El periodista aparto la mirada. Ya no le importaba adonde se dirigiera, mientras fuera lejos de alli. Piso el acelerador, girando el volante hacia la verja de salida y desaparecio en la penumbra a toda velocidad. La noche lo perseguia.

SEGUNDA PARTE. EL FELIGRES

Llegara el dia en que bailare sobre tu tumba,

Si no puedo bailar, me arrastrare sobre ella,

Si no puedo bailar, me arrastrare.

Grateful Dead, Hell in a Bucket

12

EL INSOMNIO DEL TENIENTE

A las doce menos diez de la noche en que Blair Sullivan iba a ser ejecutado, el teniente Tanny Brown miro nervioso su reloj, con el pulso acelerado al pensar en el condenado. Frente a el, sentada en un sofa raido, una mujer lloraba desconsoladamente.

– Ay, Jesus, por el amor de Dios, ?por que, Dios mio, por que? -se lamentaba.

Su voz se iba elevando y retumbaba en la pequena caravana repleta de objetos y baratijas, con paredes revestidas de madera de imitacion, y salia al espeso calor de la oscura noche, impasible ante el ajetreo humano. Cada pocos segundos, las luces giratorias azules y rojas de los coches patrulla aparcados en semicirculo iluminaban la parte trasera, de la que colgaba la talla de un crucifijo junto al recorte enmarcado de una bendicion sacada del periodico. Los destellos parecian marcar el regular goteo de los segundos.

– ?Por que, Dios mio? -sollozo de nuevo la mujer.

«Esa es una pregunta que El nunca parece dispuesto a responder -se dijo Brown cinicamente-. Especialmente en los asentamientos de caravanas.»

Se llevo la mano a la cabeza, con el deseo de imponer un poco de sosiego. De hecho, tras soltar un ultimo quejido, los gritos de la mujer se fueron apagando.

Brown se volvio hacia ella. La mujer se habia acurrucado en un rincon, habia levantado los pies del suelo, como un nino, y se habia sentado sobre ellos. En tanto que asesina, su aspecto era ridiculo, su pelo castano era aspero y despeinado y su figura fragil y esqueletica. Tenia un ojo morado y un vendaje elastico envolvia una de sus huesudas munecas. Llevaba una bata rosa deshilachada y remangada, lo cual permitia apreciar los moratones de los brazos. Brown iba tomando nota de todo ello mentalmente. Se fijo en las manchas de nicotina de los dedos en el momento en que ella se llevo las manos a la cara para enjugarse las lagrimas que resbalaban sin cesar por sus mejillas. Cuando se miro las manos humedas, la expresion de su rostro hizo pensar al policia que esperaba encontrarlas manchadas sangre.

Tanny Brown miro fijamente a la mujer, dejando que el silencio fuera calmandola del todo. «Es mayor -penso, pero rectifico-: No; es mas joven que yo.» Los anos habian pasado por ella a fuerza de palos, haciendola envejecer mas rapido que el propio transcurso del tiempo.

El policia se acerco a uno de los agentes uniformados apostados en la parte trasera de la caravana, tras la division de la cocina.

– Fred -dijo en voz baja-, ?tienes un cigarrillo para la senora Collins?

El policia se acerco y ofrecio a la mujer su paquete de tabaco. Ella cogio un cigarrillo y murmuro:

– Estoy intentando dejarlo.

Brown se inclino para darle fuego.

– Esta bien, senora Collins, tranquilicese y cuenteme que sucedio cuando Buck llego del turno de noche.

Fuera se oyo un chasquido y un breve fogonazo. «Mierda», penso el teniente al ver panico en los ojos de la mujer.

– Solo es un fotografo de la policia, senora. ?Le apetece un vaso de agua?

– Beberia algo mas fuerte -contesto. Se llevo el cigarrillo a los labios con mano temblorosa y le dio una larga calada que acabo en un breve acceso de tos.

– Un vaso de agua, Fred. -Cuando el agente trajo el agua, Brown oyo voces en el exterior. Se levanto bruscamente-. Senora, espere aqui un momento. Vuelvo enseguida.

– ?Va a dejarme aqui? -De pronto parecia aterrorizada.

– No, solo voy a comprobar una cuestion ahi fuera. Fred, quedate aqui.

Al ver la mirada asustada de aquella mujer, a punto de derrumbarse y romper a llorar de nuevo, deseo que Wilcox estuviera alli. Su companero, solo por instinto, sabria como tranquilizarla. Bruce tenia mucha mano con los marginados con que bregaban a diario, sobre todo si eran blancos. Era su gente. El mundo en que el se habia criado no era tan diferente de aquel. El sabia mucho de palizas y de crueldad, y conocia el amargo sabor de la esperanza en los barrios de caravanas. Era capaz de sentarse frente a una mujer como aquella, cogerle la mano y conseguir en pocos segundos que lo contara todo. Brown suspiro, se sentia incomodo y fuera de lugar. No queria estar alli, en medio de todas aquellas Airstreams plateadas con forma de proyectil.

Bajo de la caravana y observo al fotografo de la policia, que estaba agachado, buscando otro angulo para retratar la silueta oscura que yacia sobre la hierba y la tierra endurecida que rodeaba la caravana. Algunos agentes inspeccionaban la zona. Otros contenian a los mirones que intentaban asomarse, impulsados por la curiosidad de ver al ultimo y odiado marido de aquella pobre mujer. Brown se acerco y contemplo al hombre tendido en el suelo. Tenia los ojos abiertos, una expresion grotesca entre la sorpresa y la muerte, la mirada inerte clavada en el cielo nocturno. Una gran mancha de sangre se extendia en la zona del pecho. La sangre habia creado un halo en torno a la cabeza y los hombros. Sobre el suelo habia dejado caer, tras recibir el disparo de escopeta, una botella de whisky barato y una pistola vieja. Dos de los hombres que examinaban la escena del crimen se rieron y el se volvio hacia ellos.

– ?Algun chiste?

– Un tramite de divorcio rapido -dijo uno de ellos, agachandose para introducir en una bolsa la botella de whisky-. Mejor que en Tijuana o Las Vegas.

– Supongo que ese Buck creyo que podria darle una paliza a su mujer, estuvieran casados o no. Y resulta que se equivoco -susurro otro de los agentes de la cientifica.

Se oyeron algunas carcajadas.

– Oye -dijo Brown con gravedad-. Si teneis opiniones al respecto, guardaoslas. Al menos hasta que hayamos despejado la zona.

– Claro -dijo el fotografo mientras sacaba otra instantanea del cuerpo-. No estaria bien herir los sentimientos del tipo.

El propio Brown contuvo la risa y el otro policia se percato. Hizo un gesto de fingida indignacion a los hombres que analizaban el cadaver, lo cual les hizo seguir sonriendo unos momentos mas.

Brown habia visto montones de cadaveres: victimas de accidentes de trafico, de asesinato, de guerra, de infartos y de accidentes de caza.

Recordaba a su anciana abuela en el ataud abierto, su oscura piel fragil y tersa como la corteza crujiente del pan tostado, sus manos entrelazadas sobre el pecho como en actitud de oracion. La inmensa oquedad de la iglesia parecia invadida por el llanto. Se acordaba de la presion que sentia en la garganta a causa del cuello blanco y almidonado de su nueva y unica camisa de vestir. Tenia tan solo seis anos y lo que mas recordaba era la mano de

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