Estamos teniendo una bonita charla por telefono, pero creo que deberia estar llamando al aeropuerto para coger un avion que lo traiga aqui esta misma tarde.
– Esta bien, esta bien. Ire. Por el amor de Dios…
– Fue usted quien empezo esta historia, senor Cowart. Supongo que el viejo Sully solo quiere que ahora escriba el ultimo capitulo. No me sorprende, ?sabe?
Cowart se limito a colgar el auricular. Luego se asomo al despacho de Will Martin y le explico brevemente aquella insolita cita.
– Ve -dijo el veterano periodista-. Marchate ahora mismo. Sera una gran noticia. Venga, mueve el culo.
Cowart hablo brevemente con el director adjunto, antes de correr a su apartamento para coger su cepillo de dientes y una muda de ropa. Tomo el primer vuelo de la tarde.
Era entrada la tarde, gris y lluviosa, cuando llego a la prision, conduciendo un coche de alquiler a toda velocidad. El compas del limpiaparabrisas le habia hecho pisar el acelerador. El sargento Rogers lo esperaba en las oficinas de administracion. Se dieron la mano como viejos companeros de equipo.
– Ha hecho una buena marca -dijo el sargento.
– He conducido pensando en lo que significa cada minuto, cada segundo de vida.
– Ya -asintio Rogers-. No hay nada como tener marcados el dia y la hora de la muerte para dar importancia a los pequenos momentos.
– Es aterrador.
– Lo es. Como le dije, senor Cowart, el corredor de la muerte te da una perspectiva diferente de la vida.
– No he visto manifestantes ahi fuera.
– De momento no han aparecido. Hay que odiar de verdad la pena de muerte para querer empaparse bajo la lluvia por el viejo Sully. Espero que lleguen dentro de un par de dias. Se supone que el tiempo mejorara esta noche.
– ?Alguien mas ha venido a verlo?
– Hay abogados blandiendo apelaciones ya redactadas… pero el solo lo ha citado a usted. Tambien han venido algunos detectives; esos dos de Pachoula estuvieron aqui ayer, pero no quiso hablar con ellos. Tambien vinieron un par de agentes del FBI y unos tipos de Orlando y Gainesville. Pretendian aclarar un punado de asesinatos aun sin resolver, pero Sully tampoco los recibio. Solo quiere verle a usted. A lo mejor se lo cuenta todo; si lo hiciera, ayudaria a mas de uno. Eso es lo que hizo el viejo Ted Bundy antes de sentarse en la silla. Aclaro un monton de misterios que atormentaban a algunas personas. No se si le sirvio de mucho cuando se fue al otro barrio, pero ?quien sabe?
– Vamos.
– De acuerdo.
Rogers examino por encima la libreta y el maletin de Matthew Cowart antes de conducirlo por puertas y detectores de metales hasta las entranas de la prision.
Sullivan esperaba en su celda. El sargento coloco una silla fuera e indico a Cowart que tomara asiento.
– Necesito intimidad -mascullo Sullivan.
Estaba mas palido. Su pelo peinado hacia atras brillaba a la luz de la unica bombilla. Sullivan se movia nerviosamente en la celda de pared a pared, retorciendose las manos y con los hombros encorvados.
– Necesito mi intimidad -repitio.
– Sully, sabe que no hay nadie en la celda de la izquierda ni en la de la derecha. Ya puede hablar -dijo Rogers con paciencia.
El condenado sonrio torcidamente.
– Hacen que parezca una tumba -dijo a Cowart cuando el sargento se alejaba-. Han hecho que todo este quieto y silencioso, para que empiece a acostumbrarme a vivir en un ataud.
Se acerco a los barrotes y los sacudio una vez.
– Como en un ataud -dijo-. Encerrado para siempre.
Sullivan solto una resonante carcajada que fue desintegrandose hasta quedar en un mero resuello.
– Parece haber prosperado, Cowart.
– Las cosas van bien. ?En que puedo ayudarlo?
– Ya. A eso vamos. Pero antes digame, ?ha tenido noticias de nuestro Bobby Earl?
– Cuando gane el premio llamo para felicitarme. Pero lo que se dice hablar, no hablamos. Supongo que ha retomado sus estudios.
– ?Seguro? La verdad, no me parecio un tipo demasiado aplicado. Pero tal vez la universidad tiene algun atractivo especial para el viejo Bobby Earl. Algun atractivo muy especial.
– ?Que insinua?
– Nada, nada. Nada que usted no deba recordar de aqui a un tiempo. -Sacudio la cabeza y dejo que se le estremeciera el cuerpo-. ?Hace un dia frio, Cowart?
A Cowart el sudor le resbalaba por la espalda.
– No. Hace calor.
Sullivan sonrio.
– Nunca se si hace frio o calor; si es de dia o de noche. A veces pienso como si fuera un nino; supongo que es parte de la agonia. Uno retrocede en el tiempo por naturaleza.
Se puso en pie y fue hasta la pequena pica que habia en un rincon de la celda. Abrio el grifo y se inclino para beber largos tragos.
– Y siempre tengo sed. La boca se me seca continuamente, como si alguien me estuviera absorbiendo todo el liquido. -Cowart no respondio-. Por supuesto, imagino que la primera descarga de dos mil quinientos voltios dara sed a todos los presentes.
El periodista sintio que se le secaba la garganta.
– ?Va a apelar?
Sullivan torcio el gesto.
– ?Usted que cree?
– Que no.
Sullivan lo miro fijamente.
– Cowart, debe saber que ahora me siento mas vivo que nunca.
– ?Para que queria verme?
– Ultima voluntad y testamento. Ultima confesion. Las celebres ultimas palabras. ?Como suena eso?
– Como usted quiera.
Sullivan apreto el puno y golpeo la quietud de la celda.
– ?Recuerda que le dije cuan lejos podia llegar? ?Y lo insignificantes que eran estas paredes y estos barrotes? ?Que no temo la muerte, que la recibire con los brazos abiertos? Creo que en el infierno me espera un sitial privilegiado. Estoy convencido. Y usted va a ayudarme a ocuparlo.
– ?Como?
– Me va a hacer unos recados.
– ?Y si me niego?
– No lo hara. Esta obligado, Cowart. Quiere llegar al fondo de este asunto, ?no?
Cowart asintio con la cabeza, preguntandose a que estaria accediendo.
– Muy bien, senor periodista famoso, ira a cierto lugar y luego me presentara un informe especial. Es una casita. Quiero que llame a la puerta. Si nadie le abre, se las arreglara para entrar. Nada debe impedirle entrar en esa casa. Mantendra los ojos bien abiertos. Una vez dentro, se fijara bien en todos los detalles, ?me oye? Y entrevistara a quien encuentre dentro… -Pronuncio «entrevistara» con sarcasmo y solto una risita-. Despues volvera aqui y me contara lo que haya descubierto; solo entonces le contare algo que vale la pena. El legado de Blair Sullivan. -Se tapo la cara con las manos un momento y luego se meso el pelo hacia atras, mientras reia socarron-. Sera una historia que valdra la pena conocer. Se lo prometo.
Cowart titubeo, asaltado por una aguda incertidumbre.
– ?Preparado? Quiero que vaya al numero trece (buen numero) de Tarpon Drive, en Islamorada.
– Eso esta en los cayos. Acabo de llegar de…
– ?Vaya alli! Y luego regrese a contarme lo que ha visto. Y no se deje nada en el tintero.
