alejaba por la calle. Despues busque a Porter y nos marchamos. El se paso todo el trayecto mascullando y maldiciendo. Yo contemplaba las olas mientras recorriamos la carretera elevada. La noche se avecinaba, y las luces de la ciudad se reflejaban ya sobre la superficie de la bahia.
Los dos detectives me esperaban en la redaccion.
– Queremos oir la cinta -exigio Wilson-. Queremos oida ahora mismo.
Asenti y me siguieron hasta la oficina.
Nolan nos vio entrar; salio a toda prisa de su despacho y nos intercepto en medio de la redaccion. Los demas periodistas dejaron de trabajar para mirarnos.
– ?Quieren la cinta? -pregunto Nolan.
Wilson asintio.
– Les mandare una copia -aseguro, extrayendo la cinta de la grabadora-. Queremos cooperar.
Se la entrego al chico de los recados, nos volvio la espalda y le dio instrucciones, mientras los dos detectives se sentaban frente a sendos escritorios desocupados. Me llamo la atencion el nerviosismo que provocaban cuando entraban en la redaccion. Estabamos acostumbrados a trabajar con ellos, puesto que la cronica negra era una parte esencial del periodico y, sin embargo, su presencia constituia una intrusion en nuestro territorio, una pequena invasion. Era como si quisieramos evitar que conociesen las interioridades del periodico, mantener el proceso de edicion envuelto en el misterio. Observe a Wilson mientras guardaba su arma en la pistolera: era una Magnum 357 de canon corto. Su brunida culata marron sobresalia de la funda junto a su cadera, imponente y amenazadora.
Nolan se sento delante de ellos.
– No estaran pensando en intervenir la linea, ?verdad?
Wilson levanto la vista, sorprendido.
– ?Para que? Usted nos dara una copia de la grabacion.
– No lo se -respondio Nolan-. ?Para intentar rastrear las llamadas del asesino tal vez?
Ambos detectives se rieron. Martinez se recosto en el respaldo de su asiento, sonriendo, y Wilson solto otra carcajada breve.
– Ve usted demasiada television -senalo-. ?Rastrear la llamada!
– No le entiendo -dijo Nolan.
– Bueno -contesto Wilson, con voz serena, como si hablase con una criatura. Note que Nolan comenzaba a irritarse-. Es probable que en este edificio haya… ?cuantas? ?Dos mil extensiones? Piense en todos los telefonos que tienen en cada departamento: distribucion, publicidad, redaccion… Tendriamos que poder localizar el cable que conduce a este telefono en particular, a este escritorio, la linea que utiliza el asesino. -Gesticulaba con la mano mientras hablaba-. Ademas, aun suponiendo que lo consiguieramos, tendriamos que enviar gente a todas las centrales telefonicas de la ciudad para averiguar cual esta conectada a esta linea.
»Seria una tarea imposible. Incluso si el asesino hablara durante, digamos, seis u ocho horas seguidas y tuviesemos un hombre de guardia, nos llevaria el mismo tiempo aislar el numero y luego localizarlo. Por otra parte, no tenemos ningun indicio de que el llame de una linea privada. Hipoteticamente, si todo saliese a la perfeccion, podriamos rastrear la llamada hasta una cabina telefonica. Pero ?de que nos serviria eso? Escuche, aun con los ordenadores y todos los sofisticados equipos electronicos que se desarrollaron durante la guerra, tendriamos mas probabilidades de localizar al tipo si interviniesemos llamadas al azar por toda la ciudad. Asi que no se preocupen: nadie les pinchara los telefonos. Excepto tal vez el asesino.
El chico de los recados regreso con la cinta, y Wilson se la guardo en el bolsillo. Los detectives se pusieron de pie para marcharse.
– ?Por que estaban desnudos? -pregunte. Martinez se encogio de hombros y desvio la mirada. Wilson clavo en mi los ojos y dijo:
– Yo creo que no es mas que un sadico. Nada de sexo, pero tal vez queria humillarlos. Claro que es solo una hipotesis.
Asenti.
Me costo mucho tiempo redactar la cronica. Nolan paso un rato rondando la maquina de escribir, juzgando los adelantos, y luego regreso a su oficina. Estuve dandole vueltas al tema principal, escribiendo una y otra vez la misma combinacion de palabras; pareja de ancianos, escena sangrienta, asesinatos estilo ejecucion, llamada telefonica. No oia mas que la voz del asesino al darme la direccion. No veia mas que los dos cuerpos tendidos en el suelo.
