VI. I

?Puedo avanzar si aqui mi corazon desea detenerse? Tierra, ?vuelvete atras y halla tu centro!

Janice no mentia cuando decia que era buena escaladora. No se por que, nunca me habia creido mucho sus postales de sitios exoticos, salvo las que hablaban de decepcion y depravacion. La imaginaba mas durmiendo la mona en un motel de Mexico que buceando entre arrecifes de coral en aguas tan claras que -como le habia escrito una vez a tia Rose- una se zambullia en ellas hecha una pecadora empedernida y salia sintiendose como Eva en su primer dia en el paraiso, antes de que apareciese Adan con la prensa y los cigarrillos.

Al verla trepar hasta mi balcon, cai en lo mucho que habia anhelado su regreso, porque, despues de pasearme de un lado a otro de la habitacion durante al menos una hora, habia llegado a la frustrante conclusion de que jamas le encontraria sentido a aquella situacion yo sola.

Yo siempre habia sido asi. Cuando, de pequena, le contaba mis problemas a tia Rose, se alteraba mucho, pero, al final, yo terminaba sintiendome mucho peor que antes. Si algun chico me fastidiaba en el colegio, llamaba al director y a todos los profesores y les exigia que hablasen con sus padres. En cambio, Janice -si se enteraba de casualidad- se encogia de hombros como si nada y me soltaba:

– Le molas. Se le pasara. ?Que hay de cena? -Y, muy a mi pesar, tenia razon.

Seguramente tambien ahora tenia razon. No me entusiasmaban sus criticas de Alessandro y Eva Maria, pero alguien tenia que hacerlas, y yo era victima de un claro conflicto de intereses.

Jadeando tras aquel esfuerzo de supervivencia, Janice agarro la mano que le tendia y logro pasar una pierna por encima de la barandilla.

– La escalada… -resollo, cayendo como un saco de patatas-, ?dulce pesar!

– ?Por que no has subido por la escalera? -pregunte al verla sentada en el suelo, jadeando.

– ?Muy graciosa! -replico-. ?Teniendo en cuenta que hay por ahi suelto un asesino en serie que me odia a muerte…!

– ?Venga ya! -dije-. Si Umberto hubiera querido cortarnos el cuello, lo habria hecho hace tiempo.

– Con esa clase de gente, ?nunca se sabe cuando van a atacar! -Janice se levanto al fin, sacudiendose la ropa-. Sobre todo ahora que tenemos el cofre de mama. Propongo que salgamos de aqui pitando y… -Solo entonces me miro a la cara y reparo en mis ojos rojos e hinchados-. ?Madre mia, Jules! -exclamo-. ?Que te pasa?

– Nada -dije restandole importancia-. Acabo de terminar de leer la historia de Romeo y Giulietta. Perdona que te fastidie el final, pero no termina bien. Nino Salimbeni intenta seducirla -o violarla- y ella se suicida con un fuerte somnifero justo antes de que Romeo irrumpa en su alcoba para salvarla.

– ?Y que esperabas? -Entro en el bano para lavarse las manos-. Los tipos de la calana de Salimbeni nunca cambian. En su vida. Lo llevan en los genes. Malvados con sonrisa. Nino, Alessandro…, todos cortados por el mismo patron. O los matas o te matan.

– Eva Maria no es asi… -empece, pero Janice no me dejo terminar.

– ?No me digas! -se burlo desde el bano-. Permite que te abra los ojos. Eva Maria ha estado jugando contigo desde el primer dia. ?En serio crees que viajaba en ese avion por casualidad?

– ?Venga ya! -exclame-. ?Nadie sabia que iba en ese avion salvo…! -me interrumpi.

– ?Exacto! -Janice dejo la toalla y se tiro sobre la cama-. Es obvio que Umberto y ella estan compinchados. No me extranaria nada que fueran hermanos. Asi funciona la mafia, ?sabes? Es todo cosa de familia, de favores y de cubrirse las espaldas unos a otros… Que conste que a mi no me importaria cubrirselas a tu chico, pero no tengo claro que me apetezca dormir bajo tierra.

– ?Bueno, vale ya!

