– ?A que se refiere?
– Bueno, ?los liquido ese tipo, quedaron atrapados en el fuego cruzado o los mataron los proyectiles de mortero?
– ?Acaso importa? Le digo que estaban muertos, hombre.
– Si -insisti-. Oh, si, es muy importante.
Mi mente se adelantaba a su respuesta, barajando febrilmente las posibilidades. Si Hilson estaba en lo cierto, el asesino habia terminado… o acababa de empezar. Y yo era el unico que lo sabria. Senti que el entusiasmo crecia en mi interior.
El hombre vacilo, frotandose la barba.
– No lo se, tio. Creo que entiendo lo que me esta preguntando. Es decir, quiere saber que va a hacer ahora ese tipo, ?verdad? No creo que pueda ayudarlo. Lo unico que recuerdo es que cai al suelo cuando se produjeron las primeras explosiones y despues me levante y me fui corriendo de alli. ?Sabe?, en esas circunstancias uno no se dedica a hacer turismo. -Hizo otra pausa-. Sin embargo, recuerdo los cadaveres. Era como si alguien los hubiese acribillado con una automatica. Pero no podria asegurarle quien lo hizo porque, diablos, habia disparos en todas direcciones. ?Entiende lo que le quiero decir? Pudo pasar cualquier cosa.
La decepcion se apodero de mi, pero luego pense que ese hombre me habia dado muchas respuestas a pesar de todo. Aunque la pregunta principal habia quedado en el aire, el caso estaba mucho mas cerca de su conclusion. Intente imaginar el grupo de nativos, manchados de polvo y sangre, pero no pude. Al menos, no como los habia visto ese hombre.
– Y bien -dijo-, ?deducira el resto a partir de lo que le he contado? -Sonrio, dejando al descubierto una hilera de dientes blancos y parejos-. Es una buena historia, ?eh?
– Si -respondi.
Mire mis notas a la luz tenue que se filtraba a traves del humo. En cierto modo, pense, esto es el principio y el fin. Cada vez estaba mas cerca de comprender el movil de los asesinatos. Comence a representarme los titulares, la primera plana. Aspire profundamente y me puse de pie para marcharme.
El hombre de la silla de ruedas me guio hasta la puerta. Le estreche la mano, que estaba humeda de sudor.
Me detuve en la puerta a contemplar la tarde que caia. Me volvi hacia el. Estaba probando el cerrojo de la puerta, corriendolo de un lado a otro con nerviosismo.
– Lo he ayudado mucho, ?eh?
– Si -respondi-. Sin duda.
– ?Que bien!
Levante la mano y entonces recorde la pregunta clave, que se me habia olvidado hasta ese momento.
– Escuche, solo una cosa mas. Necesito saber quien puede confirmar su relato.
Se encogio de hombros.
– Tal vez Dios. Pero creo que a El no le importaba mucho lo que ocurria en Vietnam.
Entonces cerro la puerta y oi que corria el cerrojo.
15
Fue, claro esta, la noticia principal.
El titular, situado justo debajo de la cabecera, al igual que muchos de los que hacian referencia al caso en numeros anteriores, rezaba:
TESTIGO OCULAR RECUERDA EL «INCIDENTE» DEL ASESINO.
Vestido con mi bata de bano, sentado a la mesa de la cocina, me tome un cafe mientras leia a toda prisa la pagina impresa, con un creciente entusiasmo. Sentia que habia logrado sacudir el arbol y que ahora solo tenia que aguardar a que las vibraciones subieran por el tronco, llegaran a las ramas e hicieran caer los frutos desde lo alto.
Estaba solo. Christine se habia marchado temprano; se habia levantado de la cama desnuda, en la penumbra de aquel amanecer veraniego. Tenia que ir al quirofano. Habia dejado el periodico sobre la mesa, aun plegado como lo habia traido el repartidor. La noche anterior, cuando llegue de la redaccion, ella estaba levantada, esperandome.
Me pasee por el apartamento describiendoselo todo; ella escuchaba sentada, pacientemente, con las manos enlazadas. Decia poco; en cambio, yo hacia pausas, me formulaba preguntas a mi mismo, me interrumpia con comentarios. Era como si representase su papel, tratando de adelantarme a las preguntas que podian ocurrirsele.
Tambien le hable de la discusion que habian mantenido en la redaccion sobre si publicar la historia o no. Nolan habia escuchado los primeros minutos de la grabacion y luego mi reconstruccion de la conversacion a partir de mis notas. El tambien se habia entusiasmado, pero consideraba conveniente contrastar la historia. Me apresure a llamar a la oficina de informacion publica del Pentagono, pero era demasiado tarde para confirmar si Hilson u O'Shaughnessy habian estado en Vietnam en esa epoca. Nolan no las tenia todas consigo.
– ?Que ocurre si esperamos un dia? ?Que podemos perder?
Sacudi la cabeza.
– Una ventaja. Ese tipo podria ir a la policia, o a la television. O podria desaparecer. Yo creo que tenemos que publicarla.
Nolan accedio a cambio de que yo ocultase la identidad del informante, describiese la unidad implicada en la operacion y mencionase el nombre del oficial al mando. Tambien debia omitir cualquier indicacion de que el oficial estaba al tanto del incidente, para no entrar en la cuestion de un posible encubrimiento por parte del ejercito.
– Pero conserva esa informacion -dijo Nolan-. La divulgaremos mas adelante.
Me sente ante la maquina de escribir, convencido de que el articulo haria salir al asesino de su escondrijo en la ciudad. El articulo romperia el ritmo de los asesinatos; le ganariamos al asesino por la mano. El querria saber de nosotros, y no a la inversa.
Sin embargo, Christine no se habia mostrado de acuerdo.
– Con esto solo conseguireis que se de mas prisa, que advierta que su tiempo es limitado -dijo.
Mas tarde, cuando nos fuimos a la cama, estaba vacilante, distante, pero aun asi explote en su interior y luego me aparte de su cuerpo. Pocos segundos despues, estaba dormido, y ella, acostada de espaldas a mi.
Era media manana cuando llamo Martinez.
– Salimos para alla -dijo-. Ahora mismo.
Era una llamada que yo habia estado esperando.
Tambien esperaba que el asesino se pusiera en contacto conmigo. La manana habia transcurrido rapidamente, entre las felicitaciones de los demas reporteros y de los redactores jefe del periodico. Telefonee a la oficina de informacion publica del Pentagono, y me prometieron una respuesta lo mas rapida posible a la consulta sobre los dos nombres y el numero de unidad. Era, mas que nada, cuestion de tiempo.
Nolan acudio a recepcion a esperar a los detectives.
La noche anterior, cuando yo habia empezado a hablar del hombre de la silla de ruedas, habia levantado las manos y meneado la cabeza. «No quiero saber nada -habia dicho-. Puedo recibir una citacion y encontrarme en un brete. El es tu fuente, y debes protegerlo. El periodico te respalda. Es asi de sencillo. Espero.»
Ahora el tomo un ejemplar del periodico que habia sobre mi escritorio. Leyo en voz alta:
Un dia torrido, hace unos cinco anos, nueve hombres, mujeres y ninos en un pueblo de Vietnam del Sur controlado por el Vietcong fueron ejecutados por tropas estadounidenses en el «incidente» que esta detras de la reciente oleada de asesinatos que azota Miami, segun declaraciones de un veterano ahora discapacitado que fue testigo ocular de los hechos.
