asesinatos es uno al que llamabamos Ojos Nocturnos porque parecia que no necesitaba dormir de noche. Uno estaba en el perimetro, luchando por mantener los ojos abiertos, con un miedo atroz a la oscuridad, y en cambio ese tipo llegaba, tranquilo, bien despierto, observando la selva como si pudiera ver con la misma claridad que durante el dia. Su guardia comenzaba al atardecer y despues, al alba, se metia en su agujero, se envolvia en su poncho y se dormia. Era como si necesitara menos horas de sueno que todos los demas.
»Bueno, la cuestion es que estuvo alli el mismo tiempo que yo. De hecho, estuvo mas, aunque oi decir que se volvio loco (es decir, mas loco) despues de que me hiriese aquel proyectil. Segun me contaron, lo mandaron a la seccion ocho, a una sala de psiquiatria. Y lo creo; mire lo que esta haciendo ahora. Creo que jamas vi a ese tipo drogado, ni borracho, ni nada. Lo unico que hacia era jugar al soldado. Disfrutaba matando, eso se notaba. Nunca hablaba mucho con nadie. Le gustaba avanzar en cabeza, para estar lejos de los demas. Era un tipo muy callado, muy raro. No creo que el peloton lo hubiese soportado demasiado tiempo de no haber sido porque todos ibamos un poco colocados. Habia muchos chiflados por alli.
– ?No conocia su verdadero nombre?
– No, ya se lo he dicho.
– Bueno, ?cual era el nombre de la unidad? ?Quien era el oficial al mando?
– El oficial al mando era un teniente llamado O'Shaughnessy. De nombre Peter. No podria olvidar un nombre asi. Pelirrojo, tal como era de esperarse. Compania 352 de infanteria, Division Americana.
– Y, ?donde…?
– Ya se lo he dicho, hombre. En la peninsula de Batangan.
– Es verdad -admiti-. Solo queria confirmarlo.
El hombre sonrio y comenzo a tamborilear otra vez sobre el acero.
– Muy bien -dijo-. Quiero que todo este correcto.
– ?Recuerda algun otro nombre de la unidad?
– No. Como le he dicho, solo los apodos. Extrano, ?no cree?
Me encogi de hombros.
– ?Donde aprendio ese tipo a manejar una pistola?
Suspiro.
– Hombre, no lo se. Pero recuerdo que alli tenia una. Una enorme 45, como la que esta usando aqui. Tal vez la haya conseguido en Saigon, en el mercado negro. Vera, nosotros llevabamos a cabo misiones de «busqueda y destruccion», como las llamaban. Todos buscaban siempre algo que les diese ventaja, que los ayudara a salir de un aprieto. Este tipo llevaba una 45, al igual que un par de sujetos mas que conocia. A veces, por las tardes, se sentaba en el margen del perimetro, cuando no saliamos a los malditos cenagales ni a la selva, y se ponia a hacer practicas de tiro con ese trasto. Disparaba a los cocoteros, a los pajaros, a cualquier cosa.
– ?Alguien lo interrogo al respecto?
– No; como le dije, era un tipo raro. Loco. Todos, hasta el teniente, lo dejaban en paz. ?Por que no? No hacia ningun dano. Ademas, se ofrecia voluntario para cualquier mision de mierda, como expediciones por la selva. Yo no, no, senor. Queria conservar intacto el poco trasero que me quedaba. Mientras el hiciera eso y montara guardia por la noche, todos lo dejabamos en paz. Nos daba igual lo que le pasara por la cabeza.
– ?Y no sabe que fue lo que le ocurrio?
– Solo rumores. De repente se puso a gritar y a disparar. Alguien dijo que mato a unos campesinos y se echo a reir sin parar hasta que fueron a buscarlo. Supongo que echaron tierra al asunto. ?Sabe?, el ejercito no tiene inconveniente en glorificar a los heroes que, como yo, pierden el trasero en una explosion mientras duermen, pero a los tipos a los que se les afloja un tornillo, bueno, en general los mandan de regreso a casa y se deshacen de ellos.
Asenti. El hombre de la silla de ruedas sacudia la cabeza, repitiendo por lo bajo: «Que tipo mas raro.»
– Bien -lo corte-, hableme del incidente. Exhalo otro largo suspiro mientras pensaba.
– Hacia un calor infernal: recuerdo eso muy bien. Un calor pegajoso, persistente, como el de ahora. Realizabamos misiones de busqueda y destruccion como ya le he dicho, y no hay nada peor que eso, se lo aseguro: era terrible. -Se rio-. Nos recogian los helicopteros por la manana y nos llevaban a la zona designada como objetivo para que la peinasemos. Si alguna vez se le presenta la oportunidad de volar en uno de esos aparatos, hagalo. Los pilotos estaban tan asustados como nosotros; uno esta en el aire a unos seiscientos metros de altura y, al momento siguiente, el helicoptero se precipita hacia la zona de aterrizaje. El soldado de la ametralladora grita y maldice por encima del rugido del motor y dispara la calibre 50 lo mas rapidamente posible, destrozando la selva. ?Sabe cual era una de las cosas mas extranas de Vietnam? Siempre estabamos disparando contra cosas que, en realidad, no estaban alli. Me refiero a que, cuando nos dirigiamos a una zona de aterrizaje, todo el mundo descargaba sus armas contra un enemigo imaginario oculto entre la maleza. Por la noche, la artilleria disparaba por encima de nuestras cabezas, para ajustar las coordenadas en caso de que nos atacaran en la oscuridad. Y nunca habia nadie. Bueno, casi nunca.
