Me esforce por recordar mis excelentes motivos para rechazar la invitacion, pero todos me parecian completamente infundados ahora que sabia que era Romeo. A fin de cuentas, el y yo eramos del mismo equipo, ?no? Los maestros Ambrogio y Lippi habrian estado de acuerdo, y tambien Shakespeare. Ademas, nunca habia tenido claro que fuese Alessandro quien habia entrado en mi habitacion. No habria sido la primera vez que Janice se equivocaba. O me mentia.
– Vamooos… -me dijo en un tono que podria convencer a cualquier mujer de lo que fuera, y seguro que lo habia logrado mas de una vez-, significaria mucho para ella.
Entretanto, en el bano, Janice se peleaba ruidosamente con la cortina de la ducha, fingiendo -al parecer- que la mataban a punaladas.
– No se -respondi, procurando evitar que se oyeran los gritos de mi hermana-, ahora mismo todo es… un caos.
– Tal vez lo que necesitas es un fin de semana tranquilo -me propuso Alessandro-. Eva Maria cuenta contigo. Ha invitado a mucha gente. Personas que conocian a tus padres.
– ?En serio? -inquiri, dejando que la curiosidad se apoderase de mi debil voluntad.
– Te recojo a la una, ?vale? -espeto, optando por interpretar mi titubeo como un si-. Te prometo que respondere a todas tus preguntas por el camino.
Pensaba que Janice me montaria el numero cuando volviera a la habitacion, pero no fue asi.
– Haz lo que quieras -dijo sin mas, encogiendose de hombros como si le diera igual-, pero luego no digas que no te lo adverti.
– Para ti es muy facil, ?verdad? -Me sente al borde de la cama, de pronto exhausta-. Tu no eres Julieta.
– Ni tu tampoco -repuso ella, sentandose a mi lado-. Solo una mujer que tuvo una madre rara. Como yo. Mira… -me rodeo con el brazo-, se que quieres ir a esa fiesta. Ve. Solo espero…, confio en que no te tomes muy en serio todo el rollo de Romeo y Julieta. Shakespeare no te creo, y no le perteneces. Eres duena de ti misma.
Mas tarde, nos tumbamos en la cama y repasamos una vez mas el cuaderno de mama. Ahora que ya conociamos la historia de la estatua, sus bocetos del hombre con la mujer en brazos tenian sentido, pero seguiamos sin ver nada en el cuaderno que indicase la ubicacion de la tumba. Casi todas la paginas estaban llenas de bocetos y garabatos. Solo una era distinta: tenia un borde de rosas de cinco petalos y una cita de
Resulto ser la unica cita explicita de Shakespeare de todo el cuaderno, y nos hizo pensar.
– Eso lo dice de Paris la madre de Julieta -observe-. Pero esta mal. No es
– A lo mejor se confundio -propuso Janice.
La mire furiosa.
– ?Con Shakespeare? ?Mama? Lo dudo. Creo que lo hizo a proposito. Trataba de decirle algo a alguien.
Se incorporo. Siempre le habian gustado los acertijos y los secretos y, por primera vez desde la llamada de Alessandro, parecia entusiasmada de verdad.
– ?Y que queria decir? Que, aunque haya alguien «oscuro», podemos encontrarlo, ?no?
– Habla de un «libro», y de un «margen». Me suena a obra escrita.
– No solo uno, dos -senalo Janice-: el
– Pero no hay nada escrito en el margen… -Empece a pasar las hojas del cuaderno y, de pronto, por primera vez, las dos reparamos en los numeros anotados, aparentemente al azar, abajo, en los bordes de las paginas-. ?Madre mia, tienes razon! ?Como no lo hemos visto antes?
– Porque no lo buscabamos -respondio quitandome el cuaderno-. Si estos numeros no son referencias de paginas y versos, puedes llamarme Ishmael.
– ?Paginas y versos de que? -inquiri.
Caimos en la cuenta a la vez. Si el cuaderno era
Las dos nos lanzamos a por el cofre, pero no encontramos en el lo que buscabamos. Entonces supimos que era lo que habia desaparecido esa tarde: el tinoso volumen.
