impulso de reir se apodero de ella, pero trato de contenerse para no asustar a los pajaros. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano y comenzo a reir. Las grises plumas se agitaron, luego se calmaron rapidamente; los pajaros no se preocupaban porque su percha riera.

– Me gustaria que Elizabeth estuviera aqui -dijo Allie-. Me encantaria que plasmara este momento en su libreta de dibujo. ?Esta usted tan divertido con esa paloma en el sombrero!

– Usted tambien esta bastante comica. Una se dirige hacia el suyo.

– Oh. -Sintio el peso del ave al posarse sobre su cabeza, y la hilaridad la consumio. Poco a poco, el manto de preocupaciones le resbalo de los hombros y cayo al suelo. Rio hasta que le dolieron los costados y las lagrimas le rodaron por las mejillas. Dios, ?cuanto tiempo habia pasado desde la ultima vez que riera asi? ?Desde cuando no habia disfrutado tanto? Anos… aunque parecian decadas.

– Se me acaba de ocurrir un apodo adecuado para usted -dijo lord Robert, deshaciendose de un soplido de una pluma que tenia en la barbilla-. La llamare Madam P.E.S, por Pajaro en el Sombrero.

– Muy bien, senor PE.C.

– ?Disculpe?

– Pluma en la Cara. Tiene una enganchada en la mejilla, y otra especialmente bonita colgada de la oreja.

Siguieron riendo varios minutos. Luego, cuando las migas se agotaron, las palomas alzaron el vuelo una a una, excepto la que lord Robert tenia instalada en el sombrero.

– Creo que usted le gusta -exclamo Allie divertida, mientras se sacudia las mangas y se colocaba bien el sombrero.

– O eso o es que ha hecho un nido. Espero que no, porque es mi sombrero favorito. -Hizo varios gestos para espantar a la paloma, pero esta no se movio-. Al parecer tendremos un pasajero extra durante un rato. ?Le importa?

Allie apreto los labios para contener la risa que le producia su imagen con la paloma en el sombrero, pero no lo consiguio.

– En absoluto.

– Excelente. -Le ofrecio el brazo con solemnidad, y ella lo acepto con igual pompa-. Sugiero que nos encaminemos a Regent Strett -dijo, mientras tomaban el camino empedrado, bordeado de arboles que conducia hasta su carruaje-. Ninguna visita a Londres esta completa si no se pasa por las tiendas.

Allie dudo, abrumada por un sentimiento de nostalgia. Hubo un tiempo en que hubiera aceptado inmediatamente la invitacion. Le habia encantado pasear por las tiendas, escogiendo hermosos vestidos y frivolos sombreros. Pero en ese momento, al no contar con fondos, la idea le resultaba casi deprimente. Lord Robert la miro y, al instante, Allie se pregunto que habria leido aquel hombre en su expresion, porque el rostro se le cubrio por lo que solo podia ser descrito como desilusion. Si embargo, antes de que ninguno de los dos pudiera articular palabr una voz conocida los saludo.

– ?Alberta! ?Lord Robert!

Se volvieron al unisono y fueron recompensados con la vision de lady Gaddlestone lanzada hacia ellos, con Tedmund, Edward y Frederick tirando de sus correas. Un agobiado lacayo trotaba detras de la baronesa, cargado con tres almohadones de fundas de colores que, evidentemente, pertenecian a la jauria de malteses.

– Vigile la falda y los tobillos -advirtio lord Robert en voz baja- Aqui vienen sir Meamucho, sir Muerdealgo y sir Rascapierna.

La risa le subio por la garganta y tosio para disimular. ?Dios, aquel hombre era terrible!

– ?Que sorpresa mas encantadora! -exclamo la baronesa mientras ella y los chicos se acercaban. Tiro de las correas, pero los perros siguieron avanzando, meneando la cola, directos hacia Allie y lord Robert y emitiendo agudos ladridos de jubilo desmesurado-. ?Tedmund! ?Edward! ?Frederick! ?Parad inmediatamente!

A la paloma posada sobre el sombrero de lord Robert no le gusto nada el alboroto y salio volando con un fuerte aleteo. Lord Robert se volvio hacia Allie, y esta se mordio el labio para no estallar en carcajadas. El despegue de la paloma le habia inclinado el sombrero, que se apoyaba en un angulo precario y le cubria completamente un ojo.

– No se estara riendo de mi, ?verdad, madame P.E.S? -pregunto en un fingido tono de severidad.

