– No se hallo relacion alguna.

– ?El modus operandi de esas agresiones fue el mismo que en el caso de Joanie Shriver?

– No. Cada caso presentaba ciertas similitudes, pero tambien habia aspectos diferentes. En dos de ellos se empleo un arma de fuego para intimidar a las victimas, y en el resto un arma blanca. A un par de mujeres las siguieron hasta sus casas; a la otra la agredieron mientras hacia footing. No pudimos determinar un patron sistematico.

– ?Las victimas eran blancas? -pregunto Cowart.

– Si.

– ?Jovenes, como Joanie Shriver?

– No. Todas eran adultas.

Cowart hizo una pausa y luego pregunto:

– Teniente, ?sabe cuales son las estadisticas del FBI sobre violaciones de negros a blancas?

– Se que usted me lo va a decir.

– Menos del cuatro por ciento de los casos denunciados en todo el pais. Es una rareza, pese a tanto estereotipo y tanta paranoia. ?Cuantos casos de violaciones de negros a blancas ha tenido en Pachoula antes de Ferguson?

– Ninguno, que yo recuerde. Y no me sermonee sobre estereotipos. -Brown miraba a Cowart, y Wilcox cambio de posicion en su silla-. Las estadisticas no dicen nada -anadio tranquilamente.

– ?Ah, no? Vale. Pero el estaba en casa, de vacaciones.

– Asi es.

– Y a nadie le caia muy bien. O eso he oido.

– Correcto. Era una rata de alcantarilla que miraba a todo el mundo por encima del hombro.

Cowart lo observo un momento y luego dijo:

– ?Sabe lo ridiculo que suena eso? Una persona que no es bien recibida viene a ver a su abuela y ustedes quieren acusarla de violacion. No me extrana que no le gustara estar aqui.

Tanny Brown refunfuno algo, pero luego callo. Durante unos segundos clavo la mirada en Cowart, como intentando penetrar en su interior. Finalmente, respondio despacio:

– Si. Se lo ridiculo que suena. -Sus ojos se entornaron.

Cowart se inclino hacia delante en la silla. «No lograra ponerme nervioso», penso, y con voz firme dijo:

– ?Por eso fue primero a casa de su abuela, a buscarlo?

– Eso es. -Brown se disponia a anadir algo cuando, de pronto, cerro la boca.

Cowart notaba la tension entre ambos y sabia lo que el teniente iba a decir en aquel preciso instante:

– Tenia un presentimiento, ?verdad? El sexto sentido del viejo policia. La corazonada de que debia obrar en consecuencia. Eso es lo que iba a decir, ?no?

Brown lo fulmino con la mirada.

– Vale. Si. Exacto. -Miro a Wilcox y luego a Cowart-: Bruce me ha advertido de que tenia usted mucha labia, pero supongo que queria comprobarlo personalmente.

Cowart devolvio al teniente su fria mirada.

– No es que tenga mucha labia. Usted haria lo mismo si estuviera en mi lugar.

– No, no es verdad -dijo Brown-. Yo no intentaria ayudar a ese asesino hijo de puta a salir del corredor de la muerte.

Ambos guardaron silencio. Al cabo de unos momentos, Brown dijo:

– Esto no es justo.

– Exacto, si lo que usted pretende es convencerme de que Ferguson es un mentiroso.

Brown se puso en pie y empezo a pasearse por el despacho, al parecer reflexionando. Se movia como agazapado, como un velocista en la linea de salida esperando el pistoletazo, con los musculos tensos, y en todo momento hacia saber a Cowart que no le gustaba nada verse limitado, ni en aquel diminuto despacho, ni por los detalles.

– Era culpable -dijo por fin-. Lo supe desde el primer momento en que lo vi, mucho antes de lo de Joanie Shriver. Puede que no sea una prueba, pero yo lo sabia.

– ?Cuando fue eso?

– Un ano antes del asesinato. Lo eche de la entrada del instituto. Estaba sentado en aquel coche, viendo salir a los chicos.

– ?Y que hacia usted alli?

