zapatillas de deporte; llevaba una mochila. Comuniquese cualquier informacion al 555-1212, preguntar por el detective Howard.» Al final se leia en letras grandes: «Se gratificara.»
Cowart miro a la camarera.
– ?Que ha pasado?
La mujer levanto los hombros sugiriendo que dar esa informacion no formaba parte de su trabajo.
– No se. Una nina. Un dia esta y al otro no.
– ?Por que saca el cartel?
– Porque lleva mucho tiempo ahi. Meses y meses. Y nadie ha dado con ella todavia, no creo que el cartel sirva de mucho. Ademas, el jefe me dijo ayer que lo quitase y yo me habia olvidado hasta ahora.
Brown habia leido el cartel. Levanto la vista.
– ?La policia no ha averiguado nada?
– No que yo sepa. ?Desean algo mas?
– La cuenta -contesto Brown sonriendo. Doblo el cartel y lo dejo sobre la mesa-. Yo me encargare de esto por usted.
La camarera se fue a buscar el cambio.
– Da que pensar, ?eh? -anadio Brown-. Cuando tienes la cabeza en esto empiezan a saltarte a la vista toda clase de cosas horribles, ?eh, Cowart?
Este no contesto, asi que el detective continuo:
– Lo que quiero decir es que te acercas a la muerte y de repente ves cosas sospechosas por todas partes, cosas que pasarias por alto, por normales y cotidianas, si no fuera porque toda tu atencion esta centrada en como y cuando se asesina a la gente.
Cowart asintio.
Brown se apoyo en el respaldo tras acabarse la tarta.
– Ya le dije que la comida era fresca -dijo. Luego se echo hacia delante bruscamente, acortando la distancia entre ambos-. Le quita a uno el apetito, ?eh, Cowart? Una buena coincidencia reservada para los postres. -Dio unos golpecitos al cartel doblado-. Claro que quiza todo quede en nada, ?no? Otra nina desaparecida. Seguramente no encaja en el puzle, pero no deja de ser interesante. Una chiquilla que desaparece no muy lejos de la autopista de los cayos. Me pregunto si se la llevarian de la puerta del colegio.
– A mas de cien kilometros de Tarpon Drive -observo Cowart. El detective asintio con la cabeza-. Y nada que haga pensar en una relacion con los casos que tenemos entre manos.
– Entonces -dijo Brown-, ?por que ha querido ver el cartel?
El policia lo arrugo hasta convertirlo en una bola, se lo guardo en el bolsillo y se levanto dispuesto a salir del restaurante.
Se quedaron parados en la acera. Cowart miro hacia el almacen de juguetes y vio que ante la puerta habia sentado un hombre con una camisa azul y una porra en el cinturon. «Seguridad», penso. Se pregunto por que no habia reparado antes en el. Supuso que debian de haberlo contratado a raiz del secuestro, como si la presencia del guardia pudiera evitar que otro rayo volviera a caer en el mismo sitio. Recordo que, incluso con la policia a las puertas, la gente seguia acudiendo al establecimiento y que el torrente de ninos y adultos, con sus bolsas de plastico llenas de juguetes, no ceso, ajeno a la monstruosidad que habia empezado en aquella misma acera.
Se volvio hacia Brown.
– ?Y ahora que? Hemos ido a los cayos y lo unico que tenemos son mas interrogantes. ?Que toca ahora? ?Por que no vamos a ver a Ferguson?
El detective nego con la cabeza.
– No, vamos antes a Pachoula.
– ?Porque?
– Pues porque seria bueno comprobar que al menos Sullivan le conto la verdad acerca de una cosa, ?no?
Los dos hombres se separaron no sin recelo al poco de llegar a Miami y de que cayera sobre ellos la oscura noche. El calor del dia parecia permanecer en el aire y conferia a la penumbra un peso y una textura particulares. Cowart dejo a Brown en el Holiday Inn del centro, donde habia encontrado una habitacion. El hotel quedaba justo delante de los juzgados, entre el Orange Bowl y Liberty City, en una especie de tierra de nadie urbana poblada de hospitales, edificios de oficinas, la carcel y una inquietud omnipresente.
