– Vendra alguien en un par de minutos -le dijo la agente tras colgar.

Luego se volvio para examinar unos documentos que tenia sobre la mesa. «De modo que todo el mundo sabe a que he venido», penso Cowart.

El departamento de homicidios estaba en un edificio nuevo anexo a la carcel del condado. Disponia de una eficaz insonorizacion: el ruido se perdia en la gruesa moqueta marron y era sofocado del todo por los tabiques de corcho que separaban las mesas de los detectives de la sala de espera donde Cowart aguardaba con impaciencia. Procuro concentrarse en la inminente entrevista, pero se distraia continuamente. El silencio era inquietante.

Empezo a pensar en su familia. Su padre habia sido director de un pequeno diario en una ciudad media de Nueva Inglaterra, una ciudad industrial que habia medrado gracias a las afortunadas inversiones de grandes empresas que inyectaron dinero, savia nueva y un innegable toque de modernidad a la arquitectura local. Era una persona distante que trabajaba de sol a sol. Vestia trajes azules o grises que parecian colgar del cuerpo enjuto de un asceta; era un hombre anguloso y astuto, de sonrisa dificil, con los dedos manchados de nicotina y tinta de periodico.

Su padre sentia pasion por los interminables pormenores, detalles y sensacionalismos del diario. Lo obsesionaba la busqueda de la noticia o el articulo capaz de salir en primera plana, algo que impactara: una aberracion, un crimen horroroso, una fechoria escandalosa… Entonces su rigidez se relajaba y escribia con una especie de goce nervioso y excitante, como un bailarin que oyera musica por primera vez tras anos de silencio. Su padre era como un terrier, dispuesto a abalanzarse sobre lo que fuera e hincarle el diente con sana, dandole revolcones hasta hacerle perder el conocimiento.

«?Acaso somos tan diferentes?», se pregunto. No mucho. Su ex mujer solia decir que era un romantico, como si eso fuera un insulto. «Un caballero andante -penso mientras veia entrar un hombre en la sala de espera-, aunque con el corazon de un bulldog.»

– ?Es usted Cowart? -inquirio el hombre.

Cowart se puso en pie.

– El mismo.

– Soy Bruce Wilcox. -Y le tendio la mano-. Acompaneme, el teniente Brown llegara dentro de unos minutos. Podemos hablar aqui.

El detective lo condujo por un laberinto de mesas hasta llegar a un despacho acristalado, que desde un rincon presidia la zona de trabajo. En la puerta se leia: TENIENTE T. A. BROWN. HOMICIDIOS. Wilcox cerro la puerta y se acomodo tras una mesa gris, indicando a Cowart que tomara asiento frente a el.

– Hemos tenido un pequeno accidente de avion -dijo mientras ordenaba algunos documentos sobre la mesa-. Un pequeno Piper Cub en vuelo de instruccion. Tanny tuvo que ir al lugar del siniestro y supervisar el rescate del estudiante y el piloto. Los tipos quedaron sepultados en el fondo de un pantano. Un trabajo desagradable, desde luego. Primero hay que vadear toda esa mierda para llegar al avion, y luego extraer los cadaveres. Tengo entendido que se produjo un incendio. ?Alguna vez ha tenido que manipular un cuerpo calcinado? Dios, no se lo recomiendo. -Meneo la cabeza, alegrandose de haberse librado de esa mision en concreto.

Cowart lo examino. Era un hombre rechoncho, de pelo largo y lacio peinado hacia atras; mostraba una acritud distendida y rondaba los treinta. Wilcox se habia sacado una curiosa americana rojiza y la habia colgado en el respaldo de la silla. Ahora se balanceaba en su asiento como queriendo apoyar los pies sobre la mesa. Cowart vio unos hombros anchos y unos brazos fuertes, propios de alguien bastante mas alto.

– En cualquier caso -prosiguio el detective-, rescatar cadaveres es uno de los gajes del oficio. Normalmente me toca a mi… -Levanto el brazo y saco musculo-. Practicaba lucha en el instituto y soy bajito, asi que me puedo colar en rincones pequenos. Espero que en Miami tengan tecnicos y personal de rescate que se encarguen de este tipo de cosas. Aqui tenemos que hacerlo nosotros mismos. De hecho, cualquier cadaver es asunto nuestro. Primero investigamos si se trata de un asesinato (eso es facil cuando te enfrentas a un avion calcinado) y luego llevamos los cuerpos al deposito de cadaveres.