»Aquel dia nos llevaron a una zona de aterrizaje desierta; nadie nos devolvio el fuego, lo cual alegro a los pilotos, que se fueron enseguida. Teniamos que dividirnos en dos unidades para realizar una batida y encontrarnos en un pueblo que figuraba en el mapa. Una vez alli, debiamos atravesar algunos arrozales y perseguir cualquier cosa que encontraramos hacia otra compania que se dirigia a nosotros, en bloque. Era una de esas ideas estupidas que parecian estupendas en el papel en el cuartel general pero que en la practica no daban resultado. Bueno, recuerdo al teniente O'Shaughnessy. Dios, era el irlandes mas corpulento que pueda imaginar. Media casi dos metros y debia de pesar mas de cien kilos. Como usted comprendera, cuando el nos daba una orden, hombre, lo obedeciamos. Tenia un caracter de mil demonios. Siempre me sorprendio que nadie se lo hubiese cargado en un tiroteo. Hasta donde yo se, nadie lo hizo. Ademas, tengo que decir en su honor que cuando me hirieron el le grito a ese piloto de helicoptero que lo mataria con sus propias manos si no me sacaba de alli cuanto antes. Asi que, en realidad, no puedo quejarme.
»Entonces, como le decia, nos dejaron en medio de ese arrozal, reunidos en torno a O'Shaughnessy, y los helicopteros se alejaron hacia el sol. Recuerdo la sensacion de estar solo, a pesar de estar rodeado de otros hombres y de disponer de una radio con la que pedir ayuda en caso necesario. Nunca pude librarme de la sensacion de soledad, de estar a la deriva en medio del oceano, ?entiende? Como una especie de Robinson Crusoe. Hacia tanto calor que al cabo de pocos segundos estabamos chorreando: El sudor me corria bajo el casco, entre los ojos. No lo soportaba; me moria de ganas de gritar. Pero no hay manera de enjugar el sudor cuando uno esta sujetando un arma y necesita el otro brazo para mantener el equilibrio. Vi a tipos perder la cabeza a causa del calor; comenzaban a gritar, se negaban a moverse, hundidos hasta el trasero en el barro, el agua y las sanguijuelas de los arrozales. A veces, el sol era tan malo como cualquier cosa que hicieran los Vietcong.
O'Shaughnessy nos dividio en dos pelotones. El tomo el mando de uno, y el sargento primero, el del otro. Debiamos avanzar en paralelo a una distancia de unos cuatrocientos metros, como haciamos en los ejercicios, pero, que diablos, eso nunca era posible. Me refiero a que un peloton se quedaba atascado en alguna cienaga y el otro se adelantaba, pero luego avanzaban mas despacio y despues apretaban el paso. Todo aquello me parecia una locura, absolutamente todo. En el terreno ocurria exactamente lo mismo. Entonces nos pusimos en marcha, mas o menos una docena de hombres. Pronto estabamos chapoteando en el barro, como siempre. Tengo un recuerdo bastante borroso de aquella manana, ?sabe? No era mas que una de tantas mananas en Vietnam. Solo cuando nos acercamos al pueblo las cosas comenzaron a cambiar.
Hizo una pausa para encender otro cigarrillo. Detras de las gafas, sus ojos siguieron el humo que se elevaba desde el cenicero.
– Llegamos primero, mucho antes que el otro peloton. Acampamos en las afueras y esperamos. Eso no estuvo tan mal; todos necesitabamos un respiro. Bueno, el tipo del que le hablaba, el que esta cometiendo estos asesinatos, iba delante, como siempre. Cuando nos detuvimos, se sento un poco mas lejos, como de costumbre. Mientras estabamos alli sentados, el se quedo mirando la aldea a traves de la maleza. De pronto, se puso en pie y se volvio hacia el resto del escuadron. «He visto algo», dijo. «Parecia una muchacha con un kalashnikov.»
»Bueno, todos tomamos las armas y nos enderezamos enseguida. No olvide que ese tipo tenia una vista capaz de distinguir una silueta en plena noche, asi que siempre confiabamos en el. Y recuerdo lo que dijo porque el estaba alli de pie, de espaldas al sol, y yo tenia que cubrirme los ojos para poder verle la cara.
»Bueno, hubo mucha discusion sobre lo que habia que hacer. Casi todos querian esperar a que llegara el teniente con el otro peloton, pero el sargento era militar de carrera y supongo que buscaba una especie de
