CONTINUA LA BUSQUEDA DEL ASESINO. LA POLICIA

ESTRECHA SU CERCO EN TORNO A LA CIUDAD.

– ?Donde diablos esta? -pregunto Nolan-. No puedo creer que no consigan encontrar a ese tipo.

Continuaba paseandose a grandes zancadas por la redaccion; toda su atencion estaba centrada en la busqueda policial, y habia delegado la responsabilidad sobre los demas articulos en los redactores. Mientras lo esperaba, mi propio temor comenzo a tomar forma.

Hice un recorrido con Martinez y Wilson, en el asiento trasero de su coche camuflado; los tres ibamos inclinados hacia delante, escrutando por las ventanillas los rostros de los transeuntes, absorbiendolos y luego desechandolos rapidamente. Escribi un articulo sobre eso, los detalles de la busqueda, los lugares investigados y descartados, los sospechosos interrogados y puestos en libertad.

Al tercer dia, un guardia de la Universidad de Miami encontro el Plymouth blanco. Habian cambiado las matriculas; un rapido examen revelo que las que llevaba eran robadas. Se hizo circular entre los detectives una lista de todas las denuncias de robo de automoviles recibidas por la policia durante los ultimos tres dias. Tenian vigilada la terminal de autobuses, el aeropuerto y la estacion de ferrocarriles. Se solicito personal de refuerzo y las horas extras se dispararon. Yo documente todo esto en la cronica del dia siguiente.

Corrian muchos rumores por la ciudad: que el asesino habia robado un avion o un barco privado y habia salido de la ciudad sin ser detectado. Llegaban informes de que lo habian localizado en cayo Hueso y, al siguiente, alguien aseguraba haberlo visto en Fort Lauderdale. Algunos pensaban que habia tomado como rehenes a una familia y que aguardaba en la calma suburbana a que se disipara la atencion, para luego escabullirse por la ciudad y alejarse tranquilamente.

Al quinto dia, escribi un articulo sobre los rumores. Fue publicado en la primera pagina bajo el titulo: ?DONDE ESTA?

– Eso quisiera yo saber -comento Nolan-. ?Donde diablos esta?

Una tarde, en el coche patrulla, Wilson se volvio hacia mi.

– ?Aun tienes esa 45 ilegal?

Asenti.

– Bien -dijo.

– ?Por que?

De nuevo senti que el estomago me daba un vuelco.

– No lo se. Tengo un mal presentimiento sobre esto.

– Callate, joder -espeto Martinez-. No le hagas caso -me dijo, acelerando-. El esta demasiado ocupado tratando de mantenerse a salvo. No tiene tiempo de preocuparse de ti. Seria ridiculo suponer que te esta buscando. Da igual lo que te haya dicho.

Martinez lanzo una mirada furiosa a Wilson, quien, por toda respuesta, solto un resoplido. Ridiculo, pense. Recorde cuando habia oido esa palabra antes.

Dormia poco y mal, con la 45 junto a la cama. Con mayor frecuencia, daba una cabezada en la sala, en una silla frente a la puerta. Los ruidos nocturnos pasaban a formar parte de mis suenos; me despertaba sobresaltado y abria los ojos al percibir el menor sonido. Sentia que el corazon me latia a toda prisa y los musculos se me tensaban. Esperaba.

El fracaso ponia de malhumor a los detectives; su paciencia disminuia con cada hora que pasaba. Nolan tambien se tomo la demora muy a pecho, como una afrenta personal. Yo pasaba el mayor tiempo posible con los detectives, observando a Wilson lustrar el metal azulado de su revolver mientras Martinez conducia el coche por otra calle desierta.

– No pienso llamar a los muchachos de operaciones especiales -dijo Wilson por lo bajo-. Ese hijo de puta es mio. Lo liquidare yo mismo.

Martinez guardaba silencio. Una vez, se volvio hacia mi.

– No debiste decirselo -me reprocho-. Todo habria sido mas facil.

Me encogi de hombros. Cada vez que salia, llevaba mi arma conmigo en el automovil. Cuando regresaba a casa, entraba empunando la pistola frente a mi. Sin el seguro.

Al septimo dia despues de la desaparicion del asesino, el me llamo.

Sono el telefono. Segui mi rutina: puse en marcha la grabadora, tome papel y lapiz. No obstante, me desconcerto oir su voz familiar.

– Se lo dije -rio, sin identificarse.

Luche contra el impulso de colgar y esconderme.

– ?Donde?…

Me interrumpio.

– No tan deprisa.

– No puede escapar -dije-. ?Por que no se entrega?

Solto otra carcajada.

– Ha llegado el momento, Anderson.

– ?No! -exclame.

Su risa parecia un eco en la linea.

– Anderson -dijo lentamente-, buena suerte.

– ?Que?

Pero el ya habia colgado.

Se me hizo un nudo en la garganta. No sabia que hacer. Apague la grabadora y mire a Nolan. Pense en los detectives. Imagine el titular: PERIODISTA RECIBE LLAMADA DEL ASESINO. Pero ?que habia dicho el? ?Que significaba? Nosotros dos. ?Suerte? En el fondo note que el panico intentaba aflorar; luche por reprimido. No, el no vendria a buscarme. ?y si lo hacia? Nosotros dos. Teniamos que estar los dos solos. Trague saliva, saque la cinta de la grabadora y la deje en el primer cajon de mi escritorio.

– ?Alguna novedad? -pregunto Nolan mas tarde. Menee la cabeza.

– Tiene que estar en alguna parte -dijo.

– Esta alli fuera -respondi.

Esa noche, en el apartamento, me asfixiaba de calor. Me sente en la silla, palpando el arma. El telefono sono una vez. ?Christine? Mi mano se extendio hacia el auricular y luego se detuvo. No podia estar seguro. A medianoche me adormeci. Un sonido de pasos en el exterior me arranco de mi duermevela. Por un momento me esforce por despabilarme del todo. El ruido se hizo mas fuerte: una rozadura, pisadas. Ya estaba despierto, con los ojos fijos al frente.

Las pisadas se detuvieron ante la puerta de mi apartamento.

Es el, pense.

Hubo un silencio. Ningun movimiento, ningun sonido.

Aspire tratando de no hacer ruido y contuve el aliento.

Silencio absoluto.

Preparate, pense.

Levante la automatica a la altura de mis ojos. Apunte a la puerta. Aguce el oido.

Oi que una mano se cerraba sobre el picaporte de la puerta.

Dispare.

El estampido de la 45 me arrojo hacia atras en la silla. Percibi el olor a polvora y humo. Por un segundo me senti como si me hubiesen derribado de un golpe; estaba atontado. Entonces el ruido ceso; ya no me zumbaban los oidos. Atravese la habitacion a grandes zancadas; clave los ojos en el agujero negro que habia en la puerta. Aferre el pomo y abri la puerta rapidamente, agachandome al mismo tiempo, con la 45 lista para volver a disparar.

Nada.

Por un instante me senti confundido. «?Donde? -pense-. ?Donde esta el cadaver? ?Donde esta el?» Vi un agujero de bala en el revoque, frente a mi puerta.

– Pero si habia alguien alli -dije en voz alta-. Lo he oido. Estaba alli.

Di media vuelta y baje las escaleras corriendo, hacia la noche. La calle estaba desierta.

– ?Se que esta ahi! -grite.

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