Ella sonrio y nego con la cabeza.
– ?Voy a tener que ponerme duro contigo?
– Eso tampoco dara resultado.
Su risa profunda y ronca inundo la oficina y le ilumino los ojos. El hombre que tenia delante era intrigante y carismatico. Este era el John que la habia hechizado y logrado que se desnudara hacia siete anos, y el mismo que despues se habia deshecho de ella como si fuera una sustancia toxica.
– ?Los de
Sin apartar los ojos de ella, levanto el brazo y subiendo el puno de la camisa giro la muneca para echarle un rapido vistazo al reloj de oro.
– ?Me estas echando?
– Claro.
El bajo el puno de la camisa y cogio la chaqueta del esmoquin.
– Piensa en lo de Oregon.
– No necesito pensarlo. -No iba a ir. Y punto.
Justo en ese momento se abrio la puerta y entro Charles, poniendo fin a cualquier otro debate y trayendo consigo un cambio en el aire. Charles paseo la mirada de Georgeanne a John y viceversa, y fruncio el ceno.
– Hola -dijo.
Georgeanne se enderezo.
– Pensaba que habiamos quedado a mediodia -coloco la foto en el escritorio.
– Acabe pronto y pense venir antes para sorprenderte. -Miro a John y algo floto entre los dos hombres. Algo primitivo, personal y masculino. Un idioma codificado sin palabras que ella no entendio. Georgeanne rompio el silencio y presento a los dos hombres.
– Georgeanne me ha dicho que eres el padre de Lexie -dijo Charles tras varios instantes llenos de tension.
– Asi es. -John era diez anos menor que Charles. Era alto y atletico. Un hombre guapo con un cuerpo impresionante. Y era tan retorcido como un tirabuzon. Charles que media tan solo unos centimetros mas que Georgeanne era delgado y musculoso. Tenia un aspecto mas distinguido, como un senador o un congresista. Y era sensato.
– Lexie es una nina maravillosa.
– Si. Lo es.
Charles deslizo el brazo alrededor de la cintura de Georgeanne con posesividad y la acerco a su lado.
– Georgeanne es una madre estupenda y una mujer increible -dijo, dandole a ella un pequeno apreton-. Y ademas es una cocinera fantastica.
– Si. Lo recuerdo.
Charles arqueo las cejas.
– No necesita nada.
– ?De quien? -pregunto John.
– De ti.
John paso la mirada de Charles a Georgeanne. Una sonrisa picara dejo al descubierto sus dientes absolutamente blancos.
– ?Todavia tienes antojo de besos por la noche, nena?
Ella tuvo deseos de pegarle. Trataba, a proposito, de picar a Charles. Y Charles… no sabia que pensaba Charles.
– Ahora no -dijo.
– Tal vez no besas a la persona adecuada. -El se encogio de hombros y tiro de los punos de la camisa.
– O tal vez ya estoy satisfecha.
El le dirigio una mirada esceptica a Charles antes de volver a mirar a Georgeanne.
– Ya nos veremos mas tarde -dijo, y acto seguido abandono la habitacion
Ella lo observo salir, luego se enfrento a Charles.
– ?De que iba todo eso? ?Que pasaba entre vosotros dos?
Charles guardo silencio un momento, con el ceno todavia fruncido.
– Una cagada.
Georgeanne nunca le habia oido decir tacos antes. Estaba sorprendida y alarmada. No queria que Charles pensara que tenia que competir con John. Los dos hombres jugaban en ligas diferentes. John era rudo, lascivo y usaba los tacos como si fueran un segundo idioma. Charles era brillante y caballeroso. John era un tramposo que queria ganar por todos los medios. Charles no tenia ninguna posibilidad contra un hombre que utilizaba las dos manos en el urinario.
Charles nego con la cabeza.
– Lamento haber usado palabras de mal gusto.
– Esta bien. John parece saber como sacar a la luz lo peor de las personas.
– ?Que queria?
– Hablar de Lexie.
– ?Y que mas?
– Nada mas.
– Entonces ?por que te pregunto sobre antojos de besos?
– Te estaba provocando. Algo que hace bastante bien. No dejes que te fastidie. -Ella le rodeo el cuello con los brazos para tranquilizarlo a el y a si misma-. No quiero hablar de John. Quiero hablar de nosotros. Pensaba que tal vez este domingo podriamos coger a las chicas y pasar el dia buscando ballenas cerca de las islas San Juan. Se que es algo que hacen los turistas, pero nunca lo he hecho y siempre he querido hacerlo. ?Que te parece?
El la beso en los labios y sonrio.
– Opino que eres preciosa y que hare lo que quieras.
– ?Cualquier cosa?
– Si.
– Entonces llevame a comer. Me muero de hambre. -Agarro la mano de Charles y mientras salian se dio cuenta de que la foto en la que parecia una carpa del circo ya no estaba.
Capitulo 11
Por primera vez en siete anos, Mae casi se alegraba de que su hermano gemelo estuviera muerto. Los amigos de Ray o bien acababan mudandose de estado o bien morian, y el nunca habia podido soportar las deserciones. No le importaba que la persona desertora no tuviera otra opcion.
Mae se quito bruscamente las gafas de sol y atraveso el vestibulo del hospital. Si Ray estuviera vivo, no habria podido aguantar como su buen amigo y amante, Stan, agonizaba de sida. El habia sido demasiado emotivo y habria sido incapaz de disimular su pena. Pero Mae no tenia ese problema. Mae siempre habia sido mas fuerte que su gemelo.
Inclino la cabeza y empujo con fuerza las pesadas puertas de cristal. Tenia todo bajo control. Menos mal. Si no fuera asi, no habria podido ir al hospital a despedirse de Stan. Si no fuera por el autocontrol que poseia, se derrumbaria antes de llegar a casa. Sin embargo, estaba muy cerca de sufrir una crisis nerviosa alli mismo y empezar a llorar por ese hombre que tanto la habia ayudado cuando murio su hermano. Ese hombre que tanto queria habia sido un vividor, un sibarita loco por los objetos de Liberace. Stan era ahora poco mas que un esqueleto esperando que su familia lo llevara a casa a morir. Era la ultima victima del sida. Habia sido un gran apoyo para ella y lo queria mucho.
Mae aspiro profundamente la fresca brisa matutina para limpiar sus pulmones del aire viciado del hospital. Iba a cruzar la decimoquinta avenida hacia la casa que compartia con su gato, Bootsie, cuando una voz la detuvo.
– ?Eh, Mae!
Se detuvo en medio de la calzada y al mirar por encima del hombro, se encontro con la cara sonriente de
