no iba a permitir que le ocurriera otra vez lo mismo. Cuando acabaron de comer, a Hayley le dominaba la rabia, y la sangre le hervia en las venas. ?Como podia haber sido tan estupida de creer que se habia enamorado de un hombre asi? Atento en un momento, frio al momento siguiente. Era obvio que aquel hombre era incapaz de aclararse sobre nada.

– ?Vas a quedarte ahi sentada todo el dia?

Las palabras de Stephen, dichas en un tono claramente jocoso, interrumpieron las elucubraciones de Hayley. Mirando a su alrededor, se percato de que todo el mundo se habia levantado de la mesa y habia salido del comedor.

– Llevas un buen rato ahi sentada, mirando al vacio, con cara de pocos amigos -comento Stephen desde la puerta.

Dirigiendole una mirada fulminante, Hayley se levanto con toda la dignidad de la que pudo hacer acopio.

– No veo por que te tiene que importar que me quede o no aqui sentada todo el dia.

Stephen levanto las cejas. Anduvo hacia Hayley y se detuvo cuando les separaba menos de un paso, bloqueandole la salida del comedor.

– Por favor, ?puedes ser tan amable de apartarte? -dijo ella con voz tirante intentando esquivarle.

El dio un paso al lado para bloquearle la salida.

– Estas molesta conmigo. ?Por que?

Ella le dio un codazo en el pecho y el se quejo.

– ?Ay!

– ?Y a ti que mas te da si estoy o no molesta contigo? No me has dirigido la palabra en toda la comida. ?A que viene esta repentina muestra de interes?

Stephen repaso el rostro de Hayley con la mirada, y le invadio una oleada de culpabilidad. La habia ignorado durante la comida. No con la intencion de enfadarla o de herir sus sentimientos, sino solo por instinto de conservacion. En un intento de evitar la tentacion, era evidente que habia ofendido y enfadado a Hayley. Sintio una punzada de remordimiento.

Ahuecando ambas palmas alrededor de la barbilla de Hayley, le acaricio las mejillas con los pulgares.

– Lo siento.

Vio como el enfado se esfumaba de sus ojos para dar paso a una mirada de absoluta confusion.

– Creia que nos llevabamos bien. ?Que he hecho mal? ?Es por… por quien soy?

Stephen le puso un dedo en los labios.

– No, Hayley. No has hecho nada mal. Solo estaba intentando evitar la tentacion.

– ?La tentacion?

– Ejerces sobre mi una atraccion irresistible. Eso me temo. Pense que, si te ignoraba, no me sentiria tan intensamente atraido por ti y evitaria caer en la tentacion. -Stephen sonrio-. Mi plan no solo ha sido un estrepitoso fracaso, sino que ademas te he hecho sufrir en el proceso. -Sin poder controlarse, se inclino y rozo sus labios con los de ella-. Lo siento. Tu te mereces algo mejor. «Mucho mejor de lo que yo te puedo dar.» Dio un paso atras y analizo el rostro de Hayley. La calida oleada de ternura que a menudo le invadia cuando la contemplaba hizo que se le encogiera el corazon-. ?Podras perdonarme?

Ella le miro durante varios segundos y luego sonrio.

– Por supuesto.

«?Lo que faltaba! Otra faceta suya que admirar. Te ofrece su perdon sin hacerse rogar.» Stephen se froto alli donde Hayley le habia dado el codazo.

– Esta es la segunda vez que te veo enfadada. Pare evitar futuras agresiones contra mi persona, tal vez convendria que me dijeras que cosas te molestan.

– ?Aparte de los hombres testarudos que son carinosos y amables en un momento y frios y distantes al momento siguiente?

– Si. Pero yo no soy testarudo.

– Eso es opinable -dijo ella, mientras se le hacian sendos hoyuelos en las mejillas.

– Tal vez. ?Y que otras cosas hacen que te enfades?

Ella apreto los labios y reflexiono sobre la pregunta durante unos instantes.

– La falta de consideracion -respondio al cabo-. El egoismo. La crueldad. Las mentiras -dijo finalmente con expresion de seriedad.

