Desgraciadamente, su repentina parada habia despertado a Prince, quien, tras dejar escapar un atronador ladrido, se revolvio para que lo dejara en el suelo. Philip deposito cuidadosamente al cachorro en el suelo, preparandose para el desenfreno que vendria en cuanto sus patas tocasen el sendero.

Sin embargo, Prince hundio el hocico en la hierba.

– Venga, acompaname ahora -dijo Philip dulcemente mientras tiraba de el.

Prince no hizo ni caso y continuo olfateando la hierba.

Por todos los demonios, ese perro habia estado a punto de arrancarle un brazo antes, y ahora, cuando habia que marcharse de alli lo antes posible, no habia manera de hacerle moverse. A ese paso, no iban a llegar a casa ni el dia del juicio final.

– Se que en casa tienes esperandote un jugoso y enorme hueso de ternera para cuando lleguemos --intento sobornarlo Philip para que le acompanara, pero Prince no se dio por aludido.

– ?Y que te pareceria una sabrosa galleta? -Nada. Ni siquiera movio la cola.

– ?Jamon? ?Una blanda almohada para dormir? ?Tu propia manta al lado del fuego? -Philip le agarro el hocico con una mano-. Cinco libras. Te doy cinco libras si eres capaz de correr como hiciste antes. De acuerdo, diez libras. Mi reino. Todo mi maldito reino si vienes ahora conmigo.

Estaba claro que Prince no era un animal facil de sobornar.

Levantando la vista, Philip se dio cuenta de que miss Chilton-Grizedale, la senora Carlyle y Hope habian llegado ya cerca de la curva del sendero. Gracias a Dios.

Al cabo de unos instantes, doblaron la curva y desaparecieron de su vista. En ese momento agarro al cachorro en brazos y salio corriendo con el. A Prince parecio gustarle ese juego, porque no dejo de lamerle alegremente la barbilla durante todo el trayecto.

– De acuerdo, a pesar de todo te dare el hueso de ternera. Pero no te has ganado las diez libras. Y deberias estarme muy agradecido. Si no hubiera sido por mi, ahora te llamarias Princesa.

Prince volvio a lamerle la barbilla, mientras las doradas orejas ondeaban hacia atras contra la brisa. Philip acelero el paso. No habia tiempo que perder. Tenia que llamar a Catherine y luego ir al museo para hablar con Andrew -para informarles a los dos de que iban a ir a Vauxhall esa noche.

8

Meredith caminaba por la gravilla del paseo sur de Vauxhall intentando conseguir lo imposible: ignorar al hombre que andaba a su lado.

Caramba, ?como podia pretender no mirarle, cuando era tan consciente de su presencia? ?Cuando leves bocanadas de su limpio y masculino aroma provocaban sus sentidos? Lady Bickley y el senor Stanton paseaban varios metros por delante de ellos, mientras ella concentraba su atencion en sus espaldas con el celo de un pirata que siguiera la pista de un tesoro lleno de monedas de oro, aunque todo era inutil. Lord Greybourne no estaba a mas de unos pasos de ella, y cada nervio de su cuerpo estaba tenso ante su presencia.

Por lo menos, estar al aire libre la hacia sentirse algo mas tranquila que sentada enfrente de el en el interior del carruaje. Sentados sobre los elegantes cojines grises de terciopelo, en su elegante carruaje negro, el habia estado lo suficientemente cerca de ella para poder tocarla con solo alargar la mano. Lo suficientemente cerca para absorber su tentador perfume, que la llenaba de deseos de acercarse a el y sencillamente hundir la cabeza bajo su barbilla y oler. Tan cerca que sus rodillas se rozaban cada vez que el carruaje pasaba por encima de un bache del camino. Y todo el tiempo su corazon habia estado saliendosele del pecho, latiendo desenfrenadamente y provocandole calidas sensaciones.

Y eso suponia un tremendo problema.

No solo por la incomodidad que provocaban en ella esas sensaciones inesperadas, sino porque su cercania la habia dejado extranamente sin palabras. Gracias a Dios, lady Beckley habia tomado la voz cantante de la conversacion, hablando de manera desenfadada sobre la cena del dia siguiente por la noche. Y por suerte el oscuro interior del coche habia disimulado sus enrojecidas mejillas.

