fragancia, limpia y salvaje al mismo tiempo, sentir sus manos explorando su cuerpo, la caricia de sus labios.
Nunca habia sospechado que en ese punto tan tardio de su vida podria enamorarse tan loca y desesperadamente. Lo unico que ahora se preguntaba era que debia hacer, en el caso de que debiera hacer algo.
Stephen tenia una vida, un trabajo, lejos de Halstead. Y para ella su familia era su principal preocupacion.
?Se plantearia el la posibilidad de buscar trabajo en Halstead? ?Se atreveria ella a pedirselo? Si no se lo pedia, ?se pasaria el resto de su vida lamentandose y preguntandose que habria respondido el? Pero ?y si se atrevia a pedirselo y el le daba una negativa?
«Se me partiria el corazon.»
Pero ?y si decidia quedarse?
Hayley cerro los ojos con fuerza y nego con la cabeza, temerosa de sonar siquiera con que Stephen pudiera quedarse, aterrada de desear tan intensamente que se enamorara de ella, que pudieran tener un futuro juntos. ?Estaria dispuesto a cargar con el peso de toda su familia?
Mucho riesgo, mucho que perder.
Pero mucho mas que ganar.
Hayley barajo mentalmente sus opciones una y otra vez sin llegar a una decision casi hasta el amanecer.
Cuando despuntaron los primeros rayos del sol tras el horizonte, tinendo el cielo de un resplandor anaranjado, por fin logro conciliar el sueno, tras haber tomado una decision.
Iba a decirle a Stephen lo que sentia por el y a pedirle que se estableciera en Halstead. E iba a rezar para que le contestara que si.
«Mucho riesgo, pero mucho mas que ganar.»
Capitulo 19
A la manana siguiente, Stephen se desperto muy tarde, con una de las peores resacas que habia tenido en anos. Parecia como si la cabeza le fuera a explotar, y las sienes le latian con tal fuerza que casi le resultaba imposible pensar. Se levanto de la cama, avanzo con paso vacilante hasta la ventana y descorrio con sumo cuidado las pesadas cortinas.
Craso error.
La fuerte luz del sol le golpeo los ojos, y retrocedio tambaleandose, apartandose de los hirientes rayos con un hondo gemido. Categoricamente, la abstinencia no estaba hecha para el. Sintio que se le revolvian las tripas y volvio a gemir. Pensandolo bien, el brandy tampoco estaba hecho para el.
Jurandose a si mismo no beber nada mas que te hasta el fin de sus dias, se vistio lentamente. Cada movimiento le repercutia en la cabeza, como si le estuvieran clavando afilados dardos en el cerebro. ?Dios! Necesitaba desesperadamente uno de los asquerosos brebajes que le preparaba Sigfried en las contadas ocasiones en que bebia mas de la cuenta.
Cuando, por fin, se hubo vestido, Stephen bajo las escaleras ansiando desesperadamente un cafe. Tras asomarse al comedor y encontrarlo desierto, se dirigio hacia la cocina, donde se encontro a Pierre limpiando pescado. Al percibir aquel fuerte olor a pescado, casi le fallan las rodillas.
– Tiene aspecto de pagueceg
– Me encuentro incluso peor, se lo aseguro -contesto Stephen, sentandose con cuidado en una silla de respaldo rigido delante de una mesa grande de madera. Dejo caer la dolorida cabeza sobre las manos-. ?Le importaria prepararme un cafe?
Pierre dejo el cuchillo y se seco las manos en el delantal.
– ?Demasiado bgandy fgances del capitan? -pregunto con una sonrisa de complicidad.
Stephen asintio y luego deseo no haberlo hecho. Y penso que alguien deberia decirle al maldito gato que dejara de pasearse por alli.
– Pierre sabe como ayudag a monsieur. Dentgo de poco se sentiga mejog. Ya vega.
Stephen no contesto, se limito a apoyar su palpitante cabeza en las manos y luego gruno.
Al cabo de cinco minutos Pierre coloco un vaso delante de Stephen. Este levanto la cabeza y lo miro con ojos leganosos.
– ?Que es? -pregunto, en el fondo sin importarle.
– Limitese a bebegselo -le ordeno Pierre en tono imperativo.
Stephen olio su contenido.
– ?Puaj! ?Que demonios es esto?
– Una gueceta secgueta. Bebaselo.
«?Y que mas da? Si no me cura, tal vez me mate. De todos modos, me encontrare mejor.» Cogio el vaso y engullo el brebaje. Era con diferencia la pocima mas repugnante que habia bebido en su vida. Se pregunto si el plan de Pierre consistiria realmente en quitarle el dolor aniquilandole.
Pierre cogio el vaso vacio y volvio a su pescado.
– Se sentiga mejog muy pgonto. Pierre es un maestgo.
Stephen se quedo completamente inmovil sentado en la silla, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en las palmas. No habia bebido tanto brandy desde que era un joven imberbe. Si se descuidaba, los Albright acabarian matandolo. En aquel momento se sentia morir.
Pero, al cabo de unos minutos, francamente no se sentia tan mal. De hecho, se fue encontrando mejor a cada minuto que pasaba. Al cabo de diez minutos, se sentia casi humano. Levanto la cabeza, moviendo el cuello tentativamente. El persistente dolor de cabeza se le habia ido. Miro a Pierre estupefacto.
– ?Se encuentga mejog, monsieur Baguettson? -pregunto Pierre, sin levantar la cabeza de la pila de pescado.
– Me encuentro bastante bien -dijo Stephen sorprendido. Ni siquiera el elixir de Sigfried lograba un efecto tan espectacular-. ?Que diablos me ha dado?
– Una gueceta familiag secgueta. Es lo mejog, ?vegdad?
– Lo «mejog» -asintio Stephen.
– Me imagino que ahoga le empezaga a entgag hambgue -predijo Pierre asintiendo con una gran seguridad.
– Me muero de hambre -dijo Stephen sorprendido. Hacia solo diez minutos, pensaba que no volveria a comer nunca mas.
Sin decir nada, Pierre le preparo una comida ligera mientras Stephen iba dando sorbos a un cafe bien cargado. Stephen miro a su alrededor con interes, y comprobo que en aquella cocina habia un inmenso horno de lena y decenas de cacerolas, sartenes y otros utensilios colgados de las paredes. De repente, se dio cuenta de que aquella habitacion era calida, acogedora y agradable. Tambien cayo en la cuenta de que era la primera vez en su vida que ponia los pies en una cocina.
–
– Gracias -dijo Stephen, atacando los huevos con un entusiasmo fuera de lo comun. Le supieron a gloria y devoro hasta el ultimo bocado. Luego se recosto en el respaldo de la silla, satisfecho y encontrandose mucho mejor de lo que hacia un rato creia posible. Saboreo otra taza de cafe mientras observaba como Pierre limpiaba un pez tras otro-. Parece ser que Andrew y Nathan se han ido de pesca esta manana -comento Stephen al cabo de un rato.
–
– ?Donde estan ahora?
Pierre se encogio de hombros.
– Cgueo que en el lago con los pegos. -Arrugo exageradamente la nariz en senal de disgusto- ?Esos pegos!
