– ?Donde esta Clara ahora?

– Se ha acostado, senor. La cocinera le preparo una tisana para calmarle los nervios. Casi se desmaya despues, pero Clara nos ha salvado de otro robo.

– Ciertamente -murmuro Robert-. ?Cuando ha ocurrido?

– No mas de media hora despues de que ustedes partieran, senor. En cuanto deje a Clara con la cocinera, envie a buscar al magistrado. El senor Laramie hablo con Clara y luego se marcho. Me pidio que le dijera que le informaria de cualquier novedad, y que me asegurara de que todas las puertas y ventanas estuvieran cerradas. He registrado toda la casa. Estamos seguros.

– Muchas gracias, Carters. -Robert se volvio hacia la senora Brown, que habia permanecido en silencio durante su conversacion con Carters. Estaba tan inmovil como una estatua, con el rostro sin color y los ojos convertidos en dos estanques gemelos de inquietud. Robert noto el ligero temblor que le agitaba el labio inferior y la manera en que se retorcia las manos.

Ocultaba algo, maldicion, y el ya estaba mas que harto. No la habia presionado la noche anterior, pero esa noche las cosas serian diferentes.

– Creo que debemos tener otra conversacion, senora Brown -dijo suavemente.

Allie estaba ante la chimenea del salon, mirando fijamente las llamas, tratando de absorber el calor para alejar el frio que le habia calado hasta los huesos al oir las inquietantes noticias de Carters.

Dios, no se habia acabado. El anillo, la caja. Ya no los tenia, pero aun habia alguien que queria algo de ella. O simplemente que la queria… fuera de escena.

Se agarro las manos con fuerza, pero fue incapaz de detener el temblor que las sacudia. No podia recordar una epoca de su vida en la que se hubiera sentido mas asustada. O mas sola. Y no solo asustada por su propia seguridad. El peligro no la amenazaba unicamente a ella. Lord Robert ya habia resultado herido, y la casa habia sido asaltada y robada. Si iba a Bradford Hall, ?seria posible que su presencia pusiera en peligro a Elizabeth y a su familia?

No podia correr ese riesgo. Sin duda, lo mejor seria que se volviera a America. Inmediatamente. Su corazon se oponia a esa idea, pero no podria perdonarse si alguien mas resultara danado por su culpa. Y a causa de su conexion con David. Porque esa era la unica explicacion posible. La persona que queria algo de ella tenia que ser alguien del pasado de David. Alguien que la habia seguido desde America. La invadio una sensacion de amargura.

«Asi que ahora vas a robarme algo mas, David. La oportunidad de ver a Elizabeth.»

Lagrimas ardientes le llenaban los ojos. Dios, se sentia tan sola, era un punzante dolor que nunca antes habia experimentado. Y estaba muy cansada de estar sola.

– ?Se encuentra bien?

La profunda voz de lord Robert sono directamente a su espalda. Se volvio y se encontro mirando a unos ojos no tan cargados de furia como habia esperado, pero sin duda preocupados.

Lord Robert extendio los brazos y le coloco las manos sobre los hombros. El calor de sus amplias palmas atraveso la tela del vestido.

– Es evidente que no se encuentra bien -dijo con suavidad-. Y tambien es evidente que pasan mas cosas de las que me ha explicado. -Apreto las manos y su voz adquirio un tono mas seco-. Sea lo que sea, no solo la pone a usted en peligro, sino tambien a mi y a todos los que estan en casa de mi hermano. No quiero que nadie resulte danado.

– Yo tampoco lo quiero -murmuro ella-. Y por eso, lo mejor que puedo hacer es regresar a America. En el primer barco disponible.

Lord Robert parecio quedarse helado durante unos instantes. Una mirada indescifrable le cruzo los ojos y sus dedos le apretaron los hombros con mas fuerza.

– No -dijo con tono enfatico-. Eso no seria lo mejor. Podemos resolver el problema. Quien sea que este detras de todo esto sera arrestado. Mientras tanto, Bradford Hall es un lugar muy seguro, y en cuanto lleguemos, me ocupare de que se tomen medidas de seguridad especiales.

La conviccion de lord Robert le hizo dudar de su decision. Dios sabia que no queria marcharse. Claro que si se fuera, no se veria obligada a revelar los humillantes detalles de su matrimonio. Podria poner rumbo hacia su hogar sin que el los llegara a conocer.

