sesos por averiguar que era. Sabia lo de la Ducati, sin duda, pero ignoraba que era mi hermana quien la conducia. Quiza estaba al tanto de que la policia habia confiscado la moto el dia anterior tras esperar en vano, al pie de la torre del Mangia, a que el propietario volviera. Segun Janice, al ver a los agentes tan indignados, habia decidido salir por piernas. Un solo tio habria sido pan comido, con dos quiza hubiera sido divertido, pero tresboy scouts uniformados eran demasiado incluso para mi hermana.

– Mira -le dije, procurando recuperar parte de nuestra anterior intimidad-, espero que no creas que aun… sueno con Romeo.

Alessandro no respondio en seguida. Cuando lo hizo, hablo a reganadientes, consciente de que revelaba parte de su mano.

– Solo dime una cosa -dijo, garabateando el mantel con la cucharilla-: ?te gustaron las vistas desde la torre del Mangia?

Lo mire furiosa.

– ?Un segundo! ?Me has estado…siguiendo?

– No -repuso, no muy orgulloso de si mismo-, pero la policia te ha estado vigilando. Por tu bien. Por si el tipo que mato a Bruno va a por ti tambien.

– ?Se lo has pedido tu? -Lo mire a los ojos y vi en ellos la respuesta antes de que hablara-. Genial, gracias - prosegui con sequedad-. ?Lastima que no anduvieran por la zona la otra noche cuando el chorizo ese se colo en mi habitacion!

Alessandro ni se inmuto.

– Andaban por la zona anoche. Dicen que vieron a un hombre en tu habitacion.

Solte una carcajada. Todo aquello era absurdo.

– ?Que chorrada! ?Un hombre en mi habitacion? ?En mi habitacion? -Como no parecia convencerlo, deje de reirme-. Mira -dije, seria-, ni anoche habia un hombre en mi habitacion ni tampoco habia ninguno en la torre. -Iba a anadir: «?A ti que diablos te importa?», pero me contuve, porque no lo sentia. En cambio, me eche a reir-. ?Madre mia! Parecemos un matrimonio.

– Si fueramos un matrimonio, no tendria que preguntartelo -replico sin sonreir aun-. Ese hombre seria yo.

– Ya salieron otra vez los genes Salimbeni -observe, poniendo los ojos en blanco-. Dejame adivinar…, si estuvieramos casados, me encerrarias en la mazmorra cuando te ausentaras.

Lo penso un instante.

– No tendria que hacerlo. En cuanto me conocieras, ya no querrias a nadie mas y… -solto por fin la cucharilla- te olvidarias de todos los que hubieras conocido antes.

Sus palabras -medio en broma, medio en serio- se me enroscaron como una colonia de anguilas al cuerpo de un ahogado y note un millar de dientecitos mordisqueandome el aplomo.

– Si no recuerdo mal -dije rotunda, cruzando las piernas-, ibas a hablarme de Luciano Salimbeni.

La sonrisa de Alessandro se desvanecio.

– Si. Tienes razon. -Enmudecio, cenudo, luego dijo al fin-: Deberia haberte contado esto hace mucho… Bueno, tendria que habertelo contado la otra noche, pero no queria asustarte.

Cuando estaba a punto de instarlo a que prosiguiera e iba a decirle que no me asustaba tan facilmente, otro cliente paso rozando mi silla para sentarse con un hondo suspiro en la mesa que habia junto a la nuestra.

Janice otra vez.

Llevaba el traje rojo y negro de Eva Maria y unas gafas de sol inmensas, pero fue discreta y se limito a coger la carta y fingir que consideraba sus opciones. Vi que Alessandro la miraba y, por un segundo, temi que pudiera notar el parecido, o incluso reconocer la ropa de su madrina. Pero no. Sin embargo, la presencia de alguien tan cerca lo disuadio de iniciar el relato que queria contarme, y una vez mas se hizo un silencio desagradable entre nosotros.

– Ein cappuccino, bitte, und zwei biscotti! -le pidio Janice al camarero en su falso aleman con acento americano.

La habria matado. No cabia duda de que Alessandro habia estado a punto de desvelarme algo de tremenda importancia, pero de pronto siguio hablando del Palio, mientras el camarero, como un perrito faldero, intentaba sonsacarle a la desvergonzada de mi hermana de que parte de Alemania era.