Desgraciadamente, ahora ella tenia que enfrentarse a la cada vez mas desalentadora perspectiva de pasear junto a lord Greybourne, en medio de la atractiva atmosfera de Vauxhall, la cual ya solo por su propia naturaleza conducia al romance. Los fragantes jardines; los debilmente iluminados senderos rodeados de imponentes olmos, con su follaje engalanado con centelleantes lamparas; los estrechos caminos que conducian a lugares cada vez menos iluminados, donde podian estar ocurriendo todo tipo de escenas escandalosas…

La sola idea hizo que todo su cuerpo se estremeciera, y una vez mas se quedo muda. Por el amor de Dios, aquel hombre iba a pensar que era una completa estupida. Deberia estar hablando con el sobre el decoro, pero esa era una tarea imposible mientras sus pensamientos estaban centrados en cuestiones tan indecorosas. ?Por que no decia algo el? Al menos podria intentar iniciar algun tipo de conversacion, ya que veia que ella era incapaz de pensar en algo por si misma.

Sus hombros se rozaron y ella dejo escapar una especie de suspiro al sentir el contacto. Se volvio hacia el y lo descubrio mirandola con tal intensidad que tropezo. Se incorporo agarrandose a su brazo tratando de recuperar el equilibrio, y el la sujeto por el hombro y la puso en pie.

– ?Esta usted bien, miss Chilton-Grizedale?

Meredith se quedo mirando fijamente su hermoso e irresistible rostro, y el estomago le dio un vuelco. «No, no estoy bien en absoluto, y todo por tu culpa. Me haces sentir cosas que no desearia sentir. Desear cosas que jamas tuve. Me haces que te desee de una manera que no puede llevar a nada mas que a que se me rompa el corazon», penso.

El calor de su mano se introducia a traves de la tela de su vestido, calentando su piel hasta el punto de hacer que ella deseara estar mas cerca de el, apretarse contra el. Aterrorizada, pensando que podria llegar a hacerlo, su mente ordeno a sus pies que retrocedieran varios pasos, lejos de el -una orden que sus pies ignoraron alegremente.

Tragando saliva para humedecer su reseca garganta, dijo:

– Es… estoy bien.

– La gravilla puede ser muy traicionera. ?Se ha torcido el tobillo?

– Solo ha sido un traspies. No me he hecho dano.

– Bien. -El la solto del brazo con apuro, pensando que ella podria sentirse incomoda-. ?Le apetece que sigamos caminando? Andrew y mi hermana estan ya bastante lejos.

Meredith miro hacia delante y se dio cuenta de que la otra pareja estaba ya casi fuera del alcance de su vista. Ella echo a andar y el la siguio caminando a su lado. Habia otras parejas paseando por los alrededores, pero sin la compania tranquilizadora del senor Stanton y de lady Bickley, Meredith era mucho mas consciente de estar a solas con lord Greybourne. Acelero el paso.

– ?Estamos metidos en una carrera, miss Chilton-Grizedale? -pregunto el con un jocoso tono de voz.

– No, solo pensaba que quiza deberiamos reunimos con el senor Stanton y lady Beckley. No deberiamos perderlos de vista.

– No se preocupe. Conozco a Catherine, va a toda prisa para conseguir una buena mesa. Para cuando lleguemos, Andrew ya habra pedido el vino, con lo que me habra evitado el problema de que elija una buena cosecha -dijo burlonamente-. Por suerte, los jardines son famosos por sus excelentes vinos, pero Andrew no es precisamente un experto en vinos, lo suyo es mas bien el brandy.

Un poco mas relajada ahora que parecian haberse animado, Meredith miro hacia delante, hacia los tres arcos de triunfo que se levantaban sobre el camino.

– Vistos a esta distancia, parece como si las autenticas ruinas de Palmira estuvieran en Vauxhall.

Philip dirigio su atencion hacia los arcos, bastante agradecido de tener algo mas en que fijar su atencion que no fuera su acompanante. Tras un breve examen comento;

– Son una copia bastante buena, pero no se pueden comparar con las ruinas de verdad.

– No sabia que sus viajes le hubieran llevado hasta Siria, senor.

Impresionado por que ella conociera la localizacion de dichas ruinas, el dijo:

– Siria fue uno de los lugares que visite durante la ultima decada.

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