– Te equivocas, Georgie. Lamento herir tus sentimientos, pero te encuentro completamente resistible -le dijo, mientras dejaba caer la mano y heria el orgullo de Georgeanne un poco mas-. Podrias golpearme la cabeza con un stick y meterme la lengua en la boca y, aun asi, no responderia.
– Ja, ?a quien tratas de convencer, a mi o a ti mismo?
El la miro de arriba abajo.
– Solo expongo los hechos.
– Aja. Bueno, entonces yo te expongo los mios. -Ella hizo lo mismo que el y lo repaso de arriba abajo. Comenzo por las musculosas pantorrillas y subio por los muslos poderosos, la cintura, el amplio pecho y los hombros anchos hasta su apuesta cara. Parecia el tipico machote sudoroso-. Antes besaria a un pez muerto.
– Georgie, he visto a tu novio. Ya besas a un pez muerto.
– Mejor a el que a un estupido deportista como tu.
John entrecerro los ojos.
– ?Estas segura?
Ella sonrio, satisfecha de haberlo molestado.
– Por completo.
Antes de que ella supiese lo que sucedia, John le rodeo la cintura con un brazo y la atrajo con fuerza hacia su cuerpo. Le deshizo el mono con los dedos.
– Abre la boca y di «ah» -le dijo mientras posaba la boca con dureza en la de ella. Georgeanne jadeo de sorpresa y sus brazos cayeron flacidos a los costados. Sus ojos azules se perdieron en los de ella, luego el suavizo el beso y ella sintio como le rozaba el labio inferior con la punta de la lengua. Le lamio la comisura de la boca y le succiono ligeramente los labios. John cerro los ojos y la apreto mas contra su pecho. Un escalofrio ardiente recorrio la espalda de Georgeanne y le erizo el vello de la nuca. La boca de John era caliente y mojada y, antes de poder pensar en nada mas, le devolvio el beso. Le rozo la lengua con la suya y el calor se incremento. Luego tan repentinamente como habia comenzado, el la aparto con brusquedad.
– ?Ves? -le dijo, respirando profundamente y expulsando el aire con lentitud-. Nada.
Georgeanne parpadeo y lo observo, parecia tan frio como un dia de diciembre. Ella todavia podia sentir la presion de su boca en la suya. La habia besado y ella se lo habia permitido.
– No hay ninguna razon por la que nosotros dos no podamos compartir casa durante una semana. -El se limpio el labio inferior con el pulgar, borrando la mancha roja-. A menos, claro esta, que hayas sentido algo con este beso.
– No. Nada de nada -afirmo, y curvo la boca esbozando una falsa sonrisa. Pero habia sentido algo. Aun lo sentia. Algo calido e ingravido en la boca del estomago. Le habia permitido besarla y no sabia por que.
Agarro el bolso y se dirigio a la puerta antes de empezar a gritar, a llorar o a ponerse en ridiculo de cualquier otra manera. Quiza era demasiado tarde ya. Responder al beso de John habia sido de lo mas estupido.
Mientras caminaba hacia el coche, se percato de que se habia ido tan rapido que se habia olvidado de la foto que le habia robado. Pues bien, no iba a volver a por ella. No ahora. Y tampoco iba a ir a Oregon con el. De ninguna manera. «Jamas». No iba a ocurrir.
John permanecia de pie sobre la cubierta trasera de su casa mientras miraba hacia Lake Union. La habia besado. La habia tocado. Y ahora lo lamentaba. Le habia dicho que no habia sentido nada. Pero si se hubiera molestado en mirarlo, ella habria sabido que mentia.
No sabia por que la habia besado, tal vez habia querido demostrarle que estaria a salvo en su casa de Oregon. O puede que fuera por lo que le habia dicho de que antes besaria a un pez muerto que a el. Pero lo mas probable era que hubiera sido porque ella era preciosa y sexy y llevaba puesto un liguero con lazos azules y, sobre todo, porque queria saborear esos labios. Solo un beso rapido. Una mera demostracion. Eso era todo lo que habia querido. Pero en cambio habia obtenido mas. Se habia sentido invadido por la lujuria y le habia palpitado la ingle. Un doloroso infierno y ninguna forma de aplacarlo.