– Prague! -espeto ella, pero se corrigio en seguida-.Prague… heim… stadt.

El camarero, lo bastante convencido y embobado, salio corriendo a atender su pedido con la diligencia de un caballero arturico.

– Mira la Balzana… -Alessandro me mostro el escudo de armas de Siena en el lateral de mi taza de cafe, pensando que lo escuchaba-. Aqui todo es muy sencillo: blanco y negro, maldiciones y bendiciones.

Mire la taza.

– ?Es eso lo que significa, maldiciones y bendiciones? Se encogio de hombros.

– Puede significar lo que quieras. Para mi, es un indicador de actitud.

– ?De actitud? ?Por lo de… la taza medio llena?

– Es un instrumento. En cabina. Te muestra si estas boca abajo. Cuando miro la Balzana, se que estoy boca arriba. -Me cogio la mano con la suya, haciendo caso omiso de Janice-. Cuando te miro a ti, se…

Retire la mano en seguida; no queria que Janice presenciara aquella situacion tan intima y luego me atormentara con ello.

– ?Que clase de piloto no sabe si esta boca abajo? -espete.

Alessandro se me quedo mirando sin entender mi repentino rechazo.

– ?Por que te resistes? -pregunto carinoso-. ?Por que tienes tanto miedo de ser feliz? -Volvio a cogerme la mano.

Aquello fue el colmo. Janice, oculta tras su guia de viaje en aleman, no aguanto mas y solto una carcajada. Aunque intento enmascararla tosiendo, era evidente hasta para Alessandro que habia estado escuchando nuestra conversacion, y le dirigio una mirada feroz que hizo que me encarinase aun mas con el.

– Lo siento -suspiro, buscandose la cartera-, pero tengo que volver.

– Ya pago yo esto -repuse, quedandome donde estaba-. A lo mejor me tomo otro cafe. ?Tienes tiempo luego? Aun tienes algo que contarme.

– Tranquila -respondio, acariciandome la mejilla antes de levantarse-, te lo contare.

En cuanto se hubo alejado lo bastante, me volvi hacia Janice, furibunda.

– ?Tenias que venir a estropearlo todo? -espete sin quitarle el ojo a la figura cada vez mas lejana de Alessandro-. Estaba a punto de contarme algo. ?Algo de Luciano Salimbeni!

– Vaya, siento haber interrumpido tu romantico encuentro con el tio que entro a la fuerza en tu habitacion - replico ella, socarrona-. De verdad, Jules, ?se te va la olla?

– No tengo claro que…

– ?Claro que si! Yo lo vi, ?recuerdas? -Consciente de que me resistia a creerlo, Janice bufo y solto la guia de viaje-. Si, es muy mono, y si, esta como un queso, pero ?por favor!, ?como te dejas manipular de ese modo? Una cosa seria que le molaras, pero sabes bien lo que quiere.

– La verdad es que no estoy tan segura de saberlo -bromee-, pero tu pareces experta en sinverguenzas, asi que, por favor, ilustrame.

– ?Veeenga ya! -A Janice le costaba creerme tan ingenua-. Esta claro que te ronda para saber cuando vas en busca del arca perdida. Dejame adivinar, ?a que no te ha preguntado explicitamente por la tumba y la estatua?

– ?Te equivocas! -respondi-. En la comisaria me pregunto si sabia algo de una estatua de ojos dorados. ?Ojos dorados! Obviamente no tenia ni idea…

– ?Obviamente sabia bien lo que decia! -espeto Janice-. De libro: fingirse perdido. ?No te das cuenta de que hace de ti lo que quiere?

– ?Que insinuas?, ?que esperara a que tengamos las piedras preciosas para… robarnoslas? -mientras pronunciaba las palabras, repare en que aquello tenia sentido.

Janice alzo los brazos.

– ?Bienvenida al mundo real, melon! Ya estas dejando a ese tio y mudandote a mi hotel. Le haremos creer que te largas al aeropuerto…

– ?Y luego que? ?Me encierro en tu habitacion? Por si aun no te has percatado, esta es una ciudad muy pequena.

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