– ?Donde?
– En Florida, Louisiana y Alabama. Tambien cometio otros delitos, como violaciones y robos.
– ?Durante cuanto tiempo?
– Durante meses. Puede que durante anos.
– ?Y que nos dice de los asesinatos del condado de Monroe? ?Sus padres adoptivos? ?Que le dijo sobre ellos?
Cowart respiro lentamente.
– Contrato a alguien para que cometiera los crimenes. Al menos, eso me dijo. -Sus ojos se desviaron brevemente hacia Shaeffer y vio como esta se inclinaba hacia su companero para comentarle algo.
– ?A quien contrato?
– Eso no lo se. No llego a decirmelo. -Primera mentira.
– ?Vamos, hombre! Le habra dado alguna pista o algun nombre.
– No entro en detalles. -La primera engendro la segunda.
– ?Quiere decir que se identifico como el cerebro de un doble homicidio y usted no le pregunto como lo hizo?
– Se lo pregunte, pero no me lo dijo.
– Bueno, ?y como se puso Sullivan en contacto con su sicario? Le pinchaban las llamadas, su correspondencia pasaba por un censor y estaba incomunicado en el corredor de la muerte. ?Como lo hizo? -Esta pregunta llego respaldada por algunos aplausos. Venia de uno de los periodistas que habian presenciado la ejecucion.
– Insinuo que lo habia hecho a traves de una especie de informador interno. -Y penso: «No es exactamente una mentira, sino una verdad a medias.»
– ?Esta ocultando informacion! -grito alguien.
Cowart nego con la cabeza.
– ?Queremos detalles! -vocifero otro.
Cowart levanto los brazos.
– Va a publicar todo esto en el
El resentimiento y la envidia de los reporteros era palpable. Cualquiera de los presentes habria vendido su alma al diablo por estar en su lugar. Todos sabian que algo habia ocurrido, y se morian por saber exactamente el que. La informacion es la divisa del periodismo y Cowart habia invadido su terreno. Sabia que nadie se lo perdonaria jamas… si la verdad salia a la luz.
– No se lo que voy a hacer -declaro-. No he tenido ocasion de revisarlo todo. Tengo que analizar varias horas de grabacion y luego seleccionar que vale la pena.
– ?Sullivan estaba loco?
– Era un psicopata. Se regia por otra logica. -Al menos esto era totalmente cierto, pero a continuacion vino la pregunta que mas temia.
– ?Que le dijo de Joanie Shriver? ?Al final confeso la autoria del asesinato de la nina?
Cowart podia limitarse a decir que si y acabar con todo aquello. Destruir las grabaciones, vivir con su recuerdo. Pero en cambio opto por un camino entre la realidad y la ficcion.
– Ella era parte de la confesion -dijo.
– ?La mato el?
– Me explico punto por punto como fue asesinada. Conocia todos los detalles que solo el asesino podria conocer.
– ?Por que no dice si o no?
Cowart procuro no sentirse incomodo.
– Amigos, Sullivan era un caso especial. No se explicaba con un si o un no. No utilizaba terminos absolutos, ni siquiera durante la confesion.
– ?Que dijo de Ferguson?
Cowart respiro hondo.
– Que solo sentia odio hacia el.
– ?Tiene Ferguson algo que ver en todo esto?
– Creo que Sullivan tambien lo habria matado si hubiese tenido ocasion de hacerlo. -Exhalo lentamente y los asistentes volvieron a centrarse en Sullivan. Al incluir a Ferguson en la lista de victimas potenciales, Cowart habia conseguido darle una categoria distinta de la que se merecia.
– ?Nos proporcionara una transcripcion de lo que le dijo?
Cowart nego con la cabeza.
– Yo no soy un periodista testimonial.
– ?Que va a hacer usted ahora? ?Va a escribir un libro?
– ?Por que no comparte lo que sabe?
– ?Acaso cree que ganara otro Pulitzer?
Cowart nego con la cabeza. Dudaba que tuviera por mucho mas tiempo el que ya habia ganado. «?Un premio? Estare de suerte si mi premio es superar todo esto.» Levanto la mano.
– Ojala pudiera decir que la ejecucion de esta noche pone fin a la historia de Blair Sullivan, pero no es asi. Hay que atar muchos cabos sueltos. Hay unos detectives esperando para hablar conmigo, y tambien yo tengo que llegar a tiempo a la hora de cierre. Lo siento, pero las cosas funcionan asi. No mas preguntas. Gracias.
Bajo del estrado, seguido por las camaras, preguntas a viva voz y una creciente tension. Noto manos que lo agarraban, pero se abrio paso entre la multitud, alcanzo las puertas de la prision y salio de alli para internarse en la oscuridad de la noche. El grupo contrario a la pena de muerte estaba apostado al pie de la carretera, con velas, pancartas y canticos. El tono de sus voces lo envolvio y lo arrastro, como un viento borrascoso, lejos de la carcel.
– ?Jesus es nuestro amigo! -entonaban.
Una estudiante que llevaba una sudadera con capucha, como si se tratara de un extravagante sacerdote de la Inquisicion, le grito «?Fuera! ?Asesino!», palabras que cortaron como una cuchilla la agradable letania del cantico.
Cowart se dirigio a su coche.
Buscaba a tientas las llaves cuando Andrea Shaeffer lo alcanzo.
– Tengo que hablar con usted -le dijo.
– No puedo. Ahora no.
Ella lo agarro por el brazo.
– ?Y por que no? ?Que pasa, Cowart? Ayer no podia. Hoy no podia. Esta noche no puede. ?Cuando nos dira la verdad?
– Oiga -exclamo Cowart-, esos ancianos estan muertos, ?no lo entiende? ?El los odiaba, los hizo asesinar y no hay nada que hacer! Usted no necesita una respuesta ahora mismo. Puede esperar hasta manana por la manana. ?Nadie mas va a morir esta noche!
La detective se quedo mirandolo fijamente, como si fuera a decirle algo, pero apreto los labios con la mandibula bien encajada. A continuacion le dio tres fuertes toques en el pecho con el dedo indice, antes de apartarse para dejarlo subir al coche.
– Por la manana -dijo Shaeffer.
– De acuerdo.
– ?Donde?
– En Miami. En mi despacho.
– Alli estare. Y asegurese de no faltar a la cita.
La detective se alejo del coche y de pronto exclamo:
– Vale, maldita sea, en Miami.
E hizo un breve gesto con la mano, como si le costara dejar que Cowart se marchase. Pero entorno los ojos, reflejando sospecha, y se contuvo.
Cowart se puso al volante, metio la llave en el contacto y cerro la puerta de un golpe. Encendio el motor, puso la marcha atras y reculo. Entonces los faros del coche iluminaron la burlona chaqueta a cuadros rojos de Wilcox. El detective estaba de pie en la calzada, con los brazos cruzados, observando a Cowart y cerrandole el paso. Sacudio la cabeza con exagerada lentitud, imito una pistola con la mano y le disparo. Luego se aparto.