Lord Robert la sacudio ligeramente por los hombros, para captar su atencion.

– Debe abandonar la idea de partir. No solo Elizabeth nunca me lo perdonaria si la dejara irse, sino que usted no puede realizar ese viaje sola. Si despues de ver a Elizabeth, sigue decidida a acortar su estancia en Inglaterra, lo arreglaremos para que alguien le haga compania durante el viaje. -Los atractivos ojos azul oscuro de lord Robert se clavaron en los de Allie-. Pero usted no me parece la clase de mujer que huye.

Esa afirmacion le parecio tanto un cumplido como un reto, y fortalecio su decision de no permitir que David le robara nada mas. Los argumentos de lord Robert para convencerla de que permaneciera en Inglaterra eran solidos, mientras que la idea de partir la llenaba de una sensacion dolorosa a la que no sabia poner nombre.

– Me quedare -declaro. En cuanto esas palabras cruzaron sus labios, sintio como si se hubiera sacado un gran peso de encima.

Lord Robert se vacio los pulmones con una larga exhalacion, y aflojo las manos, que la agarraban por los hombros.

– Excelente. Pero ahora debe explicarme que esta pasando. Le prometo hacer todo lo posible para proteger tanto a usted como a mi familia, pero no podre lograrlo si no lo se todo.

Todo. Tenia razon, naturalmente. Habia mas cosas en juego que su propia seguridad. Su silencio colocaria a lord Robert en una peligrosa situacion. En realidad, ya lo habia hecho. Si le ocurriera alguna otra desgracia…

No. No podia permitir que eso sucediera.

Lord Robert volvio a sacudirla ligeramente por los hombros.

– Dejeme ayudarla. Confie en mi.

Allie reprimio la carcajada sacastica que se le formaba en la garganta. Pero aunque se mofara de la idea de confiar en el, su corazon le recordaba que aquel hombre se habia mostrado digno de confianza, al menos en lo referente a protegerla. La habia rescatado de sus raptores y habia velado por ella desde su llegada.

«Dejeme ayudarla.» Allie cerro los ojos un instante. Tener un aliado… alguien con quien hablar. En quien confiar. En quien poder apoyarse. Pero ?que pensaria lord Robert de ella cuando supiera la verdad? La idea de ver el calor y la admiracion desvanecerse de sus ojos la entristecio. Pero le debia la verdad. Puesto que la seguridad de lord Robert estaba amenazada, no tenia otra alternativa.

– Es una historia bastante larga -dijo. Lord Robert la siguio mirando inmutable.

– Dispongo de todo el tiempo que necesite. -Le solto los hombros y le apreto suavemente las manos para tranquilizarla-. Venga. Sentemonos. -La acompano hasta el sofa. En cuanto se sentaron, Allie lanzo un largo suspiro.

– ?Elizabeth le ha contado algo sobre… mi marido?

Lord Robert parecio sorprendido.

– No. Solo que habia muerto.

– ?Le menciono como habia muerto?

– No. Supuse que de algun tipo de enfermedad.

– David murio en un duelo. -Deseaba apartar los ojos para escapar de la penetrante mirada de lord Robert, pero se obligo a seguir mirandolo directamente-. Lo mato el marido de su amante.

Fue evidente que lord Robert tardo varios segundos en asimilar esas palabras, pero su reaccion de sorpresa fue inconfundible. Incapaz de soportar la compasion que vio formarse en sus ojos, Allie se puso en pie y comenzo a recorrer la sala de arriba abajo.

– Yo no tenia ni idea -prosiguio Allie-. Un instante pensaba tener un marido que me amaba tanto como yo a el, y al siguiente descubro que esta muerto. Antes de poder asimilar la noticia, me entere de que me habia sido infiel… casi desde el momento en que nos casamos.

En cuanto hubo comenzado, las palabras parecieron brotar de ella como si hubiera abierto una herida supurante y el veneno se estuviera derramando.

– Aun no me habia recuperado de aquel golpe cuando averigue que el adulterio era el menor de los pecados de David. Mientras recogia sus pertenencias, encontre su diario. Lo lei y descubri con que clase de hombre me habia casado.

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