– Perfectamente comprensible -murmuro Stephen, estremeciendose solo de pensar en el estropicio que aquellas bestias podrian hacer en la cocina. Se levanto y se acerco a Pierre, observando fascinado como aquel hombre menudo limpiaba el pescado.

El cuchillo de Pierre se movia de un lado a otro con una gran economia de movimientos, y la pila de pescados limpios iba creciendo a la misma velocidad. Tras observarle atentamente durante varios minutos, Stephen sintio el repentino impulso de probarlo por si mismo.

– ?Puedo ayudar? -pregunto con aire despreocupado.

Pierre se detuvo y lo miro de soslayo durante un momento antes de hablar.

– ?Ha limpiado pescado alguna vez?

– No.

– Le ensenague. -Le paso a Stephen un cuchillo y un pez pequeno-. Pguimego le cogta la cabeza -dijo Pierre, y se lo demostro con el pescado que tenia en la mano.

Stephen lo cogio por la cola e imito las acciones de Pierre.

– Luego cogta aqui abajo y le aganca las tguipas.

Stephen imito a Pierre, haciendo una raja en el abdomen del pez y extrayendole las visceras.

– Luego, sostengalo pog aqui y gasque con el cuchillo.

Stephen observo como Pierre cogia el pez por la cola y lo descamaba deslizando el borde romo del cuchillo a lo largo del cuerpo del pez.

– Luego cogta aqui y voila. Ya esta. -Pierre golpeo fuertemente la cola contra el poyo de la cocina y anadio el pez al monton de pescados limpios-. Usted se encagga del guesto y mientgas tanto Pierre hace otgas cosas.

Stephen cogio el cuchillo, primero torpemente, y estuvo a punto de rebanarse un dedo de cuajo, pero al final le cogio el tranquillo a la tarea, aunque sin igualar la velocidad y la destreza de Pierre.

Al principio, Stephen no entendia muy bien que impulso se habia aduenado de el para ofrecerse voluntariamente a ayudar a Pierre, aparte de una curiosidad insana por aprender una actividad completamente desconocida para el. Pero, para su sorpresa, comprobo que en el fondo le gustaba limpiar pescado. Cuando acabo y dejo el cuchillo sobre el marmol, se sentia bastante orgulloso de si mismo.

Pierre examino su trabajo y dijo:

– Ha hecho un buen tgabajo. Ahora le ensenague a cocinag.

Stephen se paso la proxima hora en la cocina con su maestro, aprendiendo los detalles de preparar la comida para una familia hambrienta. Codo con codo, frieron la pila de pescados, hicieron al vapor una enorme cacerola de hortalizas y hornearon varias barras de pan mientras Pierre iba explicando anecdotas sobre sus anos como cocinero a bordo del barco del capitan Albright.

Escuchando aquellas divertidas anecdotas, Stephen experimento un desconocido sentimiento de pertenencia, algo que nunca le habia ocurrido en su propia casa. Iba acompanado de una agradable sensacion de logro y satisfaccion. Algo tan sencillo como limpiar pescado o trocear verdura era capaz de inspirarle una camaraderia que nunca habia sentido hasta entonces. ?Era aquello lo que hacian sus sirvientes? ?Charlar y reir mientras trabajaban? ?Establecian lazos de amistad entre ellos? Stephen sacudio la cabeza. No tenia la mas remota idea, y el hecho de saber tan poco sobre la gente que trabajaba para su familia le lleno de verguenza. Tenian sus vidas y sus familias, pero el nunca se habia interesado por ellas. Por supuesto, si el marques de Glenfield se hubiera ofrecido para ayudar en la cocina, sus sirvientes se habrian muerto del susto.

Poco antes de llevar la comida al comedor, Pierre preparo un plato con cabezas de pescado y lo dejo en el suelo para Berta, la gata.

– Creia que odiaba a la gata -comento Stephen con una sonrisa mientras veia como el cocinero acariciaba carinosamente al felino en la cabeza mientras este se le restregaba entre las piernas.

– Begta es buena. Y mantiene a gaya a los gatones -contesto Pierre con una breve sonrisa-. Pero no se lo diga a mademoiselle Hayley. Es nuestgo secgueto, oui?

