– ?Y bien? -dijo Wilson-. ?Has visto bastante?
Asenti.
– Entonces, ?quien es?
Por un momento me senti confundido. Sacudi la cabeza.
– Ya lo sabeis -respondi.
– Dimelo tu -insistio Wilson.
Permaneci en silencio. Volvi a mirar el rostro desfigurado por el disparo y por el sol. «?Quien es?», pense. Martinez se acerco a mi y le indico a Nolan que se uniera a nosotros.
– Necesitamos una identificacion -dijo- para hacerlo oficial. Tenemos que estar seguros.
Nolan hablo antes de que yo pudiera abrir la boca.
– ?De que demonios esta hablando? -Su voz, furiosa, rompio el silencio de los Glades-. Esta la pistola. El color de cabello. La estatura. Todo cuadra. Por Dios, examinen sus huellas digitales. ?Y los dientes? El ejercito debe de tener fichas dentales, ?o no?
El forense intervino en la conversacion, dando caladas a su pipa y soltando nubes de humo que la brisa transportaba por encima de los pantanos.
– No serviria de nada -asevero.
– Expliqueme eso -pidio Nolan.
– Muy bien -dijo, con voz serena, en un tono mas apropiado para un aula-. Numero uno: la piel esta demasiado descompuesta para tomar huellas digitales. Es imposible, dado el grado de estiramiento y de la perdida de la consistencia e integridad de los tejidos, obtener una impresion exacta, de modo que ese metodo queda descartado. Numero dos: el color de los ojos. Eso nos ayudaria para buscar en los archivos del ejercito, pero las aves locales se han encargado de destruir las pruebas. Veamos otro metodo: la identificacion dental. Magnifico. El ejercito nos facilitaria al instante sus fichas. El unico problema es que este sujeto debio de preverlo o, si no, tuvo suerte. Puso la pistola contra su menton y apreto el gatillo. Se volo toda la boca pero dejo intacta una porcion de la cara. ?Otras marcas o cicatrices identificadoras? Ese habria sido, seguramente, el siguiente paso, pero los archivos del ejercito dicen que el asesino no las tenia. De modo que nos queda un ultimo metodo de identificacion: la observacion personal. Claro esta que la pistola resultara ser la del asesino, pero eso no prueba nada. ?Es el? Ha estado aqui varios dias. Es dificil saberlo con seguridad. Al menos tres, cinco, tal vez una semana. Ahora ni siquiera contaria con que lo reconociese su madre. -El forense levanto la mano para atajar la pregunta obvia-. Si, nos hemos puesto en contacto con ella. Se ha negado. No ha visto a su hijo desde la guerra. Pero esa informacion ya aparecio publicada en su periodico. -Hizo una pausa, mirandome-. ?Comprende e! dilema?
Pense en la carta que estaba en el primer cajon de mi escritorio. ?Cuan cerca habia estado?, me pregunte.
– Hay muchos factores que contribuyen a la descomposicion de un cadaver -prosiguio e! forense-. El sol alternado con la lluvia. La humedad. Vera, en esta region, puede llover a cantaros a un kilometro de aqui mientras esta zona permanece seca. No hay ningun metodo cientifico para determinar el tiempo. Una vez, sabiamos con seguridad que habian abandonado un cadaver aqui cerca. Era un caso de asesinato por encargo. Atrapamos al asesino. Cuando encontramos el cuerpo, practicamente solo quedaban los huesos. Y solo habia pasado una semana. Hay muchos factores.
«Estoy vivo -pense-. No crea todo lo que ve.»
– Veras, tenemos que estar seguros -tercio Wilson-. Tu eres quien lo vio mas de cerca, en ese apartamento. ?Es este el hombre que conociste alli, e! de la silla de ruedas?
Vacile.
– No lo se.
Wilson exploto.
– ?Fijate bien, maldicion! ?Miralo! ?Fijate en su cara! ?En las mejillas, la nariz, las orejas, las cejas! ?Es el? Tenemos que saberlo. No mas tarde; ?ahora mismo! ?Es el?
Volvi a estudiar esos rasgos, aspirando y conteniendo el aliento. Nolan me tomo del brazo y me volvio hacia el, pero yo no aparte la vista de! rostro destrozado.
