– ?Que callada estas hoy! -dijo mirandome de reojo mientras conducia-. Tengo la sensacion de que es por mi culpa.

– Al final no me contaste lo de Carlomagno -repuse, dando carpetazo a mi conciencia por un rato.

– ?Es eso? -Rio-. Tranquila, para cuando lleguemos a Val d'Orcia, sabras mas de mi y de mi familia de lo que pueda apetecerte. Pero, primero, dime que sabes ya, para que no lo repita.

– ?Te refieres a lo que se de los Salimbeni? -Trate en vano de explorar su reaccion.

Como sucedia siempre que mencionaba a los Salimbeni, me dedico una sonrisa torcida. Ahora, claro esta, ya sabia por que.

– No, hablame de tu familia, los Tolomei. Cuentame lo que sepas de lo ocurrido en 1340.

Y eso hice. En un rato, le conte la historia que habia recompuesto a partir de la confesion de fray Lorenzo, las cartas de Giulietta a Giannozza y el diario del maestro Ambrogio, y no me interrumpio ni una sola vez. Al llegar al drama de Rocca di Tentennano, me pregunte por un instante si debia mencionar la historia italiana de la posesa senora Mina y la maldicion de fray Lorenzo, pero opte por no hacerlo. Era demasiado rara, demasiado deprimente y, ademas, no queria volver a abordar el tema de la escultura y de las gemas despues de haberle negado que supiese algo cuando me lo habia preguntado por primera vez en la comisaria de policia.

– Asi murieron -conclui-, en Rocca di Tentennano. No por efecto de daga y veneno, sino por un somnifero y una lanzada en la espalda. Fray Lorenzo fue testigo.

– ?Y cuanto de eso te has inventado? -me vacilo Alessandro.

– Un poco aqui y otro alla. -Me encogi de hombros-. Lo justo para rellenar los huecos. Me ha parecido que asi resultaria mas ameno; lo esencial no cambia… -Al mirarlo, lo vi hacer una mueca-. ?Que?

– Lo esencial no es lo que la mayoria de la gente piensa -dijo-. A mi juicio, tu historia, y la deRomeo y Julieta, no es una historia de amor, sino de politica, y el mensaje es sencillo: cuando los mayores se pelean, son los jovenes los que mueren.

– Eso no es nada romantico -comente riendo.

Alessandro se encogio de hombros.

– Shakespeare tampoco lo veia romantico. Mira como los retrata. Romeo es un lloron, y es Julieta la verdadera heroina. Piensalo bien. El se bebe el veneno. ?Que hombre se envenena? Es ella la que se apunala con la daga. Como lo haria un hombre.

No pude evitar reirme de el.

– Quiza eso sea cierto en el Romeo de Shakespeare, pero el autentico Romeo Marescotti no era ningun lloron. Los tenia bien puestos. -Me volvi para observar su reaccion y lo pille sonriendo-. No me extrana nada que Giulietta lo amara.

– ?Como sabes tu que lo amaba?

– ?No es evidente? -replique, poniendome de mal humor-. Lo amaba tanto que, cuando Nino intento seducirla, se suicido para seguir siendo fiel a Romeo, aunque ellos no habian…, bueno, ya sabes. -Lo mire, mosqueada al ver que aun sonreia-. Te parece ridiculo ?no?

– ?Del todo! -dijo Alessandro mientras acelerabamos para adelantar a otro coche-. Piensalo bien. Nino no era tan malo…

– ?Nino era espantoso!

– A lo mejor era espantosamente bueno en la cama -replico-. ?Por que no probar? Siempre podria haberse suicidado a la manana siguiente.

– ?Como puedes decir eso? -proteste, indignada-. ?No me creo que lo digas en serio! Si tu fueras Romeo, no querrias que Julieta… ?catase a Paris!

Solto una carcajada.

– ?Venga ya! ?Si fuiste tu misma la que dijo que yo era Paris! Rico, guapo y malvado. Claro que quiero que Julieta me cate. -Me miro de reojo y sonrio, disfrutando de mi cabreo-. ?Que clase de Paris seria si no lo hiciese?

Volvi a estirarme la falda.

– ?Y cuando tienes previsto que eso suceda?

– ?Que tal ahora mismo? -dijo el, aminorando la marcha.