– ?No, no vale! -Janice se habia embalado-. El primo Peppo dice que el marido de Eva Maria, Salimbeni, era unbastardo classico, un manoso de limusina y matones de camisa impecable y corbata siciliana, el paquete completo. Hay quien piensa que Eva Maria hizo liquidar a la joyita de papa para apoderarse del negocio y fundirse las tarjetas de credito. Tu don Meloso es su cachitas particular, por no decir su perrito faldero. Pero ahora…, ?tachan!, te lo ha azuzado, y la pregunta es: ?desenterrara el hueso para ella o para ti? ?Dominara la virgetariana al playboy o prevalecera la madrina y recuperara las joyas familiares en cuanto les pongas las manitas encima?

Me la quede mirando.

– ?Has terminado ya?

Janice pestaneo un par de veces y volvio de su viaje astral en solitario.

– Totalmente. Yo me largo de aqui. ?Tu?

– ?Joder! -Me sente a su lado, de pronto exhausta-. Mama quiso dejarnos un tesoro y lo hemos estropeado todo.Yo lo he estropeado. Quiero arreglarlo, se lo debo, ?no te parece?

– Tal y como yo lo veo, lo unico que le debemos es seguir vivas. -Agito un manojo de llaves delante de mi-. Vamos a casa.

– ?De donde son esas llaves?

– De la vieja casa de mama. Peppo me hablo de ella. Esta al sureste de aqui, en un lugar llamado Montepulciano. Lleva vacia todos estos anos. -Me miro con comedida esperanza-. ?Te vienes?

La mire, extranada de que me preguntase.

– ?En serio quieres que vaya?

Janice se incorporo.

– Jules -me dijo con inusual sobriedad-, quiero que salgamos las dos de aqui, en serio. Esto no va solo de estatuas y piedras preciosas.

Aqui pasa algo muy chungo. Peppo me hablo de una sociedad secreta que cree que pesa una maldicion sobre nuestra familia y que tienen que pararla. ?Y sabes quien dirige el cotarro? Tu querida dona mafia. Es el mismo rollo en que estaba metida mama…, no se que rituales de sangre para convocar a los muertos. Perdona si no me mola el plan.

Me levante, me acerque a la ventana y frunci el ceno ante mi propio reflejo.

– Me ha invitado a una fiesta. En su casa de Val d'Orcia.

Como no respondia, me volvi a ver que pasaba. Tumbada boca arriba, se tapaba la cara.

– ?Madre de Dios! -protesto-. ?No me lo puedo creer! Dejame adivinar: ?a queel nino tambien va?

– ?Venga ya, Jan! -exclame alzando los brazos-. ?No quieres llegar al fondo de esto? ?Yo si!

– ?Y lo haras! -Janice se levanto de golpe y empezo a pasearse briosa por la habitacion, apretando mucho los punos-. Llegaras al fondo de algo, seguro, con el corazon partido o los pies hundidos en cemento. ?Te juro que, como sigas con todo esto y termines igual que nuestros ancestros, enterrada bajo los escalones de entrada al palacio de Eva Maria, no te vuelvo a hablar!

Me miro beligerante; yo, incredula. Esa no era mi Janice. A mi Janice le daba igual lo que hiciera o lo que me pasara mientras fracasara estrepitosamente en todo lo que me proponia. Imaginarme con los pies sumergidos en cemento la habria hecho mondarse de risa, no morderse el labio inferior como si fuera a llorar.

– Vale -anadio, mas serena, al ver que yo guardaba silencio-, ?adelante, que te maten en algun… ritual satanico! A mime da igual.

– No he dicho que vaya a ir.

Se tranquilizo un poco.

– Ah, bueno, en ese caso, creo que es hora de que tu y yo nos tomemos ungelato.

Pasamos buena parte de la tarde catando sabores antiguos y nuevos en Nannini, una heladeria estrategicamente ubicada en la piazza Salimbeni. Aunque no nos reconciliamos del todo, al menos nos pusimos de acuerdo en dos cosas: primero, sabiamos muy poco de Alessandro para dejarle que me llevase en coche a la fiesta y, segundo, elgelato era mejor que el sexo.

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