– Bueno, tenia el coche.

– Yo lo hubiera oido si hubiera arrancado. No estoy sorda. Aquel dia no fue a ninguna parte.

– ?Le explico esto a la policia?

– Por supuesto.

– ?Y?

– No me creyeron. Me dijeron: «Emma Mae, ?esta segura de que su nieto no se escabullo por la tarde? ?Esta segura de que no se alejo de su vista? Tal vez aprovecho que usted echaba una cabezadita o algo.» Pero no fue asi, y se lo dije. Luego me aseguraron que estaba equivocada, se enfadaron y se fueron. No he vuelto a verlos.

– ?Tambien se lo explico al abogado de Robert Earl?

– Me hizo las mismas malditas preguntas, y yo le di las mismas malditas respuestas. El tampoco me creyo. Dijo que tenia demasiados motivos para encubrir al muchacho. Tenia razon. Es el hijo de mi pequena y lo quiero mucho. Incluso cuando se marcho a Nueva Jersey para volver convertido en un pandillero, hablando mal y dandoselas de tipo duro, yo lo seguia queriendo mucho. Ahora iba por buen camino. Asistia a la universidad. ?Se lo imagina usted, senor periodista blanco? Mire alrededor. ?Cree que somos muchos los que llegamos a la universidad? ?Que llegamos a ser alguien? ?Cuantos cree que lo consiguen? -La anciana volvio a bufar y espero una respuesta, que Cowart no le dio. Al cabo de un momento, prosiguio-: Ese poli tenia razon. Mi nino. Mi vida. Mi orgullo. Claro que habria mentido por el. Pero no lo hice. Soy creyente, aunque para salvar a mi nino me habria enfrentado al mismisimo demonio; solo que nunca tuve la oportunidad, porque nunca me creyeron, no senor.

– ?Cual es la verdad?

– Que estuvo aqui conmigo.

– ?Y al dia siguiente?

– Aqui conmigo.

– ?Y cuando llego la policia?

– Estaba fuera, sacando brillo a su viejo coche. No protesto. No se resistio. Solo les dijo si senor, no senor, y se fue con ellos. ?Ve de que le sirvio?

– Parece enfadada.

Aquella mujer menuda se inclino hacia delante en la silla, con el cuerpo rigido de la emocion. Dio dos fuertes palmadas en los brazos de la mecedora, haciendolas sonar como dos pistoletazos que retumbaron en aquella despejada manana.

– ?Enfadada? ?Me esta preguntando si estoy enfadada? Me robaron a mi nino y lo han encerrado para matarlo. El enfado es lo de menos, pero no tengo tanta maldad como para decirle lo que siento de verdad.

Se levanto y se dirigio hacia el interior de la casa.

– No me queda mas que odio y un amargo vacio, senor periodista. Tome nota de ello.

Y cerro la puerta de un golpe seco mientras Matthew Cowart escribia apresuradamente sus palabras en la libreta.

Cowart llego al colegio a mediodia. Tal como imaginaba, se trataba de un insulso edificio de hormigon con una bandera norteamericana ondeando languidamente en el humedo exterior. Habia autobuses escolares amarillos aparcados a la entrada, un patio con columpios y canastas y un patio de tierra en la parte de atras. Aparco el coche y se encamino hacia la entrada, oyendo una oleada de voces infantiles. Era la hora de comer y se respiraba cierto caos contenido de puertas adentro; los ninos correteaban de aqui para alla, con bolsas de papel o fiambreras, en un hervidero de conversaciones. Las paredes del colegio estaban decoradas con trabajos de los alumnos, composiciones de forma y color con pequenos letreros que explicaban su significado. Se quedo mirando las pinturas un instante; le recordaban los dibujos y maquetas que su hija le enviaba por correo y que ahora decoraban su despacho. Abriendose camino, atraveso un vestibulo hasta la puerta con el rotulo SECRETARIA. En ese momento se abrio y vio salir dos ninas, riendose de algun gran secreto. Una era negra, la otra blanca; Cowart las siguio con la mirada hasta que desaparecieron por el pasillo.

