estudie el caos que me rodeaba. Janice roncaba como un liron a mi lado-. Bajo dentro de cinco minutos.
Con el pelo aun empapado de una ducha rapida, baje lo mas aprisa que pude a reunirme con Alessandro, que me esperaba sentado en un banco del jardin, jugando distraido con una flor de magnolia. Me hizo ilusion verlo, pero en cuanto levanto la vista para mirarme, me acorde de las fotos que Janice le habia hecho colandose en mi habitacion del hotel, y el feliz cosquilleo se convirtio de inmediato en una punzada de duda.
– Buenos dias -dije, poco convencida-. ?Alguna noticia de Bruno?
– Vine ayer -respondio, mirandome pensativo-, pero no estabas.
– ?No estaba? -me esforce por parecer sorprendida. En mi impaciencia por reunirme con el motorista Romeo en la torre del Mangia, me habia olvidado de mi cita con Alessandro-. Que raro. Bueno…?que ha dicho Bruno?
– No mucho. -Alessandro tiro la flor y se levanto-. Esta muerto.
– ?Asi…, de repente? -exclame espantada-. ?Que ha ocurrido?
Mientras paseabamos por la ciudad, Alessandro me explico que a Bruno Carrera -el tipo que habia entrado a robar en el museo de Peppo- lo habian hallado muerto en la celda la manana despues del arresto. Resultaba dificil saber si habia sido un suicidio o se habia pagado a alguien de dentro para que lo silenciara, pero, segun el, hacia falta mucha pericia -por no decir un milagro- para colgarse de unos viejos cordones sin romperlos con la caida.
– ?Insinuas que lo han asesinado? -Me daba pena, a pesar de su caracter, su conducta y el arma-. Supongo que alguien no queria que hablase.
Alessandro me miro como si sospechara que sabia mas de lo que daba a entender. -Eso parece.
Fontebranda era una antigua fuente publica -en desuso merced al agua corriente- ubicada en una amplia zona abierta, al fondo de un laberinto de calles en pendiente. El edificio era una especie de portico de antiquisimo ladrillo rojizo al que se llegaba por una ancha escalera cubierta de hierbajos.
Sentada al borde, al lado de Alessandro, contemple el agua de verde cristalino recogida en la enorme pila de piedra y el caleidoscopio de luces reflejadas en las paredes y en el techo abovedado.
– ?Sabes que? -dije, digiriendo con dificultad tanta belleza-, ?que tu antepasado era un capullo integral!
Rio sorprendido, con una risa triste.
– Confio en que no me juzgues por mis antepasados. Ni te juzgues a ti misma por los tuyos.
