– ?Y entonces?
– ?Y entonces que?
– ?Que haras si te lo explica? ?Intentaras detenerlo?
– Ese no es mi trabajo.
– Es repugnante -espeto.
La tome del brazo y ella lanzo un quejido cuando la sacudi.
– ?Que quieres decir con eso?
Se solto y se puso uno de los almohadones sobre la falda, como para cubrir parte de su desnudez.
– Quiero decir que ese hombre anda por ahi, matando gente. Matando, por Dios. Y tu eres la unica persona que el ha elegido como confidente. Y tu idea del civismo, de la solidaridad, es tomar notas y escribir articulos que quiza solo sirvan para alentar a ese demente a otra vez. ?Que demonios pasa contigo?
– No me pasa nada -repuse, levantando la voz, casi gritando-. Es mi trabajo. No soy policia, no soy medico. No hay nada que pueda hacer para devolverles la vida. Lo unico que hago es informar sobre lo que veo y oigo.
– Un robot.
– No, maldicion, la gente depende de mi tanto como ti. Necesitan informacion, estar enterados de lo que ocurre. ?De que otra manera pueden protegerse?
– Ah -dijo-, ?eres el salvador de las patrullas ciudadanas?
– ?Sabes que lo que dices tiene sentido?
Christine me volvio la cara y agarro un vaso de vino que descansaba en una mesita. No me habia percatado de que estaba bebiendo. Tomo un trago largo y luego apoyo la cabeza en el respaldo del sofa. Contemple su largo cuello, los musculos y el contorno de su garganta, claramente definido. De pronto, se desperto en mi un deseo ardiente. Me sente junto a ella.
– Lo siento -murmure-. No se que mas decirte. Me miro y apoyo la mano en mi brazo.
– Lo que no entiendo -dijo- es por que crees que el hecho de ser un… observador te vuelve inmune.
Medite sobre ello. En realidad no habia respuesta.
– Creo que todos en esta profesion nos sentimos protegidos por una especie de coraza. A nadie le gusta pensar en el peligro. Actuamos como si no existiese. Durante la guerra, varios corresponsales murieron. Algunos simplemente partieron un dia y nadie los volvio a ver. Sean Flynn, el hijo del actor, estuvo en Camboya como fotografo. Oyo que se estaban librando combates cerca de alli y se alejo hacia alli en una motocicleta. Lo acompanaba otro tipo. Jamas regresaron. Hay un viejo periodista del
– Tu estas hablando de guerra -objeto Christine-. Yo hablo de un loco.
– Pero eso no es precisamente lo que el esta haciendo -replique-. Intenta hacemos pensar que estamos en guerra.
Christine guardo silencio por un momento.
– Bueno -dijo finalmente-, creo que lo esta logrando. Yo estoy asustada. Temo por ti, y por mi. Tengo la sensacion de que somos mas vulnerables.
– ?Por que?
– Por ti. ?Como sabes que se conformara con llamarte? Parece querer implicarte en esto. ?Como puedes estar tan seguro de que no vendra a por ti al final? Ademas, supon que escribes algo que no le gusta. ?Que crees que hara entonces?
– No puedo pararme a pensar en eso. Si lo hiciera, no podria escribir.
– Ah -dijo-, tu amigo el psiquiatra llamaria a eso negacion.
– Es la base de la profesion -asevere.
– ?Pues vaya profesion! -exclamo ella. Luego, con una carcajada, anadio-: Sirveme mas vino.
Pero en lugar de alargarme su vaso, me echo los brazos al cuello y apoyo la cabeza en mi pecho. Intente mirarla, pero lo unico que alcanzaba a ver era la luz que se reflejaba en su cabello y hacia resaltar su color. Al abrazarla, senti su aliento. Luego ella se incorporo, me entrego su vaso y dejo caer el almohadon.
Sin embargo, hicimos el amor con torpeza, descoordinadamente, como si nuestros cuerpos no estuviesen sincronizados. Despues, ella se quedo tendida boca arriba, mirando por la ventana del dormitorio. Yo me sente al borde de la cama, con la vista fija en ella. No dije nada, pero momentos despues se coloco de costado y apago la luz. Fui a sentarme en una silla junto a la ventana y deje que las formas de la noche crecieran en torno a mi. Pense en el senor y la senora Stein y en mi vacilacion ante la maquina de escribir. Intente imaginados vivos, caminando hacia la playa cercana, deteniendose cada pocos metros con esa brusquedad tipica de la ancianidad, levantando sus rostros hacia el sol. La imagen de los dos en el suelo de su casa me asalto de nuevo. Me pregunte quien habria muerto primero y que habria pasado por la mente del otro durante sus momentos finales. ?Habia aguardado con ansia el estampido, el impacto en la nuca y la oscuridad? ?O se habia aferrado a sus ultimos segundos de vida, aun cuando su conyuge yacia terriblemente masacrado a su lado? Se me ocurrio preguntarselo al asesino cuando llamara. Entonces volvi a recordar los cadaveres, pero esta vez los imagine con los brazos extendidos, como intentando abrazarse. Amantes.
8
El titular, de dos lineas, en letra redonda de 48 puntos, se extendia sobre las seis columnas de la primera plana:
EL ASESINO ATACA DE NUEVO:
PAREJA DE ANCIANOS ASESINADA EN LA ZONA DE LA PLAYA.
Debajo del titulo aparecia mi nombre en negrita y una fotografia a cuatro columnas: la del espejo con los numeros escritos con sangre. Debajo de esta habia una imagen del personal de rescate saliendo de la casa con las bolsas de los cadaveres, en direccion a la ambulancia que los llevaria a la morgue.
El articulo complementario tambien comenzaba en la primera pagina. Era el texto que yo habia escrito basandome en las declaraciones de los vecinos que manifestaban la misma conmocion e incredulidad que habia suscitado la muerte de la muchacha. Sin embargo, las palabras eran diferentes. Reflejaban la forma de hablar de los ancianos, asi como su vulnerabilidad. Estaban mas asustados, pense. Tenian la muerte mas cerca; la sentian con mayor intensidad. Era como si para ellos arrancarle la vida a quienes les quedaba tan poco tiempo constituyese el peor de los crimenes.
Ambos articulos continuaban en el interior, donde habia toda una pagina con mas palabras y fotografias.
Christine estaba vestida de blanco.
– Hoy no habra intervencion quirurgica -dijo-. Gracias a Dios. Despues de leer todo esto, no creo que hubiese podido soportarlo.
Estaba bebiendo cafe y leyendo el periodico.
Yo busque la seccion de deportes y me concentre en el cuadro de resultados. Los Red Sox parecian estar cobrando fuerzas y habian ganado por uno a cero en Baltimore. Lanzaba Jim Palmer, y solo tres bateadores de Boston habian conseguido golpear la pelota, pero uno de ellos fue Lynn, cuya posicion era exterior centro. Lynn habia comenzado a jugar en las grandes ligas ese ano y ya estaba arrasando. Una vez yo lo habia visto jugar, antes de que nadie lo conociera. Corria con agilidad por el exterior centro, y alzaba el brazo en el ultimo segundo para atrapar la pelota, como un mago, pero al reves. Siempre parecia moverse a la misma velocidad, con independencia de lo apremiante que fuese la jugada: siempre llegaba una fraccion de segundo antes que la pelota.
