quien crees? ?A tus cientificos, a santa Catalina, o a los dos?

Al ver que no respondia, cogio mas agua de la fuente con las manos y bebio unos sorbos. Luego me ofrecio el resto pero, una vez mas, me aparte.

Alessandro meneo la cabeza, fingiendose decepcionado. -Esta no es la Giulietta que recuerdo. ?Que te han hecho en Norteamerica?

Me incorpore de golpe. -Muy bien, ?trae!

No le quedaba mucha agua en las manos, pero la sorbi de todas formas, para demostrar que podia hacerlo. No cai en lo intimo de ese gesto, hasta que vi su expresion.

– Ya no puedes escapar de lapazzia -declaro con voz ronca-. Eres una autentica sienesa.

– Hace solo una semana me pediste que volviera a casa -le espete, frunciendo los ojos muy seria.

Sonriendo por mi gesto, Alessandro alargo la mano para acariciarme la mejilla.

– Y, sin embargo, estas aqui.

Me costo lo indecible no apoyarme en su mano. A pesar de mis multiples razones validas para no confiar en el -y menos aun coquetear con el-, solo fui capaz de decir:

– A Shakespeare no le gustaria.

Nada desalentado por mi poco convincente negativa, Alessandro me recorrio la mejilla con un dedo hasta alcanzar la comisura de los labios. -Shakespeare no tiene por que enterarse.

Lo que vi en sus ojos me resulto tan asombroso como la costa tras interminables noches en el oceano; al otro lado de la densa jungla senti la presencia de una bestia ignota, una criatura primitiva que esperaba oculta mi llegada. No se que vio el en los mios, pero lo que fuese lo impulso a bajar la mano.

– ?Por que me tienes miedo? -susurro-.Fammi capire. Explicamelo.

Titubee. Esa debia ser mi oportunidad.

– No se nada de ti.

– Estoy aqui.

– ?Donde ocurrio eso? -pregunte senalandole el pecho, donde sabia que llevaba la bala.

Cerro los ojos un instante, luego volvio a abrirlos y me dejo ver su alma cansada.

– Esto te va a encantar… Iraq.

Con esa palabra, mi rabia y mi recelo quedaron enterrados bajo un alud de compasion.

– ?Quieres hablar de ello?

– No. Siguiente pregunta.

Tarde un poco en procesar el hecho de que -sin apenas esfuerzo-me habia enterado del gran secreto de Alessandro, o al menos de uno de ellos. Sin embargo, dudaba mucho que me permitiera enterarme de los otros tan facilmente, sobre todo de la razon por la que habia entrado en mi habitacion.

– ?Te…? -empece, pero no tuve valor. Entonces se me ocurrio otro modo de plantearlo y comence otra frase-: ?Tienes algun parentesco con Luciano Salimbeni?

Alessandro hizo un gesto de sorpresa; obviamente esperaba algo completamente distinto.

– ?Por que? ?Crees que ha sido el quien ha matado a Bruno Carrera?

– Pensaba que Luciano Salimbeni habia muerto -dije lo mas tranquila que pude-. Claro que tal vez estaba mal informada. Teniendo en cuenta todo lo que ha pasado y que podria ser el quien mato a mis padres, creo que tengo derecho a saberlo. -Saque los pies de la fuente, primero uno y luego otro-. Tu eres un Salimbeni. Eva Maria es tu madrina. Dime que relacion hay, por favor.

Al ver que iba en serio, Alessandro gruno y se paso las dos manos por el pelo.

– No creo que…

– Por favor…

– ?Bueno! -Respiro profundamente, posiblemente mas furioso consigo mismo que conmigo-. Te lo voy a explicar. -Se quedo pensativo un rato, quiza preguntandose por donde empezar, luego dijo-: ?Te suena Carlomagno?

– ?Carlomagno? -repeti, no muy segura de haberlo oido bien.

– Si-asintio Alessandro-. Era… muy alto.