– ?Yo, senor PE.C?-repuso ella abriendo mucho los ojos-. ?Claro que no!

El le guino un picaro ojo azul oscuro.

– Un cuento de Banbury -concluyo.

La baronesa consiguio finalmente detener a su jauria; tenia el grueso rostro enrojecido por el esfuerzo. Lord Robert se coloco bien el sombrero y miro a los chicos.

– Sentaos -ordeno. Los chicos obedecieron instantaneamente, mirandolo con ojos devotos.

– Realmente debe explicarme como hace eso -jadeo la baronesa, mientras se enjugaba la sudorosa frente con un delicado panuelo de encaje-. Estos diablillos se niegan a obedecerme cuando se excitan. Y ahora, diganme, queridos, ?por que estan todavia en la ciudad? Pensaba que ya habrian llegado a Bradford Hall. -Una expresion preocupada le cubrio el rostro-. Espero que no haya ningun problema con la duquesa y su bebe.

– Todo va perfectamente -la tranquilizo lord Robert-. Por lo que se, aun no soy tio de nuevo. La senora Brown tenia que permanecer en Londres unos dias para solventar ciertos asuntos. La acompanare a Bradford Hall en cuanto haya acabado.

La mirada de la baronesa iba de uno a otro y en su rostro se reflejaba un vivo interes.

– Ya veo. Te preguntaria si estas disfrutando de tu estancia en Londres, querida Alberta, pero se ve claramente que asi es. La verdad es que no creo haberte visto nunca tan… animada. -Se inclino hacia lord Robert y le susurro en voz alta-: ?No le dije que es extraordinariamente bella cuando sonrie?

– Cierto.

Durante unos segundos, Allie contuvo la respiracion, esperando a ver si el decia alguna cosa mas… si compartia la opinion de lady Gaddlestone. Lord Robert no dijo nada mas, Y Allie se sintio extranamente decepcionada. Pero recupero la cordura y con ella una fuerte irritacion consigo misma. ?Por el amor de Dios! ?Que le importaba si la consideraba bonita o no? Trato desesperadamente de cambiar la direccio que estaba tomando la conversacion.

– ?Como le va, ahora que ha regresado a su hogar, lady Gaddlestone? -pregunto rapidamente.

– Muy bien, querida. He tenido docenas de visitas y casi me he puesto al dia de los ultimos cotilleos. -Le lanzo una mirada maliciosa a lord Robert-. Aunque no he oido nada sobre esta supuesta nueva moda entre caballeros de llevar palomas sobre el sombrero.

– ?De verdad? Me extrana, porque es lo ultimo en sombreros de caballero.

– Humm. No pensaria lo mismo si esa bestia emplumada le hubiera arruinado el sombrero.

– Ah, pero hubiera sido un escaso precio a pagar.

Allie noto que lord Robert la miraba y que flexionaba el brazo por el codo, donde reposaba la mano de ella, apretandole ligeramente le dedos. Fruncio el ceno. Esas palabras le sonaban demasiado familiares.

De repente cayo en la cuenta. Habia repetido las palabras que el usara cuando le hablo de hacer malabares con huevos para Joshua «Fue un escaso precio a pagar por verle sonreir.» El significado de las palabras de lord Robert se le hizo perfectamente claro.

La habia llevado alli y habia puesto en peligro su traje solo con un proposito. Hacerla sonreir.

Se volvio rapidamente y descubrio que la estaba mirando. Aquellos ojos hermosos, llenos de picardia y calor, con su atractivo realzado por la sonrisa que le rondaba en las comisuras de los labios. Un torrente de sensaciones descendio sobre ella, confundiendola y enterneciendola al mismo tiempo.

Antes de que tuviera tiempo de pensar una respuesta, el volvio a centrar su atencion en la baronesa.

– La senora Brown y yo nos dirigiamos hacia Regent Street. He pensado que le gustaria visitar la pasteleria y tomar el te en The Blue Iris. ?Le gustaria acompanarnos? Me encantaria oirlo todo sobre sus viajes por America.

La baronesa le dirigio una gran sonrisa.

– Querido, nada me gustaria mas.

Comodamente instalada en una lujosa silla de terciopelo azul junto a la enorme chimenea de ladrillo de The Blue Iris, lady Gaddlestone bebia su te y charlaba alegremente sobre sus aventuras en America, sin dejar de agradecer al destino su valioso don de poder mantener una conversacion dedicandole solo la mitad de su atencion. Porque la otra mitad de su atencion estaba centrada en la fascinante situacion que se desarrollaba ante

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