La senora Cecilia los llevo abajo, a lo mas profundo de la tierra, a las antiguas mazmorras del palazzo Salimbeni, les mostro que las puertas se habian abierto con las llaves de la casa que se le habian entregado a la novia durante la ceremonia nupcial, y les dijo que aquellos eran los pasadizos que nadie habia pisado en muchos anos por miedo a la oscuridad. Los ancianos de la boda se asustaron mucho, porque no podian creer que a la novia se le hubieran dado las llaves de esas puertas secretas, y se enfadaron y se espantaron cada vez mas, pues sabian que habia mucha oscuridad alli abajo, y que habian ocurrido muchas cosas en el pasado, antes de la Peste, que era mejor olvidar. Asi que alli fueron todos atonitos, los grandes hombres, detras de la senora Cecilia, con sus antorchas.

Al fin llegaron a un cuarto usado para castigos en otros tiempos. La senora Cecilia se detuvo, los hombres tambien, y entonces oyeron llorar a alguien. Sin dudarlo, el novio entro corriendo con su antorcha y, cuando la luz ilumino el fondo de la celda, vio alli a su esposa, en el suelo, con su fino camison azul. Temblaba de frio y estaba tan asustada que grito al ver a los hombres porque no reconocia a ninguno, ni siquiera a su propio padre.

Como es logico, la levantaron y la subieron a la casa, donde habia luz; la arroparon con una manta de lana y le ofrecieron agua para beber y cosas ricas para comer, pero Mina no dejaba de estremecerse y lo rechazaba todo. Su padre intento hablar con ella, pero ella volvio la cabeza y ni siquiera quiso mirarlo. Finalmente, el pobre hombre la cogio por los hombros y le dijo:

– ?No recuerdas que eres mi pequena Mina?

Pero ella lo aparto de si con un gesto de desden y, con una voz que no era la suya, oscura como la muerte, le respondio:

– No, yo no soy tu Mina. Mi nombre es Lorenzo.

Ambas familias se horrorizaron al ver que la joven habia perdido el juicio. Las mujeres empezaron a rezarle a la Virgen y los hombres comenzaron a acusarse unos a otros de malos padres, malos hermanos, y de haber tardado tanto en encontrar a la pobre Mina. La unica que mantuvo la calma fue la senora Cecilia, que se sento al lado de la muchacha, le acaricio el pelo e intento que volviera a hablar.

Pero Mina se mecia de atras adelante y no queria mirar a nadie, hasta que la anciana al fin le dijo:

– Lorenzo, Lorenzo, querido, soy Cecilia. ?Se lo que te hicieron!

Por fin Mina miro a la anciana y se echo a llorar otra vez. Cecilia la abrazo y la dejo llorar, durante horas, hasta que ambas se quedaron dormidas en el lecho nupcial. Mina durmio tres dias enteros, y tuvo suenos, suenos terribles, y desperto a toda la casa con sus gritos, por lo que las familias decidieron llamar a santa Catalina.

Una vez informada de lo sucedido, santa Catalina entendio que la senora Mina estaba poseida por un espiritu. Pero no tuvo miedo. Se quedo sentada junto a la cama de la joven toda la noche y rezo sin pausa y, cuando Mina desperto por la manana, ya recordaba quien era.

La casa entera se regocijo y todos elogiaron a santa Catalina, que los reprendio y les dijo que los elogios eran solo para Cristo. Sin embargo, aun en su gran dicha, Mina seguia atribulada y, cuando le preguntaron que le preocupaba, les contesto que tenia un mensaje para ellos, de Lorenzo, y que no descansaria hasta que se lo transmitiera. Como es logico, todos se espantaron al oirla hablar otra vez de Lorenzo, el espiritu que la habia poseido, pero le dijeron:

– Muy bien, estamos preparados para oir el mensaje.

Sin embargo, Mina no recordaba el mensaje, y se echo a llorar de nuevo horrorizandolos a todos. Quiza hubiera vuelto a perder el juicio, se preocuparon.

Entonces, la sabia santa Catalina le dio a Mina pluma y tinta y le dijo:

– Querida, deja que Lorenzo escriba el mensaje con tu mano.

– ?Yo no se escribir! -replico Mina.

– No -le dijo santa Catalina-, pero, si Lorenzo sabe, su mano guiara la tuya.

Asi que Mina cogio la pluma y permanecio un rato sentada esperando a que su mano se moviera, mientras la santa rezaba por ella. Al fin, se levanto sin mediar palabra, salio del cuarto, y enfilo la escalera como una sonambula y bajo hasta el sotano con el resto detras de ella. Al llegar a la celda donde la habian encontrado, se acerco a la pared y empezo a pasear el dedo por ella, como si escribiera; los hombres se aproximaron con antorchas para ver lo que hacia y le preguntaron que escribia, pero Mina les dijo:

– ?Leedlo! -Cuando ellos le contestaron que lo que escribia era invisible, ella replico-: No, esta ahi, ?no lo veis?

