el ruido del motor y los neumaticos, que aranaban la carretera.
– ?Basta ya! -grito Cowart-. ?Que demonios pretende? -Sombras y ramas azotaban el coche al pasar y se abalanzaban sobre ellos desde los margenes de la carretera como jaurias de fieras-. ?Detengase, maldita sea, detengase!
De pronto, Wilcox lo solto, agarro el volante con las dos manos y al mismo tiempo dio un frenazo. Cowart estiro el brazo para no empotrarse contra el parabrisas; el coche vibro y paro en seco con un chirrido.
– ?Listo! -exclamo el detective, y apuro la respiracion. Le temblaban las manos.
– ?Se ha vuelto loco? -grito Cowart-. ?Quiere que nos matemos?
El detective no contesto. Se limito a apoyar la cabeza en el respaldo y a respirar hondo, como intentando recobrar el dominio perdido en el trayecto suicida; luego se volvio hacia Cowart y, clavando en el sus ojos pequenos y entornados, dijo:
– Relajese, senor periodista. Eche un vistazo alrededor.
– ?Por el amor de Dios!, ?para que ha montado todo ese numerito?
– Solo queria ponerlo un poco en situacion.
Cowart respiro hondo.
– ?Conduciendo como un loco e intentando matarnos?
– No -respondio el detective, y le dedico una sonrisa radiante-. Queria mostrarle lo facil que le resulto a Ferguson arrancar a esa nina de la civilizacion para meterla en la puta selva. Eche un vistazo. ?Cree que aqui alguien podria oirle si gritara pidiendo ayuda? ?Quien iba a acudir? Observe este lugar, Cowart. ?Que ve?
Cowart miro por la ventanilla y vio un oscuro pantano y un bosque que se extendian ante sus ojos, cubriendolo todo como una mortaja.
– ?Quien cree que acudiria en su ayuda?
– Nadie.
– ?Quien cree que iba a ayudar a esa nina de once anos?
– Nadie.
– ?Sabe donde estamos? En el infierno. Se llega en cinco minutos; eso es todo. La civilizacion deja de existir. Esta es la puta selva. ?Entiende?
– Entiendo.
– Solo queria que lo viera tal como Joanie Shriver lo vio.
– Entiendo.
– De acuerdo -dijo el detective, volviendo a sonreir-. Ocurrio asi de rapido. Luego se la llevo bosque adentro. Vamos.
Wilcox se apeo y se dirigio al maletero. Saco unas botas marrones de vadeo y arrojo otro par a Cowart.
– Esas le serviran.
Cowart empezo a ponerselas trabajosamente. Al hacerlo, miraba el suelo. De repente se agacho y palpo la tierra; luego se reunio con el detective. «Esta bien -penso-, juguemos.»
– Huellas de neumaticos -dijo, senalando el suelo con el dedo.
– ?Que dice?
– Las huellas de unos putos neumaticos. Mire esta tierra. Si la hubiera traido hasta aqui, el coche habria dejado huellas. Y se podrian haber comparado con las de sus neumaticos. ?O es que ustedes los vaqueros no saben de estas cosas?
Wilcox sonrio, resistiendose a morder el anzuelo.
– Era el mes de mayo. La tierra se convierte en polvo.
– No bajo esta fronda.
El detective lo miro fijamente. Luego se echo a reir, socarron.
– No tiene un pelo de tonto, ?verdad?
Cowart guardo silencio.
– Los periodistas de por aqui no son tan avispados. No senor.
– No me haga la pelota. ?Por que no tomaron muestras de las huellas?
– Porque esta zona se lleno de vehiculos del personal de rescate y de los jodidos grupos de busqueda. Ese fue uno de los grandes problemas que tuvimos en un primer momento. En cuanto corrio la voz de que la habian encontrado, todo el mundo vino aqui. Y pisotearon la maldita escena del crimen. Cuando llegamos Tanny y yo, estaba hecha un mapa. Bomberos, conductores de ambulancia,
– Entonces, ?la jodieron?
– Si. -El detective lo miro a los ojos-. No quiero que esto salga en la prensa. Me refiero a que puede mencionar que la escena del crimen estaba hecha un desastre, pero no quiero leer: «El detective Wilcox reconoce que la jodieron en la escena del crimen.»
Cowart observo como se ponia las botas. Entonces recordo otra maxima de Hawkins: si te fijas bien, la escena te lo dira todo. Pero Wilcox y Brown no habian tenido escena alguna. No habian tenido pruebas impolutas; asi que tuvieron que optar por otra cosa que les abriese las puertas del tribunal: una confesion.
El detective se ajusto las botas y dijo:
– Vamos, urbanita. Deje que le ensene un buen lugar para morir.
Echo a caminar por el bosque, haciendo crujir los matorrales al pasar.
El lugar en que Joanie Shriver habia muerto era oscuro y estaba rodeado de algas y lianas, con ramas salientes que tapaban el sol como una cueva natural. Era un pequeno claro cubierto de lodo y agua negra, unos tres metros sobre el nivel del pantano. Se encontraban a escasos cincuenta metros del coche, pero el recorrido habia sido accidentado. Cowart tenia aranazos en las manos y el rostro de apartar los espinos a su paso; estaba empapado en sudor, y las gotas que le caian por la frente le escocian los ojos. Cuando llego al pequeno claro, penso que alli habia algo enfermizo. Por un terrible instante imagino que su propia hija estaba alli, y se quedo sin respiracion. «Piensa una buena pregunta», se repitio mientras miraba al detective. Algo para romper el frio lazo que le habia echado al cuello su propia imaginacion.
– ?Como pudo llegar hasta aqui con la nina pataleando y dando gritos? -dijo al cabo.
– Pensamos que estaba inconsciente. Seria solo peso muerto.
– ?Como?
– No tenia heridas defensivas en las manos ni en los brazos… No habia indicios de que se defendiera, ni rastro de piel bajo las unas. En cambio, tenia una fuerte contusion en la sien; el forense cree que llevaba bastante tiempo inconsciente. Supongo que eso es un consuelo; al menos no debio de ser muy consciente de lo que le estaba ocurriendo. -Se acerco al tronco caido de un arbol y senalo el suelo-: Aqui encontramos su ropa. Es de locos, pero estaba perfectamente doblada, impecable.
Luego se alejo unos pasos hacia el centro del claro. Levanto la mirada como para atisbar el cielo entre tanta espesura, movio la cabeza y le hizo senas a Cowart.
– En este punto hallamos la mayor parte de los restos de sangre. La mato justo aqui.
– ?Como es que nunca se encontro el arma homicida?
El detective se encogio de hombros.
– Mire alrededor. Peinamos toda la zona y utilizamos un detector de metales. Nada. O bien se deshizo de ella en otro sitio o no se. Mire, usted mismo podria vadear el pantano y clavar un cuchillo en el lodo del fondo, a unos treinta centimetros de profundidad, y nosotros jamas lo encontrariamos, a no ser que lo pisaramos.
Siguio caminando por el claro.
– Habia un pequeno rastro de sangre que llevaba justo hasta alli. La autopsia confirmo que la violacion precedio a la muerte, asi como la mitad de los cortes; aunque buena parte de ellos se realizaron despues. Es como si al verla muerta se hubiese vuelto loco y sentido un irrefrenable impulso de acuchillarla. En cualquier caso, en cuanto acabo con ella, la arrastro hasta aqui y la arrojo al agua.