Una pequena fotografia enmarcada colgaba de una pared y se acerco para echarle un vistazo. Era la fotografia de una nina. Tenia el pelo rubio, pecas y una amplia sonrisa con aparato de ortodoncia. Llevaba una impecable camisa blanca y una cadena de oro alrededor del cuello. En el centro de la cadena se alcanzaba a leer «Joanie» grabado en letras diminutas. Debajo de la fotografia habia una pequena placa que rezaba: «Joanie Shriver, 1976-1987. Querida amiga y companera de clase, todos te echaremos de menos.»

Cowart anadio la fotografia de la pared a todas las notas mentales que iba tomando. Luego se aparto y entro en la secretaria del colegio.

Una mujer de mediana edad, con una expresion ligeramente tensa, se acerco al mostrador.

– ?Puedo ayudarle?

– Estoy buscando a Amy Kaplan.

– Acaba de pasar por aqui. ?Le espera?

– El otro dia hable con ella por telefono. Mi nombre es Cowart. Vengo de Miami.

– ?Es usted el periodista?

El asintio con la cabeza.

– Dejo dicho que vendria. Vere si puedo localizarla. -Habia una pizca de resentimiento en su voz. En ningun momento sonrio a Cowart.

La mujer cruzo la secretaria y desaparecio en la sala de profesores para luego reaparecer acompanada de una joven. A Cowart le parecio atractiva; llevaba el cabello castano rojizo recogido y tenia un rostro noble y simpatico.

– Soy Amy Kaplan, senor Cowart.

Se dieron un apreton de manos.

– Siento interrumpirle la comida.

Ella se encogio de hombros.

– Tal vez sea el mejor momento. De todas formas, como le dije por telefono, aun no se muy bien que puedo hacer por usted…

– Hableme del coche. Y de lo que vio.

– ?Sabe? Lo mejor sera que le ensene el lugar donde me encontraba. Se lo puedo explicar alli mismo.

Salieron fuera sin cruzar palabra. La joven maestra se detuvo frente al edificio y se volvio, senalando la carretera.

– Mire -explico-, siempre tenemos un profesor alli, vigilando a los alumnos despues de las clases. Soliamos hacerlo para asegurarnos de que los ninos no se metian en peleas y las ninas se iban directamente a casa en vez de quedarse cotilleando por aqui. Los ninos hacen esas cosas, ?sabe?, y al parecer mas que los mayores. Ahora esta claro que hay otro motivo para mantener la vigilancia. -Miro a Cowart por un instante. Luego prosiguio-. De todos modos, la tarde en que Joanie desaparecio, casi todo el mundo se habia marchado y yo estaba a punto de regresar al colegio cuando la vi alli, bajo aquel enorme sauce… -Senalo a unos cuarenta metros carretera abajo. Luego se llevo la mano a la boca-. ?Oh, Dios mio! -musito.

– Lo siento -se disculpo Cowart.

La joven no apartaba la mirada de aquel punto carretera abajo, como si lo reviviera todo en su memoria. El labio inferior le temblaba ligeramente, pero hizo un movimiento con la cabeza para indicar que se encontraba bien.

– Yo era joven -dijo-. Era mi primer ano aqui. Recuerdo que ella me vio y se volvio para saludarme; por eso supe que era ella. -La firmeza de su voz habia desaparecido.

– ?Y?

– Echo a andar por la sombra, alli, hasta que paso aquel coche verde. La vi volverse, supongo que porque el conductor le habia dicho algo, y entonces la puerta se abrio y ella subio al coche, que a continuacion arranco. -La joven respiro hondo-. Subio al coche, maldita sea -susurro con un hilo de voz-. Subio al coche, senor Cowart, como si nada. A veces aun la veo en suenos, saludandome. Es horrible.

Cowart penso en sus propias pesadillas y quiso decirle que el tambien se pasaba noches enteras sin dormir. Pero no lo hizo.

– Eso es lo que mas me ha turbado -continuo ella-. Quiero decir, si la hubieran agarrado y ella hubiera forcejeado o pedido auxilio o algo… -la emocion del recuerdo quebro su voz- yo misma habria podido hacer algo. Habria gritado y puede que hasta echado a correr tras ella. Tal vez podria haber logrado salvarla. No lo se. Algo.

Вы читаете Juicio Final
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату