– Pero ?que insinuas? -protesto una de las voces-. ?Que debemos dejar de informar sobre esto para no darle alicientes al asesino? Demonios, no me importa si se carga a mil personas; nosotros tenemos que cumplir con nuestro debe como periodistas. Por Dios, no somos policias.
– Sin embargo -tercio Nolan-, en los secuestros, por ejemplo, siempre cooperamos. Ocultamos los datos hasta que se captura a los culpables o hasta que se rescata a la persona (o esta aparece muerta). Pero colaboramos con ellos para aseguramos de no poner en mayor riesgo a los secuestrados. Imaginaos que dejamos de publicar articulos sobre este caso: continuamos con la investigacion y con las entrevistas, pero no las sacamos en el periodico. Luego, cuando atrapan al tipo, lo escribimos todo. ?Que tendria eso de malo?
Varios de los presentes hablaron al mismo tiempo.
– La competencia, la television, la radio, todo el mundo lo publicaria. Nos quedariamos solos en esto.
– No lo se -dijo Nolan.
– Ademas, el asesino podria llamar a otro periodico -senalo alguien-. Y dejarnos fuera de juego.
Entonces se impuso el silencio. Solo se oia la musica y el entrechocar de vasos en la barra. Este ultimo argumento, pense, tenia sentido para todos. Abri los ojos.
– Generosidad de cara a la galeria -murmure.
Nolan se volvio hacia mi.
– ?Que?
– Generosidad de cara a la galeria, o como quieras llamarlo; da igual. A fin de cuentas, el fondo del asunto es que, con independencia de cuantos asesinatos cometa este tipo, de lo repugnantes que sean los crimenes y de lo estrecha que sea nuestra conexion con ellos, el periodico siempre cubrira la noticia. No podemos hacer otra cosa. No estamos equipados para reaccionar como una organizacion responsable, como la burocracia o como la policia. Las cosas suceden, nosotros las difundimos. Para nosotros, siempre habra otra historia mas importante, mas escandalosa, que provocara mas crispacion o alarma. Tal vez eso no suceda dentro de un mes o dentro de un ano, pero ocurrira. Y entonces todos nos volcaremos en esa historia y nos olvidaremos por completo de esta. Hace un ano, en Washington, el
Finalice mi discurso y me servi la cerveza que quedaba en la botella. Contemple la espuma, que subio por un instante y luego empezo a deshacerse, dejando un cerco blanco en el borde del vaso. En torno a mi se oyo un coro de voces, que en su mayor parte expresaban aprobacion. No obstante, Nolan me miro fijamente por encima de su vaso.
Mas tarde, salimos los dos solos.
– ?De veras eres tan cinico? -pregunto.
– ?Tu que crees?
– Es lo que pareces. Y tambien eres un mentiroso.
– ?Y eso? -inquiri, con una risotada.
El no se rio.
– Te he visto esta noche, con la mirada clavada en las hojas. Sabia lo que pasaba por tu mente en ese momento. Estabas buscando la escalera, el pasadizo. Cuando un policia llega al escenario de un crimen, bromea, rie, hace comentarios sarcasticos: es su manera de crear una barrera mental arbitraria entre si mismo y la escena, como diciendo: «Yo no pertenezco a ese mundo.» Para nosotros es mas facil. Lo hacemos con palabras. Recuerdo que cuando yo trabajaba para
Hizo una pausa para reflexionar. La luna habia salido temprano y su palido resplandor parecia fundirse con la luz fluorescente del aparcamiento, tinendo el mundo de un azul purpureo.
– Tienes razon, nosotros nunca dejariamos de lado la noticia, nunca lo ocultariamos, aunque ese asesino te llamara manana y dijera que lo unico que lo impulsa a continuar es la publicidad. Supongo que en eso reside el dilema principal, lo mas ironico de esta existencia. La complejidad de todo.
»Pero me pregunto hacia donde estamos yendo cuando comenzamos a justificar nuestra complicidad encogiendonos de hombros y diciendo: 'El negocio de la prensa es asi.' Y no me repliques: estoy convencido de que somos complices. Despues de todo, el nos envio a nosotros al escenario del crimen, no a la policia, ni a los bomberos, ni a nadie mas.
»Sin embargo, pase lo que pase, sigue siendo una buena historia.
Nos quedamos callados durante uno o dos minutos. Las luces de la autopista brillaban en el crepusculo.
– Nos vemos manana -se despidio Nolan-. Tal vez el llame.
Luego se encamino hacia su automovil. Yo permaneci inmovil en la penumbra, volviendo el rostro de modo que lo refrescase la brisa. Pero no la habia; lo unico que sentia eran los restos del calor diurno que irradiaba la acera y me envolvian como un manto.
Cuando entre, Christine estaba en la sala, frente al televisor.
– Date prisa -dijo-, el telediario acaba de empezar.
Me deje caer sobre una silla y escuche al presentador dar la historia. Christine iba en ropa interior; habia arrojado a un lado su uniforme de enfermera. Mientras el presentador hablaba con voz monotona, admire sus piernas.
– Ahi estas -senalo, entusiasmada.
Mire la pantalla. En efecto, ahi estaba yo, rodeado de microfonos, banado por la luz de los focos. Soplaba el viento y yo levante una mano para apartarme el cabello de la cara. Hice algunas declaraciones sobre la ultima llamada y entonces la imagen cambio de pronto a una de los dos cadaveres metidos en bolsas. Despues se veia a Martinez abriendose paso entre la multitud de periodistas en direccion al patrullero. El periodista de la cadena, dirigiendose a la camara, concluyo con una descripcion de los ultimos asesinatos y, finalmente, con una afirmacion misteriosa: «Nadie sabe cuando acabara todo esto.»
Solte un grunido y me puse de pie para apagar el aparato. Christine enlazo las manos detras de su cabeza y se desperezo. Estudie su cuerpo con atencion, inspeccionando sus piernas, su vientre, sus hombros.
– ?Que calor hace esta noche! -exclamo-. Creo que has estado bien. ?De verdad ha sido tan terrible?
– En realidad los de la tele no han dicho gran casa sobre lo que ocurrio ahi dentro -respondi.
– Bueno, los mato como a la muchacha, ?no?
– Si y no. Tenian las manos atadas como ella, y les habia pegado un tiro en la nuca, pero alli termina la similitud entre los crimenes.
– ?Por que?
– Por la sangre, supongo.
Christine se cubrio la boca con la mano.
– ?Que ocurrio?
– El lugar estaba hecho un asco. Habia sangre de las victimas por todas partes. Parecia una carniceria. Y los dos yacian ahi desnudos. Daba la impresion de que el se habia vuelto loco despues de matarlos. Me sorprende que ningun vecino haya oido nada.
Christine habia palidecido.
– ?Por que? -pregunto.
– Eso es lo que todos queremos saber.
– Pero tu deberias saberlo. Has hablado con el. ?Que crees?
– ?El habla, yo lo escucho! -replique-. ?Eso es todo! No se molesta en darme todos los detalles. ?Como quieres que lo sepa? No soy experto en el tema.
– Tal vez el te explique la razon.
– Eso espero, joder, eso espero. -Las palabras salieron antes de que tomara conciencia de lo que decia.
