– Seguramente piensa que su trabajo es solo cazar coches que rebasen el limite de velocidad de camino a cayo Vizcaino.
En ese momento oyeron los juramentos del policia.
– ?Puta mierda! ?Joder! -La exclamacion subio repentinamente de tono, como una gaviota sorprendida que surca el cielo.
Hubo una pausa y acto seguido el agente salio de la casa a trompicones. Cruzo el patio delantero, dejando atras a Cowart y al cartero, y vomito.
– Vaya -dijo en voz baja el cartero. Se ajusto la coleta y sonrio.
– El hedor es insoportable -dijo Cowart, viendo al policia boquear agitadamente.
Al cabo, el agente se enderezo palido como la cera. Cowart le dio un panuelo y el policia se enjugo la cara.
– Pero ?quien demonios…?
– ?Quien? Son los padres adoptivos de Blair Sullivan -respondio Cowart-. ?Por que? Eso ya es otra cuestion.
– No puede haberlo hecho Sullivan -dijo el cartero-. ?No se supone que lo van a electrocutar?
– Asi es.
– Dios. Pero ?como ha llegado usted hasta aqui?
«Buena pregunta», penso Cowart, y respondio:
– He venido en busca de noticias.
– Pues me parece que las ha encontrado -dijo el cartero.
Cowart permanecio de pie en un rincon mientras los analistas recogian pruebas en la escena del crimen; observo como trabajaban, consciente de que el tiempo se le escurria entre los dedos. Habia telefoneado a la seccion de noticias locales para informar al redactor jefe sobre lo ocurrido; y este, por muy acostumbrado que estuviera a los absurdos propios del sur de Florida, se llevo una sorpresa.
– ?Que crees que hara el gobernador? -pregunto-. ?Crees que mantendra la ejecucion?
– No lo se. ?Y tu?
– ?Maldita sea!, ?quien puede saberlo? ?Cuando volveras para preguntarle a ese loco hijoputa que esta pasando aqui?
– Volvere en cuanto pueda salir de aqui.
Pero se vio obligado a esperar.
La recogida de pruebas en el escenario de un crimen es una labor que requiere paciencia. Las nimiedades cobran importancia; incluso el menor detalle puede resultar crucial. Y se convierte en una tarea apasionante para los profesionales que se sirven de la ciencia para desentranar el crimen.
Cowart se inquietaba con solo pensar que Sullivan lo esperaba en su celda. No dejaba de mirar el reloj. Hasta bien entrada la tarde no se le acercaron dos detectives del condado de Monroe. El primero era un hombre maduro con un desalinado traje marron; su colega era una mujer mucho mas joven, una rubia tenida que vestia chaqueta y pantalones holgados para su delgada figura. Cowart vio que bajo la chaqueta le asomaba una pistola enfundada. Ambos llevaban gafas de sol, pero la mujer se saco las suyas al acercarse a Cowart, dejando al descubierto unos ojos grises que se clavaron en el antes de dar paso a las palabras.
– ?Senor Cowart? Me llamo Andrea Shaeffer. Soy detective de homicidios y este es mi colega, Michael Weiss. Estamos al frente de la investigacion. Nos gustaria tomarle declaracion. -Saco un boligrafo y una pequena libreta.
Cowart asintio con la cabeza. Tambien el saco su libreta y la mujer le dijo sonriendo:
– La suya es mas grande que la mia.
– ?Que puede decirme sobre la escena del crimen? -pregunto Cowart.
– ?Me lo pregunta como periodista?
– Por supuesto.
– Oiga, ?y que le parece si primero responde a mis preguntas? Senor Cowart -dijo la detective-, esto es un asesinato. No estamos acostumbrados a que un periodista nos pregunte sobre un crimen antes de que lo hayamos descubierto. Normalmente es al contrario. Asi que, ?por que no nos explica ahora mismo como y por que descubrio usted esos cadaveres?
– Llevan muertos un par de dias -dijo Cowart.
La detective asintio con la cabeza.
– Eso parece. Pero usted vino aqui precisamente esta manana. ?Como se explica eso?
– Blair Sullivan me dijo que viniera. Ayer, en su celda del corredor de la muerte.
Shaeffer tomo nota, pero hizo un gesto con la cabeza.
– No lo entiendo. ?El sabia…?
– No se lo que el sabia. Simplemente insistio en que viniera aqui.
– ?Y como se lo dijo?
– Me dijo que viniera a entrevistar a las personas que vivian en esta casa. Despues supe de quienes se trataba. Debia regresar a la prision de inmediato. -Noto el sofoco del tiempo perdido.
– ?Sabe quien mato a esas personas? -pregunto Shaeffer.
– No. -«No con certeza absoluta», penso.
– ?Y cree que Blair Sullivan sabe quien lo hizo?
– Es posible.
La detective suspiro.
– Senor Cowart, ?se da cuenta de lo extrano que resulta todo esto? Nos ayudaria si fuera un poco mas comunicativo.
Cowart sintio que los ojos de la mujer lo escrutaban, como si con la sola fuerza de su mirada pudiera poner a prueba su memoria en las respuestas. Se incomodo.
– Tengo que volver a Starke -dijo-. Tal vez entonces pueda ayudarles.
Shaeffer asintio.
– Creo que uno de nosotros deberia ir con usted. O quiza los dos.
– El no hablara con ustedes -dijo Cowart.
– ?Ah, no? ?Y por que?
– No le gustan los policias. -Pero Cowart sabia que aquello era solo una excusa.
El dia habia alcanzado su cenit y, para cuando Cowart llego a la prision, avanzaba hacia la tarde. Lo habian retenido en la casa de Tarpon Drive hasta el anochecer, momento en que los detectives habian terminado su trabajo. Habia regresado a la redaccion
Delante de la prision las cosas habian cambiado mucho. Habia mas de una docena de furgonetas de television en el aparcamiento, con sus respectivos distintivos estampados en los laterales: «En directo», «Noticias en accion» y similares. La mayoria disponia de equipos portatiles para emitir en directo via satelite. Habia camaras hablando, compartiendo anecdotas o trabajando en su equipo como soldados que se preparan para la batalla. Tambien merodeaban por alli numerosos periodistas y fotografos. Tal como estaba previsto, la carretera estaba atestada de manifestantes de ambos bandos, que silbaban, tocaban el claxon y se lanzaban gritos de imprecacion.
Cowart aparco e intento ir discretamente hacia el acceso a la prision, pero lo descubrieron casi de inmediato y no tardo en verse rodeado de camaras. Por su parte, los dos detectives se abrian paso en la misma direccion y lograron rodear la multitud que se agrupaba en torno a Cowart.
El periodista alzo la mano.
– Ahora no. Por favor, ahora no.
– ?Eh, Matt! -lo llamo un periodista de television al que conocia de Miami-. ?Vas a ver a Blair Sullivan? ?Va a explicarte que diablos pasa aqui?
Los focos de la camara se mezclaron con la intensa luz del sol. Cowart intento protegerse los ojos.