– Recoger a mi hija. Ahi fue donde lo descubri. Despues de aquel dia lo vi varias veces, siempre haciendo algo que me incomodaba, estaba en el sitio equivocado en el momento menos indicado; o conduciendo despacio por la calle, siguiendo a alguna chica. Y no solo yo lo note, sino tambien un par de policias de Pachoula que me lo comentaron. Una vez lo trincaron a medianoche, merodeando tras un bloque de apartamentos; cuando el coche patrulla paso por alli, trato de esconderse. Retiraron los cargos, pero aun asi…

– Sigo sin ver pruebas.

– ?Maldita sea! -estallo el teniente-. ?Es que no me esta escuchando? No teniamos ninguna. Nos guiamos por impresiones. Por ejemplo, cuando llegamos a casa de Ferguson y lo vimos lavando el coche y que ya habia arrancado un trozo de alfombrilla; o cuando lo primero que salio de su boca fue «Yo no mate a esa nina», antes de oir ninguna pregunta. Y por la manera de sentarse en la sala de interrogatorios, riendo porque sabia que no teniamos pruebas. Todas esas impresiones eran algo mas que mero instinto, porque el muy cabron acabo hablando. Y, si senor, todas esas impresiones resultaron absolutamente fundadas, porque al final confeso haber matado a la nina.

– Entonces, ?donde esta el cuchillo? ?Donde esta su ropa cubierta de sangre y lodo?

– Eso no lo dijo.

– ?Explico que la estuvo esperando a la salida del colegio? ?Como la metio en el coche? ?Lo que le dijo? ?Si ella se resistio? ?Que les conto Ferguson?

– ?Maldita sea, lealo usted mismo!

El teniente Brown saco unos papeles de la carpeta que tenia sobre la mesa y los arrojo hacia Cowart; este bajo la mirada y vio que se trataba de la copia oficial de la confesion, transcrita por un taquigrafo judicial. Era breve, de solo tres paginas. Los dos detectives le habian leido todos sus derechos, en especial el derecho a un abogado. La lectura de los derechos ocupaba toda una pagina. Le habian preguntado si lo entendia y el les habia respondido que si. La primera pregunta estaba formulada en terminos policiales: «Veamos, hacia las tres de la tarde del 4 de mayo de 1987, ?pudo haber pasado usted por la esquina de las calles Grand y Spring, proxima al colegio King?» Y Ferguson habia contestado con un monosilabo: «Si.» Entonces los detectives le habian preguntado si habia visto a la nina, en lo sucesivo Joanie Shriver, y una vez mas su respuesta habia sido una simple afirmacion. Despues pasaron a reconstruir minuciosamente los hechos, y cada vez que preguntaban algo recibian una respuesta afirmativa, aunque ninguna matizada con el menor detalle. Cuando le habian interrogado sobre el arma y otros aspectos cruciales del crimen, el habia contestado que no lo recordaba. La pregunta final estaba pensada para establecer la premeditacion. Era la que habia llevado a Ferguson al corredor de la muerte: «?Aquel dia fue usted a aquel lugar con la intencion de secuestrar y asesinar a una nina?» Y, de nuevo, el respondio con un sencillo y terrible: «Si.»

Cowart meneo la cabeza. Ferguson no habia articulado mas que una unica palabra, «Si», una y otra vez. Cowart se volvio hacia Brown y Wilcox:

– No es precisamente un modelo de confesion, ?no?

Wilcox, que habia permanecido sentado, aquejado de una creciente frustracion, acabo levantandose con la cara enrojecida y amenazo al periodista:

– ?Que cojones quiere? Maldita sea, estoy tan seguro de que Ferguson mato a esa nina como de que ahora estoy aqui de pie. Pero usted es tan imbecil que no quiere oir la verdad.

– ?La verdad? -Cowart nego con la cabeza y Wilcox estallo.

El detective se abalanzo desde el otro lado de la mesa y agarro al periodista de la chaqueta, arrastrandolo hasta sus pies.

– ?Me esta cabreando, gilipollas! ?Y mas le vale que no me cabree!

Brown se lanzo para sujetar a su companero con una mano y apartarlo de un empujon, dominando facilmente

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