Sullivan asintio con la cabeza.
– Bien. Siga.
– Degollados.
Sullivan asintio.
– Habia sangre por todas partes. Su madre estaba desnuda. Tenian la cabeza hacia atras, asi…
– Siga. ?La habian violado?
– No sabria decirle. Habia muchas moscas.
– Eso me gusta. Zumbando alrededor… ?Hacian mucho ruido?
– Asi es. -Cowart oia sus propias palabras como ajenas. Penso que alguna parte de su ser cuya existencia desconocia se habia apoderado de el.
– ?Cree que sufrieron mucho? -pregunto Sullivan.
– ?Como voy a saberlo?
– Vamos, Cowart. ?Le parecio que tuvieron tiempo de contemplar su propia muerte?
– Creo que si. Estaban atados a las sillas. Seguramente se miraron el uno al otro hasta el momento final. Supongo que uno tuvo que ver como moria el otro, a no ser que hubiera mas de un asesino.
– No, solo habia uno -dijo Sullivan en voz baja, y se froto los brazos-. ?Estaban sentados?
– Ya se lo he dicho. Estaban atados a las sillas.
– Como yo.
– ?Que quiere decir?
– Atado a una silla. Y luego ejecutado. -Rompio a reir.
Cowart noto que el frio se convertia de repente en calor.
– Habia una Biblia.
– Y hay quien muere sin gloria, como si nunca…
– Exacto.
– Perfecto. Tal como tenia que ser.
Sullivan se puso en pie y se rodeo el cuerpo con los brazos, abrazandose como para contener los sentimientos que retumbaban en su interior. Los musculos de los brazos se le marcaron y una vena le palpito en la frente, la cara enrojecida… Hasta que exhalo una larga bocanada de aire.
– Lo veo -dijo-. Puedo verlo. -Levanto los brazos, estirandose. Y los bajo de repente-. ?De acuerdo! -dijo-. Hecho.
Durante unos momentos resollo como un atleta despues de una carrera; luego clavo la mirada en sus propias manos mientras las retorcia hasta convertirlas en garras. Los dragones de los antebrazos cobraron vida. Rio para sus adentros y se volvio hacia Cowart.
– Pero ahora vayamos a otra cosa, al ingrediente que hace que todo esto valga la pena.
– ?A que se refiere?
Sullivan meneo la cabeza.
– Saque su libreta y la grabadora. Es hora de conocer el legado, la ultima voluntad y testamento del viejo Sully.
Mientras Cowart lo ponia todo a punto, Sullivan volvio a tomar asiento en el borde de la litera. Fumaba lentamente, recreandose en cada larga calada.
– ?Preparado, Cowart? De acuerdo. ?Por donde empiezo? Bueno, empezare por lo obvio. Cowart, ?cuantas muertes se me han atribuido?
– Oficialmente, doce.
– Asi es. Pero seamos exactos. Me han condenado y sentenciado a muerte por esos dos de Miami, aquella tia buena y su novio. Eso es lo oficial. Y luego yo confese haber cometido otros diez asesinatos; por amabilidad, supongo. Como los casos estan en manos de esos detectives, ahora no entrare en detalles. Y luego esa nina de Pachoula, la que hace trece, ?no?
– Exacto.
– Bueno, de momento vamos a dejarla a un lado. Volvamos al numero doce como punto de partida, ?le parece?
– De acuerdo. El doce.
Sullivan solto una carcajada.
– Bueno, esa no es la cifra exacta. Ni por asomo.
– ?A cuantas personas ha asesinado?
Sullivan sonrio.
– He estado aqui sentado, tratando de echar cuentas, Cowart. Sumando y sumando, intentando dar con la cifra exacta, ?sabe? No quiero que surjan dudas al respecto.
– ?A cuantas?
– ?Y si le dijera que unas treinta y nueve, Cowart? -Se reclino en su asiento, meciendose ligeramente. Alzo las rodillas y se las abrazo, sin dejar de balancearse-. Claro que tal vez me deje una o dos. Cosas que pasan. Algunos asesinatos son casi identicos, no tienen esa chispa que los hace perdurar en la memoria.
Cowart guardo silencio.
– Empecemos con una ancianita a las afueras de Nueva Orleans. Vivia sola en un complejo de apartamentos para la tercera edad, en un pueblecito llamado Jefferson. La vi una tarde, iba paseando sola, tranquilamente, disfrutando del dia como si le perteneciera. Asi que la segui. Vivia en una calle llamada Lowell Place. Ella creo que se llamaba Eugenia Mae Phillips. Cowart, me esfuerzo por recordar estos detalles porque cuando uno va a matar, los necesita para seguir adelante. Esto fue hace unos cinco anos, en septiembre. Al caer la noche, abri con una palanqueta una puerta que habia en la parte de atras. Era un apartamento con terraza. No habia ni un pestillo, ni una luz, nada de nada. Digame, ?por que vivia alli? Era muy posible que alguien la asesinara, si senor. No hay violador, ladron o asesino que se precie que no vea uno de esos apartamentos y entre de un salto solo por diversion, porque no ofrecen dificultad alguna. Al menos debia haber tenido un buen perro guardian. Pero en cambio tenia un periquito, un periquito amarillo en una jaula. Tambien lo mate. Y eso es lo que sucedio. Claro que primero me diverti un poco con ella. Estaba tan asustada que apenas se resistio cuando le tape la cabeza con aquella almohada. Cometi violacion y robo en otros cinco apartamentos de la zona. Ella fue la unica a la que mate. Luego me fui de alli. ?Sabe?, si uno se mueve deprisa, no le pasa nada.
Sullivan hizo una pausa.
– Tengalo presente, Cowart. No deje de moverse. Nunca se quede quieto ni eche raices. Si se mueve, la policia no lo atrapara. Maldita sea, me han detenido por vagabundeo, allanamiento de morada, por sospechoso de robo, todo tipo de mierdas. Pero nunca por asesinato. Pase un par de noches en la carcel y en una ocasion me tuvieron un mes en un calabozo de Dothan, Alabama. Era un lugar asqueroso, lleno de ratas y cucarachas, y el hedor era insoportable. Pero nunca nadie me detuvo por lo que realmente era. ?Como iban a hacerlo? Yo no era nadie… -Sonrio-. O eso pensaban.
Titubeo, mirando a traves de los barrotes.
– Aunque las cosas han cambiado, ?no? Ahora mismo, Blair Sullivan es un poco mas importante, ?verdad? - Levanto la mirada hacia el periodista-. ?Verdad, joder?
– Si.
– ?Entonces digalo!
– Ahora es mucho mas importante.
Sullivan parecio relajarse, porque hablo mas despacio.
– Eso es. Muy bien. -Cerro los ojos un momento, y cuando se abrieron rebosaban indiferencia-. Bueno, puede que ahora mismo sea el tipo mas importante del estado de Florida, ?no le parece, Cowart?
– Tal vez.
– Bueno, y todo el mundo quiere saber lo que sabe el viejo Sully, ?cierto?
– Cierto.
– ?Entiende lo que eso significa, Cowart?
– Creo que si.
– Estupendo. Me atreveria a decir que mucha gente estara intrigada… -alargo la palabra, dejandola rodar en la lengua como si se tratara de un caramelo duro- por lo que el viejo Sully tiene que decir.
Cowart asintio con la cabeza.