– Es importante -dijo-. Ellos tienen razon. Es importante. Oye -me susurro al oido-, esta historia ha sido nuestra exclusiva desde el comienzo; de nadie mas. Tenemos que ser nosotros quienes escribamos el final. Si no escribimos que es el, entonces nadie lo sabra nunca, nadie podra estar seguro jamas. No se trata solo de una identificacion; el estado de animo de toda la ciudad depende de ello. No podemos mostramos inseguros. No importa en absoluto lo que digan los demas; solo lo que digamos nosotros. Somos el unico periodico al que la gente creera. Senti sus ojos clavados en mi, evaluandome.
– Miralo bien -me pidio-. Tenemos que estar seguros. ?Es el?
– ?Es el?
La voz era de Wilson, que estaba de pie junto al cadaver; agito el puno hacia mi y luego hacia el cuerpo inerte que, poco a poco, se confundia con la tierra y el aire.
– ?Es el?
Mire a Wilson, luego a Martinez y al forense. Vi que este ultimo extraia una fotografia de su bolsillo y se inclinaba sobre e! cadaver. Lo examino con atencion por un momento; luego sacudio la cabeza, se encogio de hombros y se volvio hacia mi. Nolan tambien me observaba. Porter estaba a un lado; su camara zumbaba. Luego el tambien se quedo quieto, en espera de mi respuesta.
– ?Es el? -volvio a preguntar Nolan.
Me obligue a mirar las cavidades oculares vacias.
La luz de! sol parecia bajar en espiral y paralizar a todos en un estallido de calor y luminosidad. Senti el sol sobre mi cabeza, taladrandome el cerebro. Las imagenes se agolpaban en mi mente, luchando por el espacio. Vi la sonrisa del asesino a traves del humo y las sombras del apartamento en penumbra, sus dedos tamborileando sobre la silla de ruedas. Lo imagine inclinado sobre la ventanilla, mirando a Christine. Vi a las victimas como en fila: la muchacha, la pareja de ancianos, la mujer y su bebe. Mire alrededor, el pantano y los arboles. Pense en la guerra, en la morgue junto a la pista de aterrizaje. Volvi a oir las palabras del asesino: nosotros dos solos, el y yo. Pense en la carta en el cajon. ?Era el? «No crea todo lo que ve.» Pero ?que estaba viendo?
Mi mente elaboro toda una trama: una imagen de la noche en que el habia realizado su simulacro de asesinato con Christine. Pense en los jovenes de las calles centricas y mal iluminadas de Miami: vagaban sin rumbo, sin nombre, abandonados. El ligue casual… ?Que facil habria sido para el recorrer las calles en busca de un doble que tuviese su estatura, su fisico y su mismo color de cabello! Una palabra, un rapido gesto de la mano, tal vez un poco de dinero, y su victima sube al coche, sin miedo, sin saber lo que le esperaba. Luego el conduce hacia el oeste, adentrandose en los Glades. Roba un bote. Navega hasta este islote. Coloca la boca de la pistola contra el menton de la victima y aprieta el gatillo. La deja caer junto a la mano: el suicidio aparente. Recuerdo el bote perdido, la nota cuidadosamente preparada para que alguien la encontrara y me llamase, el policia que me llevo hasta el islote. No pudo haber nadado hasta alli, dijo. Tal vez vinieron dos y se marcho uno, perdiendose en la oscuridad, con rumbo a otra ciudad, para asumir otra identidad.
Contemple el cadaver que estaba en el suelo. ?Era el? Lo estudie con mas atencion. ?Era un impostor? ?Acaso se trataba de otra mentira, de otra invencion? Era posible. Todo era posible. Mire el cadaver.
No, pense; es el.
Volvi a mirar.
No, no es el; es otra persona.
No. Si.
?Quien es?
Nolan estaba a mi lado. Me hablaba con voz suave, pero insistente.
– Tenemos que estar seguros. Sin dudas, sin vacilaciones. La ciudad tiene que saberlo, tiene que respirar tranquila de una vez por todas. Todo depende de ti. Asi ha sido desde el principio. ?Es el?
– ?Deja de jugar con nosotros! -solto Wilson, furioso-. ?Vamos! ?Es el?
Pense en Christine, en mi padre, en mi tio y su feretro cubierto por la bandera. El sol parecia un pendulo que se balanceaba al viento, acercandose a mi inexorablemente.
– ?Es el?
Oi la voz pero no supe quien hablaba. Entonces menti.