Ya en la habitacion, Brown se quito la chaqueta y los zapatos, se sento en el borde de la cama y marco un numero de telefono.
– Jefatura del condado de Dade. Comisaria sur.
– Pongame con el detective Howard.
Pasaron la llamada a otra linea y poco despues respondio una voz masculina, formal y laconica.
– Detective Howard. ?En que puedo ayudarle?
– Soy el teniente Brown, del condado de Escambia…
– ?Que tal, teniente? ?Que puedo hacer por usted? -La voz perdio su tono marcial, reemplazado por cierto aire jocoso.
– Vera -dijo Brown-, busco una ovejilla descarriada. Quiza le parezca un poco raro pero necesito informacion acerca de una chiquilla, una tal Dawn Perry. Desaparecio hace unos meses…
– Si, iba de camino a casa desde el centro civico. Por Dios, que desastre…
– ?Que ocurrio exactamente?
– ?Sabe algo sobre ella? -pregunto el detective.
– No. Solo he visto el cartel de desaparecida, pero me recordo un caso anterior. Solo queria cerciorarme.
– Vaya -suspiro el detective-. Por un momento me ha dado esperanzas.
– ?Que ocurrio?
– No hay mucho que contar. Una chiquilla normal y corriente va una tarde al centro civico para la clase de natacion. Cuando acaba el colegio montan actividades de todo tipo para los chavales. Las ultimas en verla fueron un par de amigas; iba de camino a su casa.
– ?Nadie presencio nada?
– No. Hay una anciana que vive a medio camino. Puede imaginarse como es ese barrio, todo son aires acondicionados traqueteando, pero la mujer no puede permitirselo, o sea que estaba en la cocina junto al ventilador. De repente oyo un grito apagado y un coche arrancando a gran velocidad, pero para cuando salio a mirar el coche ya estaba a dos manzanas. Era un coche blanco, de marca nacional. No hay mas; ni matricula ni descripcion. La mochila con el banador se quedo en la calle. Por lo menos la mujer fue diligente. Llamo y lo explico todo, pero cuando la patrulla llego a su casa, le tomo declaracion y expidio la orden de busqueda, la nina ya debia de estar bien lejos. ?Sabe cuantos coches blancos hay en el condado de Dade?
– Muchos.
– Exactamente. De todos modos hicimos lo que pudimos, dadas las circunstancias. Lamentablemente, solo un canal de television emitio su foto aquella noche. No se, quiza no les parecio lo bastante guapa…
– Quiza demasiado negra.
– Bueno, usted lo ha dicho. No se yo en que se basaran esos cabronazos para decidir que es noticia y que no lo es. Tras colgar los carteles, recibimos un par de docenas de llamadas que decian haberla visto por aqui, por alla y por aculla. Pero nada. Hicimos un buen seguimiento de la familia, por si la hubiera raptado algun conocido, pero los Perry son muy buena gente. El trabaja en las oficinas de trafico y ella en la cafeteria de una escuela. Una familia sin conflictos. Tienen tres hijos mas. ?Que mas podiamos hacer? Tengo un centenar de expedientes encima de mi mesa: agresiones, allanamientos, robos a mano armada… Incluso podria llegar a resolver un par de casos. Tengo que emplear el tiempo de forma razonable, ?sabe?, seguro que a usted le pasa lo mismo. Total, que se convirtio en uno de esos casos en que uno se resigna a esperar a que un dia alguien de con el cuerpo y el caso pase a homicidios. Pero puede que ese dia no llegue nunca. Aqui tenemos los Everglades a tiro de piedra, no cuesta nada deshacerse de un cuerpo. Normalmente son traficantes de drogas; entran por algun acceso desierto y dejan que el agua de la cienaga remate su trabajo. Tan simple como eso. Claro que la tecnica no es exclusiva suya, ya me entiende.
– Cualquiera podria hacerlo.
– Cualquiera al que le gusten las ninitas y no quiera que cuenten a nadie lo que les ha hecho. -El detective
