– Seguro que ahora entiendes mi pregunta.
Hayley noto que estaban a punto de fallarle las piernas y se dejo caer en una silla de hierro forjado. Abrio la boca con la intencion de hablar, pero no le salian las palabras. Habia guardado su secreto durante tanto tiempo que no sabia como reaccionar. Y, si Stephen se lo habia imaginado, ?cuanto tardaria el resto de la gente en averiguarlo? Si perdia su unica fuente de ingresos… Entrelazo los dedos de ambas manos sobre el regazo y apreto fuertemente hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Aquello no podia ocurrir. Ella no lo permitiria. Pero, dadas las circunstancias, no tema ningun sentido intentar mentir a Stephen.
Cogiendo aire con fuerza en senal de determinacion, busco los ojos de Stephen y le miro sin pestanear.
– Yo soy H. Tripp.
Ella esperaba que su confesion molestara a Stephen o le disgustara, pero el se limito a asentir.
– ?Lo sabe alguien mas?
– No. El editor me ha exigido que lo mantenga en el mas estricto secreto…
– Con un buen motivo -la corto el.
– Si. -Ella miro a Stephen a los ojos en busca de alguna pista sobre sus sentimientos, pero su rostro seguia igual de impenetrable-. Cuando mi padre murio, necesitabamos dinero desesperadamente. Me negaba a obligar a los chicos a trabajar cuidando ninos o como personas de compania. Los ingresos que recibo de
– No, no lo estoy.
Ella esperaba que Stephen dijera algo mas, pero guardo silencio. Tal vez no estaba escandalizado, pero parecia bastante evidente que no lo aprobaba. Y la posibilidad de que su secreto se difundiera la llenaba de pavor.
– Espero que me hagas el favor de no contarselo a nadie. Mi medio de vida depende de que se mantenga mi anonimato.
– No tengo ninguna intencion de hacer nada que pueda poner en peligro tu forma de ganarte la vida, Hayley. No revelare tu secreto. Te doy mi palabra.
Hayley sintio un inmenso alivio y solto una espiracion que ni siquiera se habia dado cuenta de que estaba conteniendo.
– Gracias. Yo…
– No hay de que. Por favor, disculpame.
Antes de que ella pudiera decir una palabra mas, Stephen abrio la puertaventana y entro en la casa. Hayley lo siguio con la mirada mientras se alejaba y se mordio el labio inferior para impedir que le siguiera temblando.
Aunque el no habia dicho nada mas, su brusca y fria despedida lo habia dicho todo.
Capitulo 18
Aquella tarde, Stephen se paso toda la cena mirando de soslayo a Hayley, que se sonrojaba cada vez que se cruzaban sus miradas. El intentaba centrarse en la charla distendida que habia a su alrededor, pero le resultaba imposible. Sus pensamientos deambulaban constantemente entre el sorprendente descubrimiento de que Hayley era H. Tripp y la conversacion que sabia tenia que mantener con ella sobre su inminente marcha de Halstead.
Aquella noche Nathan se unio al resto de la familia y, como fue el centro de atencion tras su accidente, Stephen no tuvo que hablar mucho. Y a el ya le iba bien asi.
Hayley estaba sentada a su lado, ataviada con un sencillo vestido. A pesar de que hablaba con todo el mundo, Stephen penso que, en cierto modo, se la veia apagada. Ella intento varias veces implicarlo en la conversacion, pero los comentarios de Stephen fueron, en el mejor de los casos, laconicos.
«Manana. Se lo dire manana. Si me quedo a solas con ella esta noche, solo Dios sabe lo que puede pasar.» Tras tomar esa decision, Stephen se excuso inmediatamente despues de la cena, alegando un fuerte dolor de cabeza. Se dirigio hacia las escaleras, pero solo habia subido la mitad del largo tramo de escaleras cuando Hayley lo abordo.
– ?Te pasa algo, Stephen? -le pregunto, tocandole la manga.
Stephen bajo la mirada y miro la mano de Hayley, luego sus ojos. Parecia preocupada.
– Solo estoy cansado y me duele la cabeza -le mintio. «No se como decirte que me voy. Y tengo que alejarme de ti o acabaremos otra vez en el sofa del despacho y concluire lo que empece la otra noche. Creeme, lo hago por tu bien. No estas segura conmigo.»
– ?Quieres que te prepare una infusion?
Stephen nego con la cabeza.
– No, gracias. Solo necesito descansar. -Se giro para irse.
– ?Stephen?
Stephen se detuvo y la miro, y casi pierde su determinacion. Aquella mirada de sincera preocupacion en el hermoso rostro de Hayley casi le hace renunciar a sus nobles intenciones.
– ?Si?
– Sobre la conversacion que hemos mantenido esta tarde… -Su voz se fue desvaneciendo y bajo la cabeza-. Espero que no pienses mal de mi.
«Si lo hiciera, esto me resultaria mucho mas facil.» Levantandole el menton con dos dedos, Stephen le sonrio.
– Nunca podria pensar mal de ti, Hayley. Por lo que a mi respecta, esa conversacion esta olvidada.
Hayley suspiro, visiblemente aliviada.
– Menos mal. Me alegra saberlo. Que duermas bien, Stephen.
– Gracias. -Siguio subiendo las escaleras, entro en su alcoba y cerro la puerta tras el.
«?Que duerma bien? Lo dudo mucho.»
Aquel «lo dudo mucho» resulto profetico. A las dos de la manana aun no habia ni rastro de sueno en el futuro inmediato de Stephen.
Deambulaba incansablemente por su dormitorio, engullendo el excelente brandy de Tripp Albright a un ritmo alarmante. Estaba tenso y sumamente molesto.
Y frustrado sexualmente como nunca lo habia estado en su vida.
Deseaba con todas sus fuerzas salir de los confines de su alcoba, pero no se atrevia a hacerlo, temiendo abalanzarse sobre Hayley en el despacho, el salon o el jardin. Stephen sabia a ciencia cierta que, si se topaba con ella, su conciencia perderia la batalla. La deseaba vehementemente. Murmurando una blasfemia, echo lena al fuego y se sirvio otro brandy.
Justo cuando estaba llevandose la copa a los labios, oyo que alguien golpeaba suavemente la puerta de su alcoba. Creyendo que le habian enganado los oidos, Stephen se quedo quieto, con la copa a medio camino de la boca y escucho.
Volvieron a llamar a la puerta.
«Maldita sea! Ella ha venido a mi. ?De donde voy a sacar las fuerzas para no dejarle entrar en mi alcoba?» Con el corazon en un puno, fue hasta la puerta y la abrio.
Pero alli no habia nadie.
Entonces oyo un lloriqueo. Miro hacia abajo.
Callie estaba en el pasillo, apretando su muneca contra el pecho, con su pequeno rostro anegado por las lagrimas. Una combinacion de alivio, decepcion y alarma se apodero de Stephen.
Agachandose, aparto un rizo de la frente de la pequena y le pregunto:
– ?Que ha pasado, Callie? ?No se supone que deberias estar en la cama?
Ella lo miro con los ojos llenos de lagrimas.
– Es la senorita Josephine -susurro con voz debil y tremula-. Ha tenido un terrible accidente.
– ?Ah, si? ?Que tipo de accidente?
Callie le alargo la muneca sorbiendo lagrimas por la nariz.
