le jode es que todavia queda odio en su interior. Todavia hay algo que le gustaria hacer antes de morir, aunque tenga que hacerlo a las puertas de la muerte. Algo muy importante para el. Algo tan malvado y descabellado que solo hay una persona en este mundo a la que podria pedirle que lo hiciera.

– ?A quien?

– A alguien como el. -Sullivan se quedo mirando a Cowart, que se quedo petrificado en la silla-. Alguien exactamente igual que el.

Cowart guardaba silencio.

– Entonces descubren que tienen mucho en comun. Como que habian estado en el mismo lugar al mismo tiempo, conduciendo el mismo tipo de coche. Y se les ocurre una idea, ?sabe? Una idea muy buena. La clase de plan que no habria concebido ni el mismisimo ayudante del demonio. El hombre que jamas saldra del corredor de la muerte se atribuira el crimen del otro. Y a cambio, el otro hombre hara algo por su socio cuando salga en libertad. ?Me sigue?

Cowart permanecia inmovil.

– ?Lo ve, maldito cabron? Nunca se lo habria tragado si las cosas hubiesen sido al reves. Por un lado, el pobre e inocente hombre negro, injustamente condenado; la gran victima del racismo y el prejuicio. Por otro, el tipo blanco, malo y despiadado. Nunca habria funcionado si hubiera sido al contrario, no costaba tanto imaginarselo. Y lo mas importante: todo lo que tuve que hacer fue hablarle a usted del cuchillo y escribir esa carta en el momento oportuno para que pudieran leerla en la vista. Pero lo mejor fue que solo hizo falta negar la autoria del crimen, decir que yo no tenia nada que ver en el asunto. Lo cual era verdad. La mejor manera de hacer que una mentira funcione, Cowart, es anadirle un poco de verdad. Sabia que si yo confesaba, usted habria encontrado la manera de demostrar mi inocencia. Asi que me limite a hacerle creer a usted y a todos sus colegas de la television y los periodicos que yo era el culpable; solo hice que pareciera que esa era la verdad. Luego deje que la naturaleza siguiera su curso. Todo lo que tuve que hacer fue abrir apenas la puerta… -volvio a soltar una carcajada- para que Bobby Earl se colara por la rendija en cuanto usted la abriera del todo.

– ?Por que iba yo a creerlo?

– Porque hay dos cadaveres sentados en el condado de Monroe. Los numeros cuarenta y cuarenta y uno.

– ?Y por que me lo cuenta?

– Bueno. -Sonrio una vez mas-. Esto no forma parte del trato que hice con Bobby Earl. El cree que el trato se acabo cuando el otro dia fue a Tarpon Drive a hacer ese trabajito por mi. Yo le doy la vida, y el, a cambio, me da la muerte. Asi de sencillo. Cerramos el trato con un apreton de manos y nos despedimos. Al menos eso cree el. Pero ya le dije que el viejo Sully llega a todas partes… -Solto una estridente carcajada. La luz de la bombilla que colgaba del techo se reflejo sobre su craneo afeitado-. Y ?sabe una cosa, Cowart? Yo no soy el tipo mas honrado del mundo.

Sullivan se puso en pie y estiro los brazos.

– A lo mejor de esta manera consigo que Ferguson me acompane de camino al infierno. El numero cuarenta y dos. Le saldria el tiro por la culata. Seria un buen companero de viaje, por asi decirlo. Viajariamos juntos al infierno, a paso ligero. -De pronto dejo de reir-. ?No es una buena broma para antes de morir? El jamas penso que se me pudiera ocurrir.

– ?Y si no me lo creo?

Sullivan solto una risotada.

– Quiere pruebas, ?eh? ?Que cree que el viejo Bobby Earl ha estado haciendo desde que usted lo puso en libertad?

– Ha estado en la universidad, estudiando. Tambien da charlas en algunas parroquias…

– Cowart -lo interrumpio Sullivan-, ?sabe lo estupido que suena eso? ?Le parece que Bobby Earl aprendio algo positivo de la pequena experiencia que vivio en nuestro sistema de justicia penal? ?Cree que ese muchacho es tonto?

