Tripp, o simplemente la asesora del verdadero autor de los relatos?
La imperiosa necesidad de conocer la respuesta a aquella pregunta sorprendio a Stephen. Necesitaba ver a Hayley, hablar con ella. ?Seria capaz de leer la verdad en sus ojos? Solo habia una forma de averiguarlo. La forma en que Hayley se ganaba la vida no era de su incumbencia, pero no podia aplacar la imperiosa necesidad de saber la verdad.
Decidido a hablar con Hayley, se dirigio hacia la terraza. En el vestibulo se encontro a Grimsley echando una cabezada en una butaca. Dos semanas antes, la vision de un sirviente durmiendo en el vestibulo le habria enfurecido y consternado. Pero en aquel lugar y en aquel momento, le parecia, en cierto modo, apropiado. Intentando no hacer ruido para no molestar a Grimsley, Stephen se dirigio hacia la puerta que daba al jardin, moviendo repetidamente la cabeza en gesto de negacion. Lacayos miopes durmiendo en el vestibulo, groseros ex marineros vociferando por los pasillos, cocineros lanzando por los aires cazos y sartenes, ninos revoltosos rebosantes de energia…; la casa de los Albright y sus ocupantes eran lo mas opuesto a aquello a lo que el estaba acostumbrado. Pero, aunque al principio se habia sentido aturdido ante aquel caos, ahora sabia que aquel caos no era mas que otra forma de llamar al paraiso. Y le iba a resultar muy duro tener que marcharse de alli.
Una vez en el exterior, vio dos figuras en la distancia acercandose a la casa. Enseguida supo que eran Hayley y Callie. Se acomodo en una silla de hierro forjado para esperarlas e inspiro profundamente el aire con olor a tierra. Apoyando la cabeza en el respaldo de la silla, disfruto del suave picor de los calidos rayos del sol en la cara. Dentro de dos dias estaria de vuelta en Londres, reanudando su vida normal, intentando dar caza a un asesino. «Debo decirle a Hayley que me voy al dia siguiente de la fiesta. No puedo posponerlo mas, por mucho que lo desee. Se lo explicare esta misma tarde.»
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de unas voces femeninas. Irguiendose en la silla, Stephen se protegio los ojos del fuerte sol con una mano. Hayley y Callie estaban corriendo por el cesped con los brazos abiertos. Incapaz de resistir la atraccion que aquellas risas ejercian sobre el, se levanto de la silla y se acerco a la barandilla del patio para tener mejor perspectiva.
– ?A que no me pillas? -chillaba Callie, corriendo todo lo deprisa que le permitian sus cortas piernas.
– Oh, si. ?Ya lo creo que te voy a pillar! -dijo Hayley mientras la perseguia y simulaba estar a punto de cogerla-. Esta vez no te me escaparas.
Callie siguio dando grititos y riendose mientras se acercaba al patio, con Hayley pisandole los talones. Stephen observo sus payasadas, y una extrana sensacion, una indescriptible nostalgia, le embargo por completo, filtrandosele por las venas. ?Como debia de ser una infancia llena de juegos y risas? ?De abrazos y sonrisas? Le bastaba con mirar el rostro de Callie, radiante de felicidad, para saber que tenia que ser maravillosa. Hayley estaba siendo una madre excelente para sus hermanos y, si sus sospechas eran correctas, los queria con una profundidad y una generosidad que el creia que no podian existir.
La mirada de Stephen la busco, siguiendola mientras perseguia a su escurridiza hermanita simulando que la queria pillar. Se le habia soltado el pelo, y sus brillantes rizos castanos flotaban tras ella en un salvaje desorden mientras corria. Stephen sintio que se le agarrotaba la garganta. ?Era tan condenadamente bonita! Una fascinante combinacion de inocencia y naturalidad.
Pero ya no era solo su hermoso rostro lo que cautivaba a Stephen. Era su belleza interior. Su limpia sonrisa, sus carinosas caricias. Su corazon generoso, su paciente fortaleza. Si las cosas fueran diferentes…
Stephen corto en seco sus pensamientos. Las cosas no eran diferentes. Nada era diferente. Y el debia tenerlo presente.
Las risas se hicieron mas fuertes, Callie corrio a toda velocidad hacia la casa, pero, justo antes de llegar a los escalones del patio, Hayley la cogio por la cintura y la levanto por los aires.
