– Mira.

Stephen tomo en brazos a la muneca con suma delicadeza. En efecto, la senorita Josephine habia sufrido un accidente. Un grave accidente. Tenia el vestido hecho jirones y los dos brazos arrancados de cuajo. Su cara, nunca muy limpia, estaba francamente sucia. Y olia a perro muerto.

– ?Que le ha pasado? -pregunto Stephen.

– Stinky ha debido de hacer de las suyas -dijo Callie mientras le temblaba la barbilla-. Me he despertado y no la encontraba. Luego me he acordado de que me la habia dejado olvidada en el patio, la he ido a buscar y asi es como me la he encontrado. Se que Stinky no queria hacerle dano, pero no creo que la senorita Josephine vuelva a ser la misma.

Callie empezo a sollozar como si se le fuera a partir el corazon, Stephen la miro fijamente, con la muneca en las manos, y se sintio completamente impotente. Dio palmaditas a Callie en la espalda torpemente.

– Bueno, bueno. Pero… ?por que no la acuestas? Tal vez manana por la manana Hayley o Pamela o tu tia te la puedan arreglar -sugirio el, sin tener ni idea de como afrontar la situacion.

Callie nego insistentemente con la cabeza.

– No puedo meter en la cama a la senorita Josephine en este estado. Se encuentra fatal. ?Como va a dormirse con los brazos arrancados? -Se le escapo un hondo sollozo-. Esta sufriendo terriblemente. Tenemos que ayudarla.

«?Tenemos? Tambien me incluye a mi.» A Stephen le entro panico solo de pensarlo.

– ?Por que no vas a ver si alguna de tus hermanas esta despierta…? -Mientras Stephen pronunciaba aquellas palabras, Callie levanto la mirada y Stephen se encontro con sus acuosos ojos inundados de lagrimas.

– A Hayley no le gusta que la despierte por las noches. Y a Pamela tampoco.

– Tonterias. No me puedo imaginar a ninguna de las dos enfadandose contigo por ese motivo.

– Se que me diran que me espere a manana por la manana, pero yo no puedo esperar. -Lo miro con ojos esperanzados-. ?Puede ayudarnos?

Stephen miro fijamente a la pequena. «?Yo?» Lo que el sabia sobre munecas podria caber en la cabeza de un alfiler y todavia sobraria espacio. Se pregunto si parecia tan horrorizado como se sentia.

Las lagrimas seguian cayendo por las mejillas de Callie, y otro sollozo desgarrador estremecio su cuerpecito.

– Por favor, senor Barrettson. Por favor.

Stephen trago saliva y reprimio el deseo desesperado de huir. La vision de Callie llorando a lagrima viva, lo desmonto por completo. El supo que iba a perder la batalla en cuanto la vio.

– Por favor, Callie, no llores mas. -Le paso la mano por el pelo-. Supongo que puedo ayudarte a arreg… curar a la senorita Josephine.

– ?Oh, gracias, senor Barrettson! -Callie se lanzo a sus brazos y le dio un abrazo tan fuerte que casi lo tira al suelo. Los brazos de Stephen rodearon automaticamente el cuerpo de la nina. Era tan pequena. Y tan confiada. Y tan dulce. Inspiro, y una sonrisa ilumino sus labios. Olia como siempre habia imaginado que olian los ninos: a rayos de sol y nata fresca.

La pequena dio un paso hacia atras y lo miro con ojos llorosos.

– ?Cree que la podemos curar? -le pregunto con voz esperanzada.

– Estoy seguro. -No tenia ni idea de como conseguirlo, pero haria todo lo necesario para que Callie volviera a sonreir-. Veamos. ?Por que no la llevamos a tu cuarto y la lavamos un poco? Seguro que se encontrara mejor cuando le quitemos toda esa porqueria.

– De acuerdo. -Callie se froto los ojos con el dorso de la mano. Stephen rebusco en su bolsillo y extrajo un panuelo de lino blanco. Callie lo cogio y se sono ruidosamente.

– ?Mejor? -le pregunto Stephen con una sonrisa.

Ella asintio con la cabeza.

– Si.

– Excelente.