– No lo se…

– Eso es. Usted no lo sabe, pero sera mejor que lo descubra. Porque le apuesto a que se han derramado muchas lagrimas a raiz de lo que Bobby Earl ha estado haciendo. Y si no, vaya a comprobarlo usted mismo.

Cowart se tambaleo ante aquel torrente de palabras. Trataba de lidiar con aquella inquina indescriptible.

– Necesito pruebas -repitio con escasa conviccion.

Sullivan silbo y dejo que los ojos se le pusieran en blanco al mirar hacia el techo.

– ?Sabe, Cowart? Es usted como uno de esos chiflados monjes medievales que se pasaban el dia buscando pruebas de la existencia de Dios. ?No reconoce la verdad cuando la oye, amigo?

Cowart nego con la cabeza.

Sullivan sonrio.

– Yo diria que no. -Guardo un momento de silencio, recreandose antes de continuar-. Soy mas listo de lo que cree. Por eso, cuando Bobby Earl y yo lo planeabamos todo, descubri algo mas. Tenia que guardarme un as en la manga, para asegurarme de que Bobby Earl cumplia su parte del trato. Y tambien para guiarlo a usted por el camino de la verdad.

– ?Que es?

– Bueno, hagamos de esto algo emocionante, Cowart. Presteme atencion. No escondio solo el cuchillo. Tambien escondio otras cosas… -Reflexiono un momento antes de dedicar una sonrisa burlona al periodista-. Bueno, supongamos que esas cosas estan en un lugar realmente asqueroso, si senor. Y que usted solo podra verlas si es muy pero que muy listo, Cowart. -Solto una carcajada grotesca.

– No lo entiendo.

– Recuerde mis palabras exactas cuando vuelva a Pachoula. El camino de la verdad puede ser de lo mas sordido. -La dureza que emanaba de aquella voz retumbaba en torno a Matthew Cowart, que permanecia inmovil, estupefacto-. ?Que me dice, eh? ?He conseguido matar tambien a Bobby Earl? -Se inclino hacia delante-. ?Y que me dice de usted? ?He acabado con su vida? -Se recosto bruscamente-. Eso es todo. Final de la historia. Final de la charla. Adios, Cowart. Es hora de morir, pero nos veremos en el infierno.

Se levanto y volvio lentamente la espalda al periodista, cruzo los brazos y clavo la mirada en una pared; los hombros le temblaban de miedo y emocion. Por un momento, Cowart se sintio incapaz de mover las piernas, como un anciano achacoso, como si el peso de lo que acababa de oir le oprimiera los hombros. Su cabeza estaba a punto de estallar y tenia la garganta reseca; la mano le temblo ligeramente cuando la alargo para recoger la libreta y la grabadora. Al ponerse en pie, se tambaleo. Dio un paso, luego otro, y finalmente se alejo a trompicones de aquel psicopata implacable que miraba absorto la pared. Se detuvo al fondo del pasillo y procuro respirar hondo. Estaba nervioso, sentia nauseas, y luchaba por contenerse. Levanto la cabeza cuando oyo pasos. Vio a un adusto sargento Rogers y a una partida de guardias fornidos acercarse por el otro pasillo. Tambien habia un sacerdote con alzacuellos y la frente perlada de sudor, asi como varios funcionarios de prisiones que consultaban inquietos sus relojes. Cowart levanto la mirada y vio un enorme reloj electrico en la pared. El segundero avanzaba inexorablemente. Quedaban diez minutos para la medianoche.

11

PANICO

Cowart temio desvanecerse. Le parecio que se tambaleaba, que avanzaba a trompicones hacia un agujero negro.

– ?Senor Cowart?

El periodista respiro hondo.

– Senor Cowart, ?se encuentra bien?…

Se derrumbo estrepitosamente y noto que el cuerpo se le hacia anicos.

– ?Eh, Cowart! ?Venga, despierte!

Cowart abrio los ojos y vio el semblante palido del sargento Rogers.

– Ahora tiene que ocupar su lugar, Cowart. Aqui no esperamos a nadie, y los testigos tienen que estar sentados antes de medianoche.

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