Stephen asintio y luego ayudo a Pierre a llevar las fuentes llenas de humeante comida al comedor. Llegaron justo cuando los Albright entraban en la habitacion.

Hayley miro a Stephen sorprendida cuando lo vio cargando con sus manos una pesada fuente, que dejo en el centro de la mesa.

Stephen se dio cuenta de que ella lo miraba y sonrio:

– Quiero informar a todo el mundo de que he ayudado a preparar la comida -anuncio, incapaz de ocultar el orgullo en su voz.

– ?Ah, si? -Hayley miro a Pierre, quien confirmo las palabras de Stephen asintiendo solemnemente.

– El buen cocinego. No tres magnifique como Pierre, pego bueno. -Dirigio una sonrisa de oreja a oreja a Stephen-. Sega bien guecibido en la cocina de Pierre siempgue que usted quiega.

Hayley miro azorada al cocinero.

– Nunca permite que nadie le ayude en la cocina.

Pierre miro a Hayley enarcando las cejas y luego se volvio hacia Stephen.

– Ella ni siquiega sabe poneg agua a calentag -confeso a Stephen simulando hacerle una confidencia en voz alta.

Hayley miro a Pierre con fingida seriedad, pero Stephen la vio torcer el labio.

– Reconozco que no soy muy buena cocinera.

Pierre puso los ojos en blanco.

– Sacrebleu! Es una cocinega pesima. Si cocina ella, salga coguiendo de esta casa.

Stephen rio al imaginar a los Albright saliendo en estampida de la casa. Rodeo la mesa y se sento en su sitio, a la derecha de Hayley, con Callie al otro lado. Tras tomar asiento, Stephen se inclino hacia Callie.

– ?Como se encuentra la senorita Josephine esta manana? -le pregunto en voz baja.

Callie le dedico una sonrisa radiante.

– Se encuentra bastante bien, gracias. Ahora esta descansando.

– Es comprensible -dijo el en tono solemne-. Ayer vivio una experiencia terrible.

– Si. Pero ahora esta bien. Gracias a usted. -Callie lo miro sin poder ocultar su admiracion-. Usted es un heroe, senor Barrettson.

Stephen se detuvo a medio camino cuando se estaba llevando el tenedor a la boca. «?Un heroe!» Si no se le hubiera hecho un nudo en la garganta, se habria reido a carcajadas ante una idea tan absurda. «Vaya ocurrencias tienen los ninos y que cosas tan tiernas les hace decir su inocencia.»

«Aunque no tengan absolutamente nada que ver con la realidad.»

Hayley observo a Stephen durante toda la comida, estupefacta ante lo que veian sus ojos. Stephen rio abiertamente las payasadas de Andrew y Nathan, hechizo a tia Olivia hasta reducirla a un estado de azoramiento y tartamudeo que lindaba con la incoherencia, y hasta mantuvo una conversacion con Grimsley y Winston sobre las maravillas de la pesca. Converso con Pamela sobre musica, y se inclino repetidamente sobre Callie, sonriendo ante todo lo que la pequena le susurraba al oido.

De hecho, hablo y se metio literalmente a todos y cada uno de los miembros de la familia Albright en el bolsillo.

A todos menos a ella.

Al principio, Hayley penso que era ella quien se estaba imaginando que el la ignoraba, pero, cuando le toco la manga para atraer su atencion, el aparto el brazo, le contesto con un monosilabo y volvio a centrar su atencion en Andrew y Nathan.

Bien podria haberle dado una bofetada. Primero la invadio un intenso azoramiento que enseguida dio paso a una oleada de enfado. ?Que demonios le habia hecho ella para merecer tal rechazo? «?Dios mio! Este hombre es absolutamente imposible. En un momento me besa como si no quisiera parar nunca y en el momento siguiente me evita como si tuviera la peste. Me hace regalos caros solo para darse la vuelta e ignorarme al dia siguiente. ?Y todo solo porque sabe que soy H. Tripp? Me aseguro que habia olvidado aquella conversacion. ?Acaso me mintio?»

Cuanto mas pensaba en ello, mas enfadada y ofendida se sentia Hayley. Ya la habia hecho sufrir un hombre, y

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