Entonces me rugio el estomago y me di cuenta de que no habia comido en condiciones desde el almuerzo del dia anterior, salvo que se considere comida una botella de chianti, un bote de alcachofas en conserva y mediopanforte de chocolate.

– ?Que tal si me cuentas el resto delante de un cafe? -le propuse mientras me calzaba.

En el Campo ya habian comenzado los preparativos para el Palio y, al pasar por delante de un monticulo de arena destinado a usarse en la pista, Alessandro se agacho y cogio un punado con la misma reverencia que si se tratase del mas exquisito azafran.

– ?Ves? -Me lo enseno-.La terra in piazza.

– Dejame adivinar…, ?significa que estapiazza es el centro del universo?

– Casi. Significa «la tierra de la plaza». El suelo. -Me puso un poco en la mano-. Toma, sientela. Huelela. Es el Palio.

Mientras nos dirigiamos al cafe mas proximo para sentarnos, me senalo a unos obreros que levantaban vallas acolchadas en todo el perimetro del Campo.

– No hay nada mas alla de las vallas del Palio.

– Que poetico -dije sacudiendome la arena de las manos con disimulo-. Lastima que Shakespeare fuera tan veronafilo.

Meneo la cabeza.

– ?Nunca te cansas de Shakespeare?

A punto estuve de soltarle: «?Has empezado tu!», pero me contuve. No habia necesidad de recordarle que la primera vez que nos habiamos visto, en el jardin de mis abuelos, yo aun llevaba panales.

Estuvimos asi sentados un momento, nuestras miradas presas de una disputa silenciosa sobre el Bardo y tantas otras cosas, hasta que el camarero se aproximo a tomarnos nota. En cuanto se fue, me incline hacia delante y apoye los codos en la mesa.

– Aun estoy esperando a que me hables de tu parentesco con Luciano -le recorde, negandome a claudicar-. Asi que, ?por que no nos saltamos lo de Carlomagno y pasamos…?

Entonces sono su movil y, tras mirar el numero en la pantalla, se disculpo y abandono la mesa, sin duda aliviado de que su relato volviera a posponerse. Mientras estaba alli sentada, observandolo desde lejos, repare de pronto en lo improbable de que fuese el quien habia entrado en mi habitacion del hotel. Aunque solo hacia una semana que lo conocia, estaba convencida de que no era de los que pierden los papeles facilmente. Puede ser que Iraq casi lo hubiera matado, pero no habia acabado con el, al contrario. Si hubiese sido el quien habia estado husmeando en mi habitacion por la razon que fuera, no me habria revuelto las maletas como un diablo de Tasmania, ni me habria dejado las bragas colgadas de la lampara. No tenia ningun sentido.

A los cinco minutos, cuando regreso a la mesa, le acerque el cafe con una sonrisa que pretendia ser clemente, pero el apenas me miro mientras cogia la taza y se servia una pizca de azucar. Su actitud habia cambiado, y note que quien lo habia llamado le habia contado algo preocupante. Algo que tenia que ver conmigo.

– ?Por donde ibamos? -dije como si nada, sorbiendo el cafe a traves de la espuma-. ?Ah, si! Carlomagno era muy alto…

– ?Por que no me hablas de tu amigo el motorista? -contraataco Alessandro en un tono demasiado desenfadado para ser sincero. Al verme atonita y sin respuesta, anadio mas serio-: ?No me dijiste que te seguia un tio en una Ducati?

– ?Ah,ese tio!-fingi una risa-. Ni idea. No he vuelto a verlo. Supongo que no tengo las piernas lo bastante largas.

Alessandro no sonrio.

– Lo bastante largas para Romeo.

Casi lo rocie de capuchino.

– ?Un momento! ?Insinuas que me acosa tu antiguo rival de la infancia?

Miro hacia otro lado.

– No insinuo nada. Solo sentia curiosidad.

Se hizo un incomodo silencio entre nosotros. Todavia le preocupaba algo, estaba claro, y yo me devanaba los

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