Aquellas palabras le calaron muy hondo a Stephen, llenandole de verguenza. «Falta de consideracion, egoismo, crueldad, mentiras.» El era culpable de todas ellas. Especialmente de las mentiras, en lo que se referia a su relacion con Hayley.

Forzando un tono despreocupado, le dijo:

– Debere hacer un esfuerzo para evitar participar en cualquiera de esas actividades. -«Demasiado tarde, Stephen», le grito su voz interior.

– No tengo ningun miedo de que alguna vez puedas actuar sin consideracion, con egoismo o crueldad, o enganando a la gente. Se que no lo haras -le dijo dulcemente, con el corazon en la mirada.

Stephen sintio otra oleada de culpabilidad, que le comprimio tanto el pecho que tuvo que hacer un gran esfuerzo para respirar. La miro con seriedad. «Diselo. Diselo ahora.»

– Hayley, yo no soy el dechado de virtudes que pareces creer que soy. De hecho, yo… -Sus palabras se perdieron en el aire cuando ella alargo el brazo y le toco la mano.

– Si, lo eres, Stephen. -Lo miro con ojos brillantes-. Si, lo eres.

Suspirando hondamente, el la estrecho entre sus brazos, apretandola contra su palpitante corazon. Hundio el rostro en el perfume de su cabello y cerro los ojos intentando luchar contra la culpa y la verguenza que le carcomian por dentro. Hayley le acababa de mirar como le habia mirado Callie la noche anterior. La admiracion brillaba en sus inmensos y limpidos ojos azules, una admiracion que a Stephen le hizo sentir, por primera vez en la vida, que tal vez no era tan canalla, despues de todo. Y sabe Dios lo mucho que le gusto aquella sensacion.

Demasiado.

Pero el no era digno de aquella admiracion.

«Alejate de ella. Dile que te vas manana.»

En lugar de ello, se acerco todavia mas. La abrazo mas fuerte e intento absorber parte de su bondad, sabiendo que al dia siguiente, cuando el ya no estuviera alli, aquella mirada de admiracion desapareceria de los ojos de Hayley. Le invadio una profunda sensacion de perdida y la abrazo todavia mas fuerte, disfrutando de la ternura de aquel momento, tan hermoso como fugaz.

«Pasado manana todo se habra acabado.»

– Esta preciosa, senorita Albright -dijo Stephen a Pamela aquella misma tarde cuando la vio entrar en el salon. La repaso con la mirada de arriba abajo, fijandose en su vestido verde pastel y su favorecedor recogido-. Seguro que es el foco de las miradas de todos los hombres de la fiesta.

Un rubor rosado encendio las mejillas de Pamela.

– Muchas gracias, senor Barrettson. Usted tambien esta excepcionalmente elegante.

– Gracias… -la voz de Stephen se desvanecio en cuanto vio a Hayley de pie en el umbral de la puerta, toda una vision con su vestido azul claro. Era exactamente del mismo color que sus ojos. El escotado corpino resaltaba sus senos, dejando al descubierto una tentadora extension de piel color crema. Sus rizos castanos estaban recogidos con suma habilidad en un elegante mono en la parte superior de la cabeza. Una cinta de color azul claro adornaba el fino recogido, y un par de resplandecientes zarcillos enmarcaban su hermoso rostro.

«?Dios mio!» A Stephen se le quedaron los pulmones sin aire. Hayley le quito literalmente el aliento. Avanzo hacia ella, con la mirada clavada en su rostro ruborizado. Cuando llego a su lado, le tomo la mano y le dio un tierno beso en los enguantados dedos.

– Estas exquisita -dijo tiernamente-. Absolutamente exquisita.

Ella todavia se ruborizo mas.

– El vestido es bonito, Stephen.

– La mujer que lo lleva es bonita. -Incapaz de contenerse, le beso la cara interna de la muneca.

Ella dijo en voz baja y ligeramente sofocada:

– ?No te parece que el escote es un poco escandaloso?

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