Janice siempre habia sido dormilona. Me repateaba que, cuando le sonaba el despertador, siguiera durmiendo sin alargar siquiera el brazo para pasarlo. Nuestros cuartos estaban uno enfrente del otro y dormiamos con la puerta entreabierta. Tia Rose, desesperada, recorrio varias veces la ciudad en busca de un despertador lo bastante monstruoso para sacar a mi hermana de la cama y ponerla en marcha. Nunca lo consiguio. Yo tuve uno rosa, chiquitin, de la Bella Durmiente hasta que empece a ir a la universidad; Janice, en cambio, termino con un artilugio industrial, que Umberto habia tuneado en la cocina con unas pinzas y que sonaba como la alarma de evacuacion de una central nuclear. Aun asi, solo me despertaba a mi, por lo general con un alarido de panico.
La manana despues de nuestra cena con el maestro Lippi, me sorprendio verla despierta en la cama, contemplando los primeros rayos de sol que se colaban por las contraventanas.
– ?Pesadillas? -le pregunte, pensando en los fantasmas anonimos que se habian pasado la noche persiguiendome en mi sueno por un castillo parecido a la catedral de Siena.
– No podia dormir -respondio volviendose hacia mi-. Voy a ir a la casa de mama.
– ?Como? ?Vas a alquilar un coche?
– No, voy a recuperar la moto. -Aunque meneo las cejas, no la vi muy convencida-. El sobrino de Peppo lleva el deposito de la grua. ?Vienes? -Note que ya sabia que no iria.
Cuando Alessandro vino a recogerme a la una en punto, estaba sentada en los escalones de entrada al hotel con un bolso de fin de semana a los pies, coqueteando con el sol que pasaba por entre las ramas del magnolio. Al ver aparecer su coche se me acelero el corazon; quiza porque era Romeo, quiza porque se habia colado en mi habitacion una o dos veces, o quiza sencillamente porque -como decia Janice- me faltaba un hervor. Podria haber culpado de todo al agua de Fontebranda pero, en realidad, mi locura, mi
– ?Que te ha pasado en las rodillas? -pregunto acercandose por el caminito que tenia delante de mi, vestido con unos vaqueros y una camisa remangada, nada medieval. Hasta Umberto habria tenido que admitir que Alessandro inspiraba mucha confianza a pesar de su atuendo desenfadado, claro que Umberto era -en el mejor de los casos- un sinverguenza, con lo que no tenia por que seguir rigiendome por su codigo etico.
El recuerdo de Umberto me provoco una pequena punzada en el corazon; ?por que todas las personas que me importaban -con la salvedad quiza de tia Rose, que casi era adimensional- tenian siempre un lado oscuro?
Aparcando aquellos pensamientos tristes, me estire la falda para tapar la evidencia de mi episodio del dia anterior en los
– Un tropiezo con la realidad.
Alessandro me miro intrigado pero no dijo nada. Se agacho a coger mi bolso de viaje y, por primera vez, le vi el aguila de Marescotti en el antebrazo. Y pensar que habia estado siempre ahi, mirandome a la cara mientras bebia de sus manos en Fontebranda Claro que el mundo estaba lleno de aves, y yo no era precisamente una experta.
Se me hizo extrano volver a sentarme en su coche, esta vez en el asiento del acompanante. Habian sucedido muchas cosas desde mi llegada a Siena con Eva Maria -algunas agradables, otras todo lo contrario-, gracias en parte a el. Mientras saliamos de la ciudad, un tema, solo uno, me abrasaba la lengua, pero no encontraba valor para abordarlo. Tampoco se me ocurria mucho mas de que hablar que no nos llevara de nuevo a la madre de todas las preguntas: ?por que no me habia dicho que era Romeo?
Como es logico, tampoco yo se lo habia contado todo. De hecho, apenas le habia contado nada de mis - ciertamente penosas- pesquisas sobre la estatua de oro, y nada de nada de Umberto y de Janice, pero al menos le habia dicho quien era desde el principio, y habia sido el quien habia decidido no creerme. Claro que yo solo le habia contado que era Giulietta Tolomei para evitar que descubriera a Juliet Jacobs, asi que tampoco contaba mucho a mi favor en la gran balanza de la culpa.