John se quito los zapatos y se lanzo al agua helada para enfriarse. No cometeria ese error otra vez. No mas besos. Ni mas caricias. Y nada de pensar en Georgeanne desnuda.
Capitulo 12
Georgeanne no habia tenido intencion de ir con John de vacaciones. Su intencion habia sido mantenerse firme y negarse a ir a Cannon Beach. Y lo habria hecho si no hubiera sido por el repentino interes de Lexie en su padre ficticio, Anthony.
Despues de haber navegado a las islas San Juan, las preguntas de Lexie habian comenzado de nuevo. Quiza haber visto a Charles con Amber habia despertado su curiosidad. Quiza fuera por la edad. Habia epocas en las que Lexie preguntaba sobre Anthony, pero, por primera vez, Georgeanne intento contestar sin mentirle. Luego habia llamado a John y le habia dicho que irian a Oregon. Si Lexie iba a mantener una relacion con John, tenia que pasar tiempo con el antes de que le dijera que era su padre. Razon por la cual ahora estaba conduciendo hacia Cannon Beach, rezando por no estar cometiendo un error colosal. John habia prometido que trataria de no provocarla, pero ella no le creia.
– Me portare lo mejor que pueda -habia asegurado.
Si. Claro. Y los elefantes volaban.
Le echo una mirada a su hija que iba sentada en el asiento del acompanante sobre un elevador de seguridad. Lexie coloreaba meticulosamente un dibujo de los telenecos, llevaba puesta una gorra negra con una cara sonriente y unas gafas de sol azules para ninos. Era sabado asi que sus labios estaban pintados de un rojo intenso. Pero por lo menos ahora esos pequenos labios rojos estaban cerrados y el silencio ocupaba el interior del Hyundai.
El viaje habia empezado bastante bien, pero en alguna parte, cerca de Tacoma, Lexie habia comenzado a cantar… y a cantar… y a cantar. Canto el unico verso que conocia de «Puff el dragon magico» y todos los versos de «?Donde esta Thumbkin?». Habia cantado con su voz chillona la letra de «Deep in the Heart of Texas» y habia batido palmas tan entusiasmada como cualquier texano orgulloso. Por desgracia, solo canto eso una y otra vez hasta llegar a Astoria.
Entonces, justo cuando Georgeanne habia terminado de calcular el numero de anos que faltaban para que pudiera enviarla a la universidad, Lexie habia dejado de cantar y Georgeanne se habia sentido una madre horrible por haber pensado, literalmente, en echar a Lexie del nido.
Fue cuando comenzaron las preguntas.
«?No llegamos aun?».
«?Cuanto falta?».
«?Donde estamos?».
«?Te acordaste de meter a Blankie en la maleta?».
De Astoria a Seaside su preocupacion habia sido donde dormiria y cuantos cuartos de bano tendria la casa de John. No habia podido recordar si habia metido su juego de manicura o si habia traido suficientes Barbies para jugar cinco dias enteros. Se habia acordado de meter los juguetes para la playa, pero ?que pasaria si llovia todo el tiempo? Y luego habia preguntado si tambien habia ninos en el barrio y cuantos anos tendrian.
En ese momento, mientras recorrian en el coche la calle principal de Cannon Beach, el pueblo le recordo las docenas de comunidades pseudoartisticas que salpicaban el noroeste costero. Estudios, cafeterias y tiendas de regalos se alineaban en la calle principal. Los escaparates delos negocios tenian persianas coloridas en distintos tonos de azul, gris y verde espumoso, y se veian ballenas y estrellas de mar pintadas por todas partes. Las aceras estaban llenas de turistas y unas banderas de colores ondeaban con la brisa siempre presente.
Echo una ojeada al reloj digital que habia sobre la radio en el salpicadero del coche. Era puntual por naturaleza y le gustaba llegar a tiempo, pero ese dia llegaba con media hora de antelacion. Entre Tacoma y Gearhart habia pisado a fondo el acelerador. En algun lugar entre la primera vez que Lexie canto «?Donde esta Thumbkin?» y la ultima vez que pregunto «?No llegamos aun?» le habia metido cana al Hyundai, sobrepasando los ciento cincuenta kilometros por hora. La posibilidad de que la detuviera un policia para multarla ni siquiera le habia importado. De hecho habria agradecido conversar con un adulto.
