– Ella mato a Buck y ahora voy a por ella. ?Puta! ?Date por muerta, pedazo de zorra! -exclamo.
– ?Es este su hermano? -repitio Brown.
– ?Te mato, zorra vieja! ?Te mato!… ?Quien eres tu, negro?
El epiteto racial le dolio, pero no se inmuto. Se planteo la posibilidad de meterle el puno en la boca, pero se lo penso mejor. Aquel hombre tenia que ser muy estupido para insultarlo, aunque probablemente no tanto como para no presentar una denuncia. Tuvo una breve vision de una enorme pila de documentos.
Uno de los policias que intentaban retener al hombre saco la porra. Brown lo detuvo con un gesto y se acerco a unos centimetros de la cara del desquiciado.
– Soy el teniente de policia Theodore Brown, hijo de puta, y dentro de un segundo se me van a hinchar los cojones y entonces desearas no tenerme delante, so cabron.
El hombre titubeo.
– Ella lo ha matado, la muy puta…
– Eso ya lo has dicho.
– ?Y que piensan hacer?
Tanny Brown no respondio a la pregunta.
– ?Es tuya la pistola? -le pregunto.
– Si, es mia. Se la di hace un rato.
– ?Tu pistola? ?Tu hermano?
– Si. ?Piensan arrestar a esa puta o voy a tener que matarla?
Habia cesado el forcejeo, pero la voz del hombre habia adquirido un tono furibundo, desafiante.
– ?Tu sabias que iba a venir?
– Se lo dijo a todo el mundo en el bar.
– ?Para que era la pistola?
– Queria asustarla un poco, igual que la otra noche.
Brown se volvio y miro al agente de uniforme apostado en la puerta de la caravana, y a la mujer encogida detras de el. Miro de nuevo al hombre enfurecido, que permanecia tenso, a la espera, con los brazos sujetos por dos policias.
El teniente se acerco al cadaver y lo miro. Con un tono muy bajo, susurro:
– ?Sabes una cosa? No vale la pena todo esto por ti.
– ?Piensan hacer algo o que? -pregunto el hombre.
Brown sonrio.
– Desde luego -respondio.
Se giro hacia un agente de la policia cientifica.
– Tom, ve por la escopeta de la senora Collins.
El hombre fue hasta uno de los coches y volvio con la escopeta. Brown la cogio y tiro del percutor, cargando un cartucho nuevo.
Miro al hermano del muerto y sonrio de nuevo.
– Devuelvele la escopeta a la senora Collins -dijo, y se quedo mirando fijamente el cadaver-. Oficial Davis, ponle a la senora Collins una de esas multas por tirar desechos sin autorizacion. Tendra que pagar cincuenta pavos. Y llama a Sanidad y diles que vengan a recoger esta basura.
Senalo al cadaver.
– ?Eh! -salto el hermano.
– Ponle una multa por disparar a este trozo de mierda y tirarlo aqui fuera.
– ?Eh, que cono…! -se enardecio el hermano.
– Dile a la senora Collins que si vuelve a tirar otro cuerpo en su patio le costara cincuenta pavos cada vez. - Senalo con el dedo al hermano del muerto-. Como este de aqui. Dile que tiene permiso para volar la cabeza a este hijoputa. Pero que va a costarle otros cincuenta.
– No pueden hacer eso -dijo el hombre, ahora inquietandose de verdad.
– ?De veras crees que no? -repuso Brown. Volvio a acercarse y le grito a la cara-: ?De veras crees que no?
– ?Eh, Tanny! -dijo uno de los agentes de uniforme-. Puedo prestarle cincuenta a la senora Collins…
Hubo un estallido de carcajadas entre los policias.
– Que demonios -dijo otra voz-, podemos hacer una colecta. Reunir lo necesario para que pueda volarle los sesos a todos los hijos de puta.
– Apuntame diez -dijo otro policia, frotandose la espinilla.
– ?Os habeis vuelto locos? -dijo el hombre.
Tanny Brown sonrio.
– Un momento, no pueden hacer eso -se desespero el hombre.
– Mira lo que puedo hacer -musito el teniente-. Arrestad a este capullo.
– ?Pero que…! -grito el hombre mientras un policia lo esposaba.
– Allanamiento de morada. Obstruccion. Agresion a un oficial de policia. Acoso. Y, veamos, ?que me dices de conspiracion para cometer un asesinato? Ya sabes, por haberle dado una pistola al borracho de tu hermano.
– ?No pueden hacerlo! -repitio el hombre, cada vez mas nervioso y asustado.
– Tienes un buen monton de delitos en tu haber, capullo. Y supongo que ni siquiera tienes licencia de armas. Y sumemosle conduccion bajo los efectos del alcohol.
– ?Eh!, yo no estoy borracho.
Brown lo miro fijamente.
– Mirame bien -siseo-. Si vuelves a ver esta cara otra vez, tendras serios problemas. ?Entendido?
– No pueden hacer esto.
– Llevaoslo -les dijo Brown a los agentes uniformados-. Y dadle una idea acerca de la hospitalidad de este condado.
– Sera un placer -murmuro el policia que habia recibido la patada, y se llevo al hombre a empellones.
– Con cuidado -dijo Brown. El policia miro dubitativo al teniente-. Vale -cedio este sonriendo-, aunque tampoco te pases. -Luego dio una ultima orden-: Y aseguraos de que lo encierren en una celda con los negros mas grandes y mas capullos de la trena, con los que tengan mas mala hostia. A lo mejor ellos le ensenan que no esta bien ir insultando por ahi a la gente.
Dos policias soltaron una breve carcajada.
Tanny Brown le dio la espalda al hombre, que protestaba mientras lo arrastraban hacia el coche patrulla, y volvio a la caravana. La mujer estaba dentro, encogida de miedo.
– Senora Collins, tenemos que ir a comisaria -le dijo suavemente-. Alli le vamos a leer sus derechos. Luego quiero que llame al abogado y le pida que venga a ayudarla. ?Lo entiende?
Ella asintio con la cabeza.
– Tengo que llamar a mis hijos.
– Alli habra tiempo para eso.
El teniente se volvio hacia el policia uniformado.
– Dile a una de las agentes de ahi fuera que la lleven deprisa. Encargate de que coma algo por el camino.
– ?Que cargo se le imputa? -pregunto el agente.
Brown se volvio y miro el cadaver que continuaba tendido en el patio.
– Supongo que disparar un arma dentro de los limites municipales. Eso servira hasta que yo hable con el fiscal del estado.
Salio de nuevo y echo un ultimo vistazo al cadaver. «Estupido -penso-. Realmente estupido. -Consulto su reloj y penso-: Muchas muertes esta noche.» La cara del muerto se le fue desdibujando en la mente hasta ser sustituida por el recuerdo de la primera vision del cuerpo de Joanie Shriver, tendida en el centro de varios hombres del equipo de rescate avergonzados e indignados. Se encontraban en la orilla del pantano, con trozos de fango verde pegados a las empapadas botas y al equipo de vadeo. Recordo la sensacion de querer tocarla, cubrirla, y su esfuerzo por contenerse y armarse de valor para afrontar aquel caso abominable. Volvio a digerir como pudo aquella imagen. «Todo ha sido culpa mia -habia pensado entonces-. Pero yo lo arreglare. No se me escapara.»