Me puse a pensar en las victimas, el senor y la senora Stein. El era dueno de una tienda de ropa y accesorios para caballero en Long Island y ella era ama de casa. Tenian dos hijos; uno de ellos era medico y vivia en Nueva York. Ellos se habian retirado a Miami Beach doce anos antes, cuando empezaron a sentir que el viento del nordeste les helaba los huesos. Pense en lo comunes, lo aterradoramente tipicas que eran esas dos personas.
Andrew Porter salio del estudio fotografico y se dirigio hacia mi. Tenia el rostro impasible, el ceno fruncido y un brillo de furia en los ojos. Se detuvo por un momento al otro extremo de mi escritorio, con la vista fija en la hoja escrita que sobresalia de la maquina de escribir.
– Toma -dijo-. Esto te ayudara a describir la escena. Dejo caer un punado de fotos sobre mi escritorio.
Nolan se acerco y, unos segundos despues, estabamos rodeados de reporteros y redactores. Mire las fotos; eran las que Porter habia tomado en el interior de la casa. En blanco y negro, aquellas imagenes resultaban aun mas impactantes. Si hubiesen sido en color, habrian tenido un aspecto surrealista, irreal, pero los implacables tonos de gris transmitian todo el horror.
Se oyeron algunas exclamaciones, palabrotas ahogadas, silbidos de impresion mientras las fotos pasaban de mano en mano. Habia una de los dos cadaveres, otra de las manchas de sangre en la pared, otra de las heridas en la parte posterior del craneo de los ancianos y una, tomada desde un lado para reducir al minimo el reflejo del flash, de los numeros escritos en sangre en el gran espejo. Nolan la levanto.
– Publicaremos esta -dijo. Se volvio hacia Porter-. Supongo que estas revelando algunas mas que podremos sacar en el periodico, ?no?
Porter hizo un gesto de asentimiento.
– Esta bien -dijo Nolan-. El plazo de entrega se nos viene encima. -Me miro-. Vamos.
Me incline una vez mas sobre la maquina y coloque una hoja en blanco en el rodillo. La multitud que rodeaba mi escritorio se disperso rapidamente y, por un momento, senti que iba a la deriva, mientras las palabras se arremolinaban en mi mente. Poco a poco se aclararon y comence a mover los dedos con rapidez sobre el teclado, viendo las palabras saltar a la hoja. Ahuyente los pensamientos de los ultimos minutos de vida de los ancianos y los reemplace por una sucesion de oraciones breves.
Era como si al describir lo que habia visto, lo que habia olido, lo que habia oido, la realidad de todo eso quedase circunscrita al articulo, bien presentada y lista para su consumo por parte de los cientos de miles de lectores que aguardaban en la creciente oscuridad de la noche.
Estaba escribiendo de nuevo. A salvo.
Esa noche, antes de volver a casa, fui al bar con Nolan, Porter y otros colegas. Nos aduenamos de un par de mesas en un rincon, lejos de la maquina de discos de la que salia musica country a todo volumen. Habia algunos hombres de prensa y conductores de reparto sentados a la barra. Vi que nos miraban con curiosidad antes de devolver su atencion a las latas de cerveza que tenian frente a si ya la musica, con la vista perdida en la oscuridad. La camarera trajo las copas a la mesa y sorteo el comentario de un redactor acerca de sus piernas con una breve sonrisa y las cejas arqueadas. Hubo un estallido de risas; yo me recoste en la silla y me lleve la botella de cerveza a la frente, notando el frescor que penetraba en mi piel. Cuando tome el primer trago, el liquido se deslizo por mi garganta con rapidez y me hizo sentir extranamente bien, aliviado.
– ?Creeis que le estamos dando alas a este tipo? -pregunto Nolan-. ?Que, cuanta mas publicidad le demos, mas alicientes tendra para matar?
Varias voces respondieron al mismo tiempo. Cerre los ojos, escuchando las palabras, meciendome en la silla.
– Claro que no -repuso alguien-. Solo estamos cubriendo la noticia como debe cubrirse.
– No lo se -replico otra persona-. ?La estamos cubriendo o estamos participando en ella?
– Os dire algo -intervino Porter-, a juzgar por la escena de hoy, todo lo que ha hecho este tipo hasta ahora no es mas que un precalentamiento.