Habia estado demasiado absorta en nuestra charla para prestarle atencion al recorrido, pero de pronto descubri que ya habiamos dejado la autopista hacia un rato y rodabamos despacio por un camino de tierra desierto flanqueado por descuidados cedros. Terminaba de pronto al pie de un monte elevado, pero Alessandro, en lugar de dar media vuelta, se metio en un aparcamiento vacio y detuvo el coche.

– ?Aqui es donde vive Eva Maria? -grazne, incapaz de ver una sola casa por la zona.

– No -respondio saliendo del coche y cogiendo una botella y dos copas del maletero-, esto es Rocca di Tentennano. Bueno…, lo que queda de ello.

Subimos el monte hasta la base misma de la fortaleza en ruinas. Sabia por la descripcion de Ambrogio que el edificio habia sido colosal en su tiempo; el lo habia llamado «un penasco imponente, nido gigante de temibles depredadores, esas aves antiguas, devoradoras de hombres». No costaba imaginar como habia sido en su dia, porque parte de la inmensa torre seguia en pie y, aun en su decadencia, se alzaba imponente, como recordandonos el poder que habia tenido. -Impresionante -dije tocando el muro.

Note caliente el ladrillo, muy distinto, seguro, de como lo sintieron Romeo y fray Lorenzo aquella fatidica noche invernal de 1340. El contraste entre pasado y presente era alli mas patente que nunca. En la Edad Media, la cima del monte bullia de actividad; ahora estaba tan silenciosa que se oia el alegre zumbido de los insectos. Sin embargo, en la hierba que nos rodeaba habia algun que otro resto de ladrillo recien caido, como si el antiquisimo edificio -abandonado a su suerte hacia anos- siguiera inflandose silencioso, como el pecho de un gigante dormido.

– Lo llamaban «la isla» -me explico, paseando-.L'isola. El viento sopla aqui con mucha fuerza, pero hoy no. Hemos tenido suerte.

Lo segui por un caminito rocoso. Entonces repare en la espectacular vista de Val d'Orcia, vestida de los atrevidos colores del verano. Alrededor se extendian luminosos campos amarillos y verdes vinedos, y de vez en cuando se veia algun pedazo azul o rojo, donde las flores tomaban la frondosa campina. Altos cipreses bordeaban los caminos que serpenteaban en el paisaje y, al final de cada uno, se levantaba una granja. Era el tipo de vista que me hacia anhelar no haber dejado la clase de dibujo artistico en el ultimo ano de secundaria solo porque Janice habia amenazado con apuntarse.

– No habia quien escapara de los Salimbeni -observe, tapandome el sol con la mano-. Sabian bien como elegir un emplazamiento.

– Tiene una gran importancia estrategica -asintio-. Desde aqui, controlas el mundo.

– O al menos una parte.

– La parte que merece la pena controlar -dijo encogiendose de hombros.

Mientras me guiaba, lo vi muy comodo en aquel entorno natural, cargando con las copas y la botella de prosecco, sin prisa aparente por descorcharla. Cuando paro junto a un pequeno hoyo invadido de hierbajos y me miro -sonriendo con un orgullo infantil-, note que se me anudaba la garganta.

– Dejame adivinar… -dije envolviendome en mis propios brazos, aunque apenas soplaba la brisa-, aqui traes a todos tus ligues. Te advierto que a Nino no le salio muy bien.

Se mostro ofendido.

– ?No! Te equivocas. Mi tio me trajo aqui de nino -senalo con la cabeza los arbustos y los cantos rodados-. Luchamos a espada aqui mismo…, mi prima Malena y yo. -Quiza consciente de que su gran secreto podia empezar a desvelarse por el final, se interrumpio bruscamente y, en su lugar, dijo-: Desde entonces, siempre he querido volver.

– Pues ya has tardado -senale, sabiendo bien que me traicionaban los nervios y que aquello no iba a ayudarnos a ninguno de los dos-. No me quejo, ?eh? Esto es precioso. El lugar perfecto para una celebracion. -Al ver que no contestaba, me quite los zapatos y di unos pasos descalza-. Por cierto, ?que celebramos?

Cenudo, se volvio a contemplar el paisaje y note que le costaba soltar lo que queria decir. Cuando al fin me miro, el gesto risueno al que ya estaba tan acostumbrada habia desaparecido de su rostro; lo habia reemplazado uno de absoluta desazon.

– He pensado que es hora de empezar de cero -dijo sereno.

– ?Quien va a empezar de cero?

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