su automovil: un Plymouth blanco. Lo atraparemos hoy o, a lo sumo, manana. ?Donde puede esconderse?
Baje la vista y vi las bobinas de la cinta girar incesantemente. Martinez extendio la mano para apagar el aparato pero, justo antes de que tocara la tecla, volvio a sonar la voz del asesino, serena, dura, casi burlona.
– Anderson -pronuncio mi nombre recalcando cada silaba-. Esto es solo para usted, Anderson. Uno mas. ?Entiende? Uno mas.
Martinez me miro de pronto.
– ?Que diablos significa eso? -pregunto Nolan. La camara de Porter me enfoco para captar mi reaccion; la lente parecia el canon de una pistola.
– Bueno, no os preocupeis -dijo Martinez en tono tranquilizador-. Podria significar casi cualquier cosa.
– ?Crees que se refiere a mi? -pregunte.
Martinez se encogio de hombros.
– ?Que mas da? -dijo Wilson-. Ese desgraciado ya es nuestro. Le echaremos el guante esta tarde. No hay nada que temer. -Me miro con atencion, escudrinando mis ojos-. Me encanta -dijo-. Todo parece mucho mas real cuando es uno el que corre peligro, ?eh?
– Mira, no te preocupes -dijo Martinez-. Ya es nuestro. No hay problema.
Pero se equivocaba.
18
El titular ocupaba dos renglones y estaba compuesto en letras de cuarenta y ocho puntos:
IDENTIFICADO EL ASESINO DE LOS NUMEROS. LA POLICIA EMPRENDE SU BUSQUEDA
Comence el articulo con la noticia principal (el nombre, la direccion, la carrera por la ciudad hasta el apartamento del asesino) y continue con una descripcion de la pared y del apartamento. La redaccion publico los primeros parrafos en un tipo de catorce puntos, en dos columnas que dominaban la primera pagina. Junto al texto aparecia el retrato robot del asesino y una fotografia que databa de varios anos atras, enviada desde Washington por Associated Press y obtenida por el Pentagono. Describi la entrada en el apartamento, los tentaculos de la busqueda policial, la llamada telefonica de O'Shaughnessy, la lista de nombres del Pentagono. El articulo continuaba en el interior del periodico con mas fotografias: una de cuatro columnas que habia tomado Porter con un gran angular y que mostraba el interior de la habitacion del asesino. Al fondo se apreciaban con claridad las figuras del mural, que semejaban fantasmas.
Nolan rondaba mi escritorio, mirando por encima de mi hombro, dandome animos como si fuese un jugador de futbol.
– Ponlo todo. Ponlo todo. No te preocupes por la extension, solo escribelo todo. Mas, mas.
Y eso hice. Al sacar la ultima hoja del rodillo de la maquina de escribir, senti un arranque de jubilo, una excitacion casi sexual. Mi mente se ocupo momentaneamente de Christine, pero deseche esos pensamientos enseguida. Nolan leyo el final del articulo.
– Maldicion, alli esta -dijo-. Lo has incluido todo… excepto una cosa.
En mi mente, oi la voz del asesino: «Uno mas.»
– ?Tengo que…?
Nolan me interrumpio.
– No, no; no sabemos que quiso decir, ?o si? Creo que tu eres el experto. ?Que te parece?
Me encogi de hombros.
– Correcto -dijo Nolan-. ?Para que generar mas alarma si no lo sabemos?
Se alejo, con la ultima hoja en la mano. De pronto, mi estomago se contrajo, como si alguien se hubiese apoderado de los musculos y los hubiese retorcido con violencia. Tome aliento y me meci en la silla, notando que palidecia. Mareado, me encogi y coloque la cabeza entre las rodillas.
Yo si lo se, pense.
Soy yo.
Despues de corregir el articulo y mandado a composicion, Nolan me acompano a mi automovil. Los sonidos del transito se fundian con la oscuridad.
– ?Estaras bien? -pregunto-. Mira, lo atraparan esta noche, te apuesto lo que quieras.
Me dirigi a casa y di varias vueltas a la manzana para inspeccionar el vecindario. Todo parecia tranquilo, normal, en su sitio. Permaneci sentado en el automovil, observando, esperando que mis ojos se adaptaran a la oscuridad. Ojos nocturnos, pense.
Al entrar en el apartamento no encendi las luces. Atravese la puerta y espere, aguantando la respiracion, aguzando los sentidos para detectar cualquier otra presencia en las habitaciones sumidas en sombras. De pronto exhale; el leve sonido lleno el apartamento y me sobresalto. Todavia a oscuras, me dirigi a la comoda del dormitorio y extraje la 45 del primer cajon. Inserte un cargador en la culata y amartille la pistola. Luego, lentamente, recorri el apartamento, revisando cada armario, cada puerta cerrada; abrir cada uno de ellos representaba una aventura, un momento de panico seguido de una oleada de alivio y un reavivamiento de la tension ante el siguiente. Al fin, satisfecho, encendi unas pocas luces para paliar la oscuridad y me sente de frente a la puerta… a esperar.
Cuando sono el telefono, di un salto. Con el corazon acelerado, me acerque a el. Uno, dos, tres timbrazo. Lo deje sonar. Cinco. Siete. Nueve. Conte hasta trece. Y entonces dejo de sonar.
Solo tu y yo, pense.
Esa noche no dormi.
Cuando entre en la oficina, Nolan iba y venia por la redaccion, apretando y relajando los punos.
– Imbeciles -mascullo-. Imbeciles. -Se volvio hacia mi-. Nada. Ni rastro de el. Todos los policias de la ciudad lo buscan. Por Dios, tienen una maldita fotografia, una descripcion del automovil, todo. ?Que necesitan? ?Una presentacion?
– ?No hay rastro?
– Nada.
Volvi a sentir nauseas.
Esa manana llame a casa de Raymond Dolour y su esposa, en Hardwick, Ohio. Las primeras trece veces que marque el numero, la linea estaba ocupada. La cuarta vez, respondio una voz aspera. Me presente con cautela:
– Senor Dolour, quisiera hablar con usted acerca de su hijo.
– Yo no tengo hijo -repuso, y colgo de un golpe.
Nolan estaba indeciso. Teniamos que enviar a alguien; queria saber si yo estaba dispuesto a ir a llamar a su puerta.
– Es tu historia -dijo-, pero no hemos escrito el final todavia.
Por un momento pense en ir. Alli estaria a salvo, no tendria nada que temer. Senti que la tension aumentaba en mi interior: ?la seguridad personal contra que? No podia darle un nombre.
– No -le dije-, me quedare aqui.
Envio a otro periodista. No fui capaz de leer su articulo. Esa tarde, el jefe de policia de la ciudad aparecio en los tres canales locales para hacer un llamamiento al asesino, para que se entregara. Aseguro que daria con el en cuestion de horas.
– Si esta usted alli, viendome -dijo, mirando a la camara sin parpadear, con el ceno fruncido-, entreguese. Salvese. Evitemos mas derramamientos de sangre.
Nolan se echo a reir a carcajadas y yo lo imite. Teniamos una hilera de televisores en la redaccion y veiamos la imagen del jefe como reflejada en muchos espejos.
– Me encantan los buenos topicos -comento Nolan-. Es igual que esas peliculas policiacas de los anos cincuenta.
Sin embargo, aun no habia rastro del asesino.
