Pero era una tarde de mayo como cualquier otra, y hacia tanto calor que queria volver rapido a la escuela…

Cowart se quedo mirando calle abajo, calculando las distancias.

– ?Ocurrio en la sombra?

– Si.

– Pero esta segura de que el coche era verde. ?Verde oscuro?

– Si.

– ?No seria negro?

– Habla como los policias y los abogados. Claro que podia haber sido negro. Pero mi corazon y mi memoria me dicen que era verde oscuro.

– ?No vio la mano que abria la puerta desde dentro?

La joven vacilo.

– Buena observacion. Eso no me lo preguntaron. Me pidieron que les dijera si habia visto al conductor. Tuvo que ladearse para abrir la puerta, ?verdad? Pero no lo vi. -Hizo un esfuerzo por recordar-. No, no vi ninguna mano; solo que la puerta se abria.

– ?Y la matricula?

– Bueno, como sabe, la matricula de Florida indica el estado en relieve naranja sobre un fondo blanco. Aquella era mas oscura y de otro lugar.

– ?Cuando le ensenaron el coche de Ferguson?

– Solo me ensenaron una fotografia, un par de dias despues.

– ?Nunca llego a ver el coche?

– No que yo recuerde. Excepto el dia de los hechos.

– Hableme de la fotografia.

– Habia una pareja; parecia tomada con una Polaroid.

– ?Desde que perspectiva?

– ?Perdon?

– ?Desde que angulo se saco aquella fotografia?

– Pues… bueno, el coche se veia de lado.

– Pero usted vio el coche desde atras.

– Cierto. Pero el color coincidia. Y la forma. Y…

– ?Y que?

– Nada.

– Habra visto las luces de freno cuando el coche arranco. Al encender el motor, el conductor seguramente toco el freno. ?Recuerda que forma tenian?

– No lo se. Eso no me lo preguntaron.

– Entonces, ?que le preguntaron?

– No mucho. Ni la policia ni los abogados. Estaba muy nerviosa cuando subi al estrado a testificar, todo paso en cuestion de segundos.

– ?Que le preguntaron en el estrado?

– El fiscal solo queria saber si estaba segura del color, como usted. Y yo dije que podia equivocarme, pero que creia estar segura. Parecio complacido, y eso fue todo.

Cowart volvio a echar un vistazo calle abajo, y luego miro a la joven. Parecia absorta en sus recuerdos, con la mirada abstraida.

– ?Cree que Ferguson es culpable?

La joven respiro hondo.

– Lo que siempre me ha turbado es por que ella subio al coche. No parecio vacilar ni un instante. Si no lo conocia, no entiendo por que lo hizo. Procuramos ensenar a los ninos a ser prudentes e inteligentes, senor Cowart. Damos clases de seguridad; para que nunca se fien de un desconocido. Incluso aqui, en Pachoula, no somos tan palurdos como pueda creerse. Mucha gente de ciudad se instala aqui, como yo. Y tambien hay quien va cada dia a trabajar a Pensacola o Mobile, porque este es un lugar seguro y agradable para vivir. Pero a los ninos se les ensena a ser prudentes, y ellos aprenden a serlo. Por eso nunca entendi lo de Joanie. Nunca me parecio logico que se subiera a aquel coche como si tal cosa.

Cowart asintio con la cabeza.

– Eso mismo me pregunto yo.

Ella se volvio subitamente hacia el.

– Bueno, la primera persona a la que yo le haria esa pregunta es a Robert Earl Ferguson, ?no cree?

Cowart no respondio, y al cabo ella se aplaco.

– Siento hablarle de esta manera. Todos nos culpabilizamos por lo ocurrido, todo el colegio. No sabe como se lo tomaron los demas ninos, tenian miedo de venir a clase; cuando llegaban, estaban demasiado asustados para prestar atencion; en casa no podian dormir, y por la noche tenian pesadillas. Berrinches, camas mojadas, arrebatos de ira o lloreras. Los ninos con problemas de disciplina se volvieron mas rebeldes, los retraidos y temperamentales fueron a peor, y los ninos normales y disciplinados tuvieron dificultades. Convocamos reuniones y tambien vinieron psicologos de la universidad. Fue terrible, y seguira siendolo. -La joven miro alrededor-. No se, pero es como si aquel dia se hubiera roto algo. Tal vez para siempre.

Permanecieron en silencio unos instantes, hasta que la joven pregunto:

– ?Le he ayudado?

– Claro. Sabe -dijo Cowart-, podria volver a necesitar su ayuda despues de hablar con algunas personas. Por ejemplo, los policias.

– No hay problema -dijo la joven-. Ya sabe donde encontrarme.

Cowart sonrio.

– Solo digame una cosa mas: que le paso por la cabeza hace un par de minutos, cuando hablabamos sobre las fotografias del coche y usted cambio de tema.

Ella fruncio el entrecejo.

– Nada -respondio.

Cowart se quedo mirandola.

– Bueno, habia algo.

– ?El que?

– Cuando la policia me enseno las fotografias, me dijeron que tenian al asesino, que habia confesado y todo. Dijeron que mi identificacion del coche era una mera formalidad. Yo no supe que era tan importante hasta pasados unos meses, justo antes del juicio. Eso siempre me ha molestado, ?sabe? Me mostraron las fotografias y dijeron: «Este es el coche del asesino, ?correcto?» Y yo les mire y dije: «Si»… Me molesta que lo hicieran de esa manera.

Cowart guardo silencio, pero penso: «A mi tambien.»

Un articulo periodistico es una recopilacion de momentos aglutinados en citas, en la mirada de una persona, en el talle de su ropa; materializa en palabras las pequenas observaciones del periodista, lo que ve y oye; esta respaldado por el pasado, por unos solidos cimientos hechos de detalles. Cowart sabia que necesitaba mas sustancia, asi que se paso la tarde leyendo en la hemeroteca del Pensacola News. Eso le ayudo a comprender el insolito frenesi que se habia apoderado de la ciudad cuando la madre de la pequena habia llamado a la policia para decir que su hija no habia vuelto a casa. Se habia producido un brote provinciano de alarma. En Miami, la policia habria dicho a la madre que en las primeras veinticuatro horas no se podia hacer nada, y habria dado por supuesto que la nina habia escapado de casa, huyendo de una paliza o de los abusos sexuales de su padrastro, o corrido a reunirse en secreto con algun noviete.

En Pachoula no. La policia local salio de inmediato en busca de la nina. Recorrieron las calles y carreteras secundarias con megafonos que la llamaban por su nombre. Los bomberos colaboraron, haciendo ulular las sirenas en la apacible noche de mayo. Los telefonos comenzaron a sonar en todas las casas, la voz corrio con alarmante rapidez y se formaron pequenos piquetes de padres que recorrian los vecindarios en busca de la pequena Joanie Shriver. Tambien se movilizo a los boy scouts y la gente salia temprano del trabajo para unirse a la busqueda. Cuando empezo a caer aquella noche de principios del verano, debia de parecer que toda la ciudad estaba en la calle buscando a la nina.

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