– ?Te pille! -anuncio Hayley-. ?Ya tengo a mi preciosidad! -Cubrio de besos la cara de Callie, y las risitas de felicidad de la pequena resonaron en la estancia.
Stephen carraspeo, tanto para que ellas se percataran de su presencia como para deshacer el nudo de emocion que se le habia formado en la garganta. Dos pares identicos de ojos azul claro se giraron hacia el. Su mirada se cruzo con la de Hayley, y a el se le acelero el pulso inmediatamente.
A Hayley se le habian subido los colores del esfuerzo y la piel le brillaba con un intenso color rosa. La mirada de Stephen descendio enseguida hasta la boca, aquella boca carnosa, seductora, que parecia hacerle senas, pidiendole a gritos que se olvidara de donde estaban y que la besara hasta la saciedad. El supo que ella le habia leido el pensamiento cuando se esfumo la sonrisa de su rostro y empezaron a temblarle los labios. Casi podia oirla decir: «Si, quiero que me beses.» Casi podia notar el contacto de sus labios, el sabor de su lengua…
– ?Senor Barrettson! -Callie se escabullo de los brazos de Hayley y corrio hasta Stephen-. ?Estamos jugando a «pillar a la chica mas guapa»! Yo soy esa chica.
Aquella dulce voz infantil rebosante de entusiasmo interrumpio la sensual ensonacion de Stephen. El miro al radiante rostro de Callie y no pudo evitar devolverle la sonrisa.
– Ya lo creo que lo eres. Y ya veo que te han cogido.
– Esa es la mejor parte -le confio con un susurro lleno de complicidad.
La mirada de Stephen volvio a centrarse en Hayley.
– Si, me lo puedo imaginar.
– ?Le apetece jugar con nosotras? -pregunto la pequena.
Antes de que Stephen pudiera contestar, intervino Hayley.
– Callie, tanto correr de aqui para alla podria lastimar el hombro o las costillas del senor Barrettson. Podra jugar con nosotras dentro de una semana o dos, cuando este completamente recuperado.
– Tal vez -susurro Stephen mientras le invadia una profunda sensacion de melancolia.
A partir de pasado manana, probablemente no la volveria a ver nunca mas.
«Diselo. Diselo.» Pero tras contemplar el sonriente rostro de Hayley, radiante de felicidad, Stephen no consiguio hilvanar ninguna palabra.
«Luego. Se lo dire luego.»
– ?Puedo hablar con usted a solas, Hayley?
Hayley se detuvo cuando se disponia a entrar en la casa. Stephen estaba apoyado en la barandilla del patio, un tobillo sobre el otro y los brazos cruzados sobre el pecho. La calida brisa le habia despeinado, y el sol proyectaba sutiles reflejos en su cabello de ebano. «?Santo Dios! Se me hace un nudo en la garganta solo con mirarlo», se dijo Hayley para sus adentros. Tras acompanar a Callie hasta el interior de la casa con la promesa de leerle un cuento despues de la cena, Hayley se reunio con Stephen. Estaba a punto de sonreirle, cuando la seriedad de su mirada la paralizo.
Miro hacia abajo y se dio cuenta de que Stephen llevaba en la mano un ejemplar de
– ?Va algo mal, Stephen?
El la miro con una expresion insondable.
– No se como preguntarte esto mas que preguntandotelo. ?Que relacion tienes con H. Tripp?
Las palabras de Stephen hicieron temblar el suelo bajo los pies de Hayley y ella enderezo las rodillas para mantenerse en pie. Noto que se estaba poniendo livida, pero hizo un esfuerzo para ocultar su angustia y su aturdimiento.
– ?Que me acabas de preguntar?
– H. Tripp, el escritor, ?que tipo de relacion tienes con el?
Hayley empezo a darle vueltas a la cabeza, buscando desesperadamente las palabras adecuadas. «?Cuanto sabe? ?Y como diablos lo ha averiguado?» Tragandose la angustia y rezando por que su voz sonara serena, pregunto:
– ?Y por que crees que tengo alguna relacion con el?
En vez de contestarle, Stephen abrio la revista y leyo.
… cuando nacio cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habiamos concebido. […] Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habiamos amado. ?Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habria llamado «Aguado» o «Riachuelo»!
Cerro la revista.