Callie deslizo su diminuta mano en la de Stephen y lo guio hasta su alcoba. Una vez alli, la pequena le quito a la muneca el vestido hecho jirones y se lo alargo a Stephen, quien lo sumergio con sumo cuidado en una jofaina llena de agua. Vertio un poco de jabon en la prenda y la froto energicamente, luego la escurrio y la tendio cerca del fuego para que se secara.

A continuacion, Callie sostuvo a la senorita Josephine mientras Stephen le lavaba con gran delicadeza la carita de porcelana. Cuando acabaron, Stephen la seco con cuidado con una toalla.

– ?Y ahora que? -pregunto Callie, acunando a la muneca envuelta en una toalla-. La ropa de la senorita Josephine todavia esta mojada, y sigue sin brazos.

– ?Tienes mas ropita? -pregunto Stephen, en un mar de confusiones.

– No, la senorita Josephine solo tiene un vestidito.

– Hummm… -Stephen se froto la barbilla con la mano, preguntandose como podia resolver el problema de la falta de vestuario de la senorita Josephine.

– Tal vez podriamos coserle los brazos -sugirio Callie.

– ?Coser?

– Si. Creo que eso seria lo mejor.

– ?Tienes los, eh… utensilios adecuados para coser? -pregunto el, rezando para que la respuesta de Callie fuera negativa.

– Si. -Callie cogio lo necesario de una cestita que tenia junto a la cama y se lo paso a Stephen.

Stephen observo el hilo y la aguja que reposaban sobre la palma de su mano. Su consternacion no habria sido mayor si le hubieran puesto una tarantula en la mano.

Aunque era evidente que los brazos de la senorita Josephine tenian que coserse a su cuerpo, Stephen no tenia ni la mas remota idea de como hacerlo.

– ?Sabes enhebrar agujas? -pregunto.

– Por supuesto que si. -Callie cogio el hilo y la aguja, se acerco al fuego y, sumamente concentrada, enhebro la aguja e hizo un nudo en un extremo del hilo-. Aqui la tiene -anadio mientras alargaba la aguja enhebrada hacia Stephen.

Stephen cogio la aguja y la miro como si se tratara de una serpiente. «?Dios mio! ?En menudo lio me he metido!»

Pero, por dificil que pareciera la empresa, el se tenia por un hombre de recursos. Seguro que se las podia arreglar para dar un par de puntos. Echo una rapida mirada a su alrededor, como si pretendiera asegurarse de que ninguno de los miembros mas preciados de la alta sociedad londinense estuviera agazapado tras las sombras, preparado para pillarle in fraganti y censurarle por conducta impropia. El marques de Glenfield cosiendole los brazos a una muneca. Stephen sabia que, si era lo bastante imbecil como para explicarle a alguien aquel episodio, de todos modos, no le creerian.

– Bueno, vamos alla. -Flexionando las piernas, se sento en el suelo cerca del fuego.

Callie se sento a su lado, y los dos juntos fueron cosiendole los brazos a la senorita Josephine. La pequena sostenia los brazos mientras Stephen daba una serie de torpes e irregulares puntadas, haciendo un gran esfuerzo por mantener los labios cerrados cada vez que se clavaba la puntiaguda aguja en el dedo.

– Es mejor que no se pinche demasiado, senor Barrettson, o acabara con un tatuaje.

– ?Que?

– Asi es como se hacen los tatuajes, ?sabe? Con agujas. Oi a Winston y a Grimsley hablar sobre ello. Primero te bebes algo que se llama Blue Ruin hasta que te sientes un poco atontado, luego te pinchan con agujas y despues te vas con tus amigos a una casa de citas. -Ladeo la cabeza en senal de interrogacion-. ?Que es una casa de citas?

Stephen solto la muneca y estuvo a punto de atragantarse.

– Es un lugar adonde, bueno… van caballeros y senoritas a… eh, a… jugar.

– ?Que divertido! Me encantan los juegos. ?Crees que en Halstead habra alguna casa de citas adonde pueda ir yo?

Stephen se tapo la boca con las manos y musito una palabrota para sus adentros.

– Solo esta permitida la entrada a los adultos. -La mera idea de que aquel tipo de vulgaridades pudiera manchar algun dia a aquella inocente nina le revolvio las tripas.

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