»Habia un bar: Friendly Spot, se llamaba. Un anuncio de cerveza en la ventana invitaba a entrar. Habia una maquina de discos contra la pared y una mesa de billar al fondo, con una larga cicatriz en el centro, donde el tapete estaba rasgado. Sobre la mesa solo estaba la bola blanca, y no vi ningun taco. En la maquina ponian musica country, y de vez en cuando alguna cancion de rock and roll. Willie Nelson y los Rolling Stones. Cuando entre estaba sonando
Se quedo callado de nuevo.
– ?Y que paso?
Se rio.
– ?Usted que cree?
Su tono habia vuelto a cambiar y habia recobrado un matiz de furia.
– No lo se -respondi.
– Use su imaginacion.
Mas silencio en la linea.
– ?Por que me cuenta estas cosas? -pregunte.
– Quiero que lo sepa.
– ?Por que?
– Quiero que todos sepan con quien se enfrentan.
– ?No teme que algo de lo que diga ayude a la policia a rastrearlo?
– No.
– ?No?
– ?Que es realidad? ?Que es ficcion? -dijo-. ?Como se puede distinguir entre ambas?
– Suponga que lo pillan…
– No lo haran.
– ?Por que no?
– Porque no son lo bastante listos.
– ?No estara subestimandolos?
– Lo dudo. Pero si es asi, supongo que quedare como un tonto.
– ?Y eso no le preocupa?
– No.
– ?Por que no?
– Porque ya estoy muerto -contesto.
Escribi esta frase textualmente. Alce la vista y vi que Christine me observaba, a mi y al telefono. Le alcance la hoja para que la leyera. Abrio los ojos desorbitadamente.
– ?A que se refiere con esto? -pregunte.
– A que me siento como un espectro, como una enfermedad sin sustancia. Mis entranas estan frias, ennegrecidas como si se hubiesen chamuscado. No queda vida dentro de mi. Solo odio. Que es como la muerte…
– No lo entiendo -dije.
– No espero que lo entienda -replico-. Al menos, aun no. Tal vez llegue a comprenderlo mas adelante.
Empezaba a exasperarme.
– Escuche, maldita sea, usted no hace mas que jugar conmigo; me cuenta cientos de recuerdos de su pasado, me habla de incidentes ocurridos durante la guerra. ?Para que? ?Que intenta demostrar? ?Por que hace esto?
– Recuerdo -dijo con mayor dureza- que un dia estaba en la selva. Me encontraba con una patrulla a pocos kilometros del campamento con mi peloton; eramos media docena, y avanzabamos a duras penas entre los arbustos. Yo iba en cabeza; eso me gustaba, ?sabe? Todos los demas lo detestaban, porque el que va delante es el primero en atraer la atencion de los francotiradores… y el primero en pisar las minas. Todos tenian miedo de las minas, mas que de cualquier enemigo. No se podia confiar ni en la tierra que uno pisaba. Nunca se sabia cuando estaba uno a punto de dar el ultimo paso. Los del Vietcong sembraban unas minas que explotaban con solo tocarlas y te volaban los pies. Eso no era tan malo; las que mas odiabamos emitian un pequeno chasquido y despues un rugido ensordecedor. Vera, las minas tenian dos cargas; la primera lanzaba el dispositivo principal, hacia arriba, mas o menos a la altura de la cintura, donde explotaba, destrozandote rodillas, muslos, testiculos, pene, estomago. Todos los puntos mas horribles en los que puedes herir a un hombre. A veces, la explosion partia al tipo en dos, matandolo al instante. Sin embargo, a veces solo lo mutilaba, lo convertia en carne picada, y el se quedaba sentado en el suelo de la selva, mirando su ingle con incredulidad, viendo manar sangre de donde, segundos antes, estaban sus genitales.
»Pero a mi me gustaba ir en cabeza, mas cerca del peligro. Supe que era un hombre afortunado el dia que pase por encima del alambre, sin siquiera verlo; estaba mirando hacia arriba, a traves de las copas de los arboles, al cielo gris, y ni siquiera lo roce. El tipo que me seguia no tuvo tanta suerte. Oi el chasquido, luego el rugido, y sin volverme supe de que se trataba.
»Era un chico joven; hacia una o dos semanas que estaba alli. Era poco tiempo, y la fatiga no le hubiese arrebatado el animo. Lanzo un chillido y luego se sento, o se cayo a causa de la explosion. Parecia que alguien hubiese derramado un plato de espagueti con salsa de tomate sobre su regazo. El medico corrio hacia el y el encargado de la radio comenzo a pedir ayuda y a gritarle al microfono de la radio que necesitabamos un helicoptero.
»El chico me miro y murmuro: 'Estoy herido', y yo asenti. Entonces dijo: 'Voy a morir', y yo volvi a asentir. Entonces se puso a proferir alaridos, y el medico le inyecto morfina. Recuerdo que el sargento soltaba obscenidades todo el tiempo. El estampido de la deflagracion habia hecho que todas las aves remontasen el vuelo y se alejaran por la selva. Yo me sente a observar y esperar, ?durante cuanto tiempo, diez minutos? Tal vez menos. Se veia claramente que la vida se le escapaba por momentos. Cuanto mas frenetica era la actividad del medico, peor se ponia el chico: era como si estuviesen descoordinados. Momentos despues, el chico murio, justo cuando oimos el zumbido del helicoptero. Los sonidos que producian las aves de la jungla al batir las alas y el del helicoptero no eran muy distintos. El medico tambien gritaba, golpeando el pecho del chico, intentando que su corazon volviese a latir. Era un dia comun y corriente, solo uno de trescientos sesenta y cinco. -Hizo una pausa. Despues de un instante, prosiguio-: Dejeme hablarle de la pareja de ancianos. Supongo que le interesara oirlo.
– Si -dije.
– Muy bien. Fue un momento extrano.
– ?Por que ellos? ?Que le habian hecho?
– Usted no lo entiende -repuso, irritado-. Ninguna de las victimas me ha hecho nada. Son inocentes. ?Es eso lo que quiere oir? ?Se que no tienen culpa alguna! De eso se trata, precisamente.
– ?Por que la sangre? Estaba por todas partes.
– Para aumentar el horror.
Anote esto.
– Bien -dije-, si ellos son simbolos para usted, ?por que no me explica que representan? No entiendo el significado.
– Ya lo entendera -dijo-. Una muchachita. Una pareja de ancianos. Fijese en las victimas que elijo. Ya he dicho que se trata de una recreacion. Algo ocurrio cuando estaba en el extranjero, un incidente. Eso es lo que estoy reproduciendo aqui. ?Recuerda, durante la primavera de 1971, cuando los Weathermen se manifestaron en Washington? Corrian por las calles arrojando cubos de basura y desperdicios, gritando imprecaciones, tratando de alterar el orden social. Pensaban que el pueblo estadounidense era demasiado conformista respecto a la guerra, que no comprendia lo que estaba sucediendo alla. ?Como podian identificarse con la destruccion de la sociedad
