– Oh -comento Christine-, esto es horrible.

Por primera vez ese dia percibi la influencia omnipresente del asesino en la ciudad. Llenaba el aire como el viento que anuncia una tormenta que sopla en rafagas descontroladas, sin direccion.

Ese dia no pase mucho tiempo en la oficina. Nolan me llamo a su despacho muy temprano y me indico que saliese a averiguar que pensaba la gente, como se sentia. Ambos nos volvimos y miramos el telefono que descansaba sobre mi escritorio, preguntandonos si el asesino llamaria, pero Nolan dijo que no podriamos quedamos paralizados esperando. Se aflojo el nudo de la corbata. Hacia eso siempre que estaba inquieto. Cuando se acercaba la hora del cierre de edicion, esa corbata parecia mas bien un lazo. Sugirio que dejaramos mi telefono descolgado para que el asesino, si llamaba, pensara que la linea estaba ocupada. Asenti, pero me invadio una especie de sentimiento de culpa al levantar el auricular. El telefono emitio un pitido corto y quedo en silencio, inerte sobre mi escritorio. Entonces Porter se reunio conmigo y salimos del edificio.

El dia estaba lleno de voces. Las figuras y los rostros de la gente se confundian a causa del calor y el sol.

Tomamos el autobus, y el conductor, un hombre negro de rizos grises, se volvio hacia mi y me dijo:

– ?Por que habria de temer a ese hombre? No hay ninguna razon, pero le temo. Me fijo en la cara de la gente que sube a mi autobus y me pregunto: ?seran ellos los proximos? ?Sere yo? Pienso en la gente que viaja en el autobus, los extranos que suben y dejan su dinero en la caja. Miro a los jovenes y pienso: tal vez sea este.

El conductor, de brazos grandes y musculosos, conducia el vehiculo por las congestionadas calles centricas con facilidad, como si estuviese en trance. Movia el volante solo con la palma de la mano derecha y sacaba el codo izquierdo por la ventanilla.

– La gente -prosiguio-, todos los pasajeros parecen mas nerviosos. Desde un autobus se puede ver el mundo entero con solo recorrer la misma ruta varias veces en un dia. La gente no se sienta junto a otros pasajeros. Lo he notado, ?sabe? Parecen querer aislarse.

Caminamos por Little Havana, observando los rostros de los ancianos, que llevaban el cabello peinado hacia atras y, en los bolsillos de sus guayaberas, las formas alargadas de cigarros puros. Los hombres clavaban la vista en nosotros con la habitual mezcla latina de desconfianza y curiosidad. Algunos nos miraban por encima de sus vasitos de cafe negro cubano, corno para aspirar el aroma y el vapor mezclados con el calor del dia mientras nos observaban a Porter y a mi.

Caminamos por la calle Ocho, la via principal del barrio cubano, leyendo los letreros en castellano, hablando con los ancianos que jugaban al domino a la sombra: en los pequenos restaurantes.

– La muerte -sentencio un anciano en su ingles vacilante- nos llega a todos tarde o temprano. ?Por que preocuparse? -Se levanto los faldones de la camisa para mostramos una cicatriz rojiza que tenia bajo las costillas-. Playa Giron -explico-, La Brigada. -Escupio en la acera, y su saliva dejo una marca negra sobre el cemento blanco-. Ojala pudieramos mandar a este hombre a La Habana para que hiciese algunos trabajitos por alli.

Sus companeros se rieron. El viejo dirigio la mirada mas alla de los edificios, hacia el cielo.

– A nosotros no nos asusta ese tipo -aseguro-, pero algunos chicos y mujeres si. Preguntan: «?Se pasara por aqui, para hacemos lo mismo que a esos viejos de Miami Beach?» Digo yo: ?como podemos adivinar lo que hara un hombre asi? Muchos estan preocupados, creen que ese hombre no se dara por vencido hasta conseguir lo que busca. Por lo que a mi respecta, no lo se, pero creo que pronto lo mataran o que su dolor sera demasiado para el y se suicidara.

El viejo se encogio de hombros y se volvio de nueva hacia la mesa cubierta de fichas de domino. Tomo una del monton y la coloco de canto, de modo que se balanceo por unos instantes. Luego el viejo le dio un golpecito con el dedo y la hizo caer. La coloco en su lugar sobre el tablero y la partida se reanudo.

Esa tarde nos dirigimos al sur, a un centro comercial situado a pocos kilometros de donde vivia la familia de la primera victima. Yo casi habia dejado de pensar en ellos. Por un momento me pregunte como se sentirian ahora y si serian conscientes de que el caso habia adquirido mayor envergadura. Por otro lado, ?que podia tener mayor envergadura para ellos que la muerte de su hija?

Entramos en una armeria, un local llamado el Gran Nivelador. Habia media docena de personas esperando a que las atendieran. Cuando pregunte por el dueno, el vendedor senalo la trastienda. Encontre al dueno alli, sentado a una mesa cubierta de trapos que despedian un olor penetrante a liquido limpiador. Sobre la mesa habia una automatica de pequeno calibre desmontada. El hombre sonrio cuando me presente y le expuse el motivo de mi visita.