– ?Y como va el negocio? -pregunto Cowart.

– La muerte es un trabajo fijo -respondio el detective y solto una laconica risita-. No hay paro. No hay permisos. No hay epocas de poca demanda. Solo trabajo fijo, buen trabajo. ?Joder!, tendria que haber un gremio de detectives de homicidios; siempre hay alguien que se muere.

– ?Y que clase de asesinatos se producen aqui?

– Bueno, seguramente sabra que tenemos un problema de drogas en toda la costa del Golfo. ?No es una bonita manera de decirlo? Un problema de drogas. Suena bien; aunque yo mas bien diria que se trata de un huracan de drogas. En cualquier caso, no cabe duda de que genera trabajo extra.

– Eso no lo sabia.

– Asi es. Sobre todo en los dos ultimos anos.

– ?Y antes del trafico de drogas?

– Discusiones domesticas que acaban con un cadaver. Muertes por atropello. De vez en cuando alguien dispara o apunala por asuntos de juego, mujeres o peleas de perros. Ese es el pan de cada dia en el condado. Tambien tenemos algunos conflictos propios de grandes ciudades como Pensacola; sobre todo con los soldados. Peleas en locales, ya sabe. Hay un foco de prostitucion en torno a la base, y eso tambien arroja navajazos y tiroteos. Navajas mariposa y pistolas del 32 con culatas de nacar. Como he dicho, algo muy parecido a lo que usted se habia imaginado; nada demasiado excepcional.

– ?Y el caso de Joanie Shriver?

El detective hizo una pausa, pensando antes de responder.

– Lo suyo fue diferente.

– ?Porque?

– Ella era diferente. Era solo… -Vacilo, apretando bruscamente el puno y agitandolo en el aire-. Todo el mundo lo sintio. Era… -Volvio a interrumpirse, para respirar hondo-. Deberiamos esperar a que llegue Tanny; en realidad, el llevo ese caso.

– Pensaba que se llamaba Theodore.

– Asi es. Tanny es su apodo; asi llamaban a su padre, que solia regentar un pequeno negocio de curtido de cuero. Siempre tenia ese color de tintura roja en manos y brazos. Tanny trabajaba con el cuando estudiaba en el instituto y en las vacaciones de verano. Heredo el mismo sobrenombre; de hecho, no creo que nadie, excepto su madre, le llamara alguna vez Theodore. El pronunciaba su nombre como Zi-o-dor.

– ?Los dos son de Pachoula? Me refiero…

– Se a lo que se refiere. Claro, solo que Tanny es diez anos mayor que yo. El se crio en Pachoula. Luego fue al instituto. Por aquel entonces era un buen atleta, asi que se marcho para jugar en el equipo de la Universidad Estatal de Florida; pero acabo sudando tinta en la selva con el Primer Regimiento de Caballeria Aerea. Regreso con un par de medallas, acabo sus estudios y consiguio trabajo en la policia. En cambio, yo fui un nino mimado de la Armada. Mi padre paso anos en la base como superintendente de la patrulla de tierra. Me presente al examen de la academia de policia y me quede; fue mi padre quien me marco las pautas del trabajo policial.

– ?Cuanto tiempo llevan en homicidios?

– Yo, unos tres anos. Tanny lleva mas.

– ?Le gusta?

– Es diferente, y mas interesante que ir de patrulla. Llegas a usar la cabeza. -Se dio golpecitos en la frente.

– ?Y Joanie Shriver?

El detective encogio los hombros.

– Fue mi primer gran caso. Ya sabe a que me refiero: la mayoria de los asesinatos son involuntarios. Uno llega a la escena del crimen y alli esta el asesino, atontado al lado de la victima…

Eso era cierto. Cowart recordaba que Vernon Hawkins decia que en la escena del crimen siempre buscaba a la persona que no lloraba pero permanecia en pie, con los ojos como platos, en estado de shock y confundida. Porque ese era el asesino.

– O si no, ahora tambien estan estos asuntos de drogas. Aunque en buena parte solo consiste en recoger cadaveres. ?Sabe como lo llaman en la oficina del fiscal general de Florida? Pescar escoria. No espere resolver un caso de asesinato con un cadaver que ha estado tres dias flotando en el agua, sin ningun documento que lo identifique, con el rostro devorado por los peces, un orificio de bala en la nuca, unos pantalones de diseno exclusivo y cadenas de oro. No, a esos solo se los etiqueta y se los mete en la bolsa, si senor. Pero, joder, la

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