Santa Catalina mando a un muchacho a por tinte para la ropa del taller del padre y le pidio a Mina que mojara el dedo en el tinte y reescribiera el texto. Mina, que no sabia leer ni escribir, lleno la pared entera, y lo que escribio dejo muertos de miedo a los grandes hombres alli presentes. Este es el mensaje que el espiritu de Lorenzo hizo escribir a la senora Mina:

Malditas sean vuestras casas.

Perecereis todos entre sangre y fuego,

vuestros hijos gemiran eternamente bajo una luna furiosa,

hasta que redimais vuestros pecados y os arrodilleis ante la Virgen

y Giulietta despierte para contemplar a su Romeo.

Cuando Mina hubo terminado de escribir, se desplomo en brazos de su marido, llamandolo por su nombre, y le pidio que se la llevase de alli, pues su tarea habia concluido ya. El asi lo hizo y, llorando de alivio, la llevo arriba, a la luz. Mina no volvio a hablar por Lorenzo, pero jamas olvido lo sucedido y, aunque su padre y su suegro procuraron ocultarle la verdad, hizo cuanto pudo por averiguar quien era Lorenzo y por que se habia manifestado a traves de ella.

La senora Mina era una mujer testaruda, una autentica Tolomei. Cuando su esposo viajaba por negocios, ella pasaba muchas horas con la anciana Cecilia, escuchando historias del pasado y haciendo muchas preguntas y, aunque al principio la anciana tenia miedo, sabia que compartir aquella pesada carga, en lugar de llevarse la verdad a la tumba, le proporcionaria paz interior.

Cecilia le conto a Mina que en el muro en que ella habia escrito aquella terrible maldicion el joven fray Lorenzo habia escrito esas mismas palabras con su sangre muchisimos anos antes. Aquella era la celda en la que lo habian encerrado y torturado hasta su muerte.

– Pero ?quien? -pregunto Mina, inclinandose sobre la mesa y guardando las manos huesudas de la anciana entre las suyas-. ?Quien le hizo eso, y por que?

– Un hombre -respondio Cecilia con la cabeza gacha de pesar- al que hace tiempo que deje de considerar mi padre.

Ese hombre, le explico la senora Cecilia, gobernaba la casa de los Salimbeni en la epoca de la gran plaga, y lo hacia con tirania. Algunos lo excusaban arguyendo que, de nino, los bandidos de Tolomei habian matado a su madre ante sus ojos, pero eso no justificaba que el hiciera lo mismo. Y eso hacia: era cruel con sus enemigos y duro con su familia. Cuando se cansaba de sus esposas, las encerraba en su finca rural e instruia a los criados para que no les dieran mucho de comer y, tan pronto como morian, volvia a casarse. A medida que envejecia, elegia esposas mas jovenes, pero, al final, ni la juventud lo complacia ya y, desesperado, empezo a obsesionarse con una joven cuyos padres habia ordenado matar el mismo. Esa joven se llamaba Giulietta. Aunque Giulietta ya se habia prometido en secreto a otro, al parecer, con la bendicion de la Virgen, Salimbeni forzo su matrimonio con ella y, al hacerlo, se creo el mayor enemigo que se pueda tener, porque es de todos bien sabido que a la Virgen no le agrada la intromision de los hombres en sus planes y, como era de esperar, todo aquello termino en muerte y desgracia. No solo se mataron los jovenes amantes, sino que tambien fallecio el primogenito de Salimbeni en el empeno desesperado de defender el honor de su padre.

Por todas aquellas ofensas, Salimbeni arresto y torturo a fray Lorenzo. Lo responsabilizo de favorecer en secreto el desastroso romance de los jovenes, e invito al tio de Giulietta, Tolomei, a presenciar el castigo del fraile insolente que habia arruinado su plan de unir a las familias enemigas mediante el matrimonio. Aquellos eran los hombres a los que Lorenzo habia dedicado la maldicion del muro: el senor Salimbeni y el senor Tolomei.

Tras la muerte del fraile, Salimbeni enterro el cuerpo bajo el suelo de la celda de tortura, como era costumbre, y pidio a los criados que lavaran la maldicion y encalaran el muro de nuevo. Sin embargo, no tardo en descubrir que aquellas medidas no bastaban para deshacer lo ocurrido.

Cuando fray Lorenzo se le aparecio en suenos pocas noches despues para advertirle que no habria jabon ni cal que borraran la maldicion, Salimbeni, presa del panico, mando cerrar la vieja celda de tortura para que quedaran alli encerrados sus poderes malignos. Entonces, empezo a oir voces que le decian que estaba maldito y que la Virgen buscaba el modo de castigarlo. Las oia por todas partes: en la calle, en el mercado, en la iglesia…, aun estando

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