– Estamos en una zona residencial -dijo-. Siempre que sucede algo inexplicable, la gente se pone nerviosa. Y siempre que la gente se pone nerviosa, va y compra un arma. Para responder a su pregunta, le dire que desde que ha salido la noticia esta manana he vendido bastante. Creo que antes de cerrar por la noche habre vendido incluso mas. Manana sera aun mejor. Y si ese tipo va y mata a alguien mas, bueno… -El dueno hizo una pausa y. sonrio-. Se que esto suena fatal, pero hare un negocio tremendo.

Era un hombre delgado con enormes patillas y el cabello engominado; un nostalgico de los anos cincuenta.

– Casi todos se quejan de la regla de los tres dias; ya sabe a que me refiero: uno compra una pistola el lunes y tiene que esperar hasta el miercoles para llevarsela. Mucha gente dice: «Pero ?y si ese tipo viene esta noche?», y yo les contesto: «No, esa no es su forma de actuar. Puede usted estar tranquilo.» En general, eso parece aliviarlos, aunque no comprendo por que creen que yo se algo al respecto.

El armero hizo una pausa y echo un vistazo a la gente que esperaba. Se oian continuamente chasquidos metalicos, causados por los clientes al inspeccionar e! mecanismo de las armas que les mostraban. El hombre agarro la automatica y comenzo a frotarla cuidadosamente con un pano humedecido.

– Vi muchas cosas extranas cuando servi en el ejercito. Conoci a muchos tipos que estaban un poco tocados; ya me entiende, les faltaba un tornillo. Recuerdo a un tipo que realizo conmigo la instruccion basica, en Fort Dix, Nueva Jersey. ?Joder, que frio hacia! Todo e! maldito tiempo; llegue a pensar que jamas volveria a sentir calor.

»Bueno, desde el principio el sargento instructor nos ordenaba: '?En voz alta! ?Griten! ?Quiero oir la voz bien clara!' Y alli estaba ese chico, de diecisiete o dieciocho anos, flacucho, que jamas habia salido de su casa, supongo. Durante la primera semana e! sargento la tomo con a el. Entonces e! chico comenzo a levantar la voz. Gritaba: '?Si, senor! ?Si, senor!', mas y mas fuerte. Y empezo a desganitarse tambien en los barracones. No se podia hablar con el: respondia a voz en cuello. Finalmente, despues de un par de dias, e! sargento cayo en la cuenta. Para entonces, el chico andaba siempre marcando e! paso con la vista al frente, aunque no creo que viese nada en realidad. Se lo llevaron y nunca volvi a verlo. Pero el otro dia me puse a pensar en ese chico, despues del primer asesinato. Pense que, bueno, si se envia a un chico asi a un lugar como Vietnam… ?Sabe? Mi hermano menor estuvo alli, dice que era terrible… Bueno, quien sabe que puede ocurrir, ?no cree?

El hombre se quedo callado por un momento para escuchar e! sonido de las armas.

– Por eso todos quieren sentirse protegidos -continuo-. Venir a mi tienda es solo una de tantas soluciones. Estoy seguro de que si fuera usted a la perrera municipal le dirian que han vendido todos los perros grandes que tenian. Llame a las empresas de seguridad. Apuesto a que tambien estan haciendo negocio. Comprarse una pistola no es la peor solucion. Y le dire algo: la que tiene ese tipo es una pieza magnifica. Tal vez de las automaticas calibre 45 que usan en e! ejercito. ?Sabe por que se invento esa pistola? Fue a principios de siglo, cuando enviamos a los marines a las Filipinas para aplastar una revuelta de nativos. Bueno, los soldados llevaban fusiles y bayonetas y, cuando algun salvaje saltaba de entre los arbustos, se las arreglaban bastante bien; ya sabe, a tiros y golpes de bayoneta.

»Pero todos los oficiales llevaban Colt 38, los viejos revolveres que usaban los vaqueros. Bueno, demonios, la mitad de ellos moria porque algun nativo se abalanzaba sobre ellos desde la espesura con una espada; podian pegarle tres tiros en el pecho y matar al tipo, pero este no se detenia, porque con el impulso que llevaba, la espada acababa por cortar al soldado en pedacitos. Entonces tuvieron que disenar enseguida una pistola que los parase en seco, que los dejara tiesos. Y esa fue la Colt 45 automatica. Joder, todavia la usan en e! ejercito. Es lo mejor que se ha inventado. Bueno, ahora una Magnum, una 357? una 44 es igual de eficaz, y por eso las usan los policias, pero esa automatica es algo especial. Los policias jamas podran localizar esa arma ni las municiones. Debe de haber miles iguales por alli. Diablos, es probable que la mitad de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial de esta ciudad tenga una guardada en algun cajon olvidado. -El hombre me observo mientras yo tomaba

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