– Entonces cuando la marea suba otra vez su mama vendra y lo recogera -le aseguro Georgeanne a su hija, antes de que empezara a inquietarse. Cuando Lexie veia a cualquier criatura huerfana, se ponia muy sensible.

– No -nego con la cabeza de nuevo y le comenzo a temblar la barbilla mientras decia-: Seguro que su mama tambien se perdio.

El hecho de que Lexie viviera sola con su madre y no conociera mas familia que Mae, hacia que Georgeanne tuviera que controlar cuidadosamente las peliculas que Lexie veia para asegurarse de que los personajes tenian por lo menos un padre o una madre. Cuando Lexie cumplio los seis anos, Georgeanne dejo que la convenciera para ver Babe, el cerdito valiente. Craso error. Lexie habia llorado durante una semana.

– Su madre no se ha perdido. Cuando suba la marea, vendra a por el.

– No, las mamas no dejan a sus bebes a menos que se pierdan. El pececito no puede irse a casa. -Apoyo la frente sobre la rodilla-. Se ha quedado solo, sin su mama. -Cerro los ojos con fuerza y le resbalo una lagrima por la nariz.

Georgeanne miro a John por encima de la cabeza inclinada de Lexie. El le devolvio la mirada con un brillo desesperado en sus ojos azul oscuro. Estaba claro que esperaba que fuera ella quien hiciera algo.

– Estoy segura de que su padre esta nadando ahi fuera para encontrarlo.

Lexie no pico.

– Los papas no cuidan de los bebes.

– Claro que lo hacen -dijo John-. Si yo fuera un papa pez, vendria a buscar a mi bebe.

Girando la cabeza, Lexie miro a John durante unos momentos, pensando en lo que le habia dicho.

– ?Y estarias buscandolo hasta que lo encontraras?

– Claro. -Miro a Georgeanne, luego de nuevo a Lexie-. Si supiera que tengo un bebe, no lo abandonaria nunca.

Lexie inhalo por la nariz y observo el charco transparente.

– ?Que ocurre si muere antes de que suba la marea?

– Hum… -John agarro el cubo de Lexie, tiro las conchas y cogio al pez diminuto.

– ?Adonde lo llevas? -pregunto Lexie mientras los tres se levantaban.

– Voy a llevar a tu pececito con su padre -le dijo, y se fue hacia la orilla-. Quedate aqui con tu madre.

Georgeanne y Lexie se subieron a una roca plana para observar como John surcaba el oleaje. Las suaves olas chocaban con sus muslos y oyeron la exclamacion que lanzo cuando el agua fria le mojo la parte inferior de los pantalones cortos. Miro a su alrededor y tras pensarlo un momento vacio el cubo en el oceano.

– ?Crees que el pececito encontro a su papa? -pregunto Lexie con ansiedad.

Georgeanne contesto sin apartar los ojos del enorme hombre que llevaba un pequeno cubo rosa.

– Estoy segura de que lo hizo.

John caminaba hacia ellas con una sonrisa en la cara. John «Muro» Kowalsky, el infame y enorme jugador de hockey, el heroe de muchachitas y el salvador de pececitos, se las habia arreglado para subir en la escala de Georgeanne y habia pasado de ser peor que tener el pelo hecho un desastre a ser agradable.

– ?Lo encontraste? -Lexie se bajo de un salto de la roca y cayo de rodillas.

– Si, y pude ver lo contento que estaba de ver a su bebe.

– ?Como supiste que era su papa?

John le dio a Lexie el cubo y luego la cogio de la manita.

– Porque se parecen.

– Ah, si. -Ella ladeo la cabeza-. ?Que hizo cuando vio a su bebe?

El se detuvo delante de la roca donde Georgeanne los aguardaba y la miro.

– Bueno, dio un buen salto y luego se acerco y nado alrededor del pececito solo para asegurarse de que estaba bien.

– Yo tambien lo vi hacerlo.

John sonrio y los ojos se le llenaron de arruguitas.

– ?De veras? ?Se veia bien desde aqui?

– Si. Voy a buscar la toalla porque me estoy congelando -anuncio y miro playa arriba.

Georgeanne le escruto la cara e imito su sonrisa.

– ?Como se siente uno al ser un heroe? -le pregunto.

John la agarro por la cintura y la bajo con facilidad de la roca. Georgeanne se sostuvo en sus hombros mientras la depositaba sobre el agua del mar. Las olas formaban remolinos en sus piernas y la brisa le alborotaba el pelo.

– ?Soy tu heroe? -pregunto John en un susurro sedoso. Era peligroso.

– No. -Ella dejo caer las manos a los costados y dio un paso atras. Era un hombre grande y fuerte, pero era muy amable y compasivo con Lexie. Lo que lo convertia en alguien mas peligroso que una mancha de aceite en la carretera y si no tenia cuidado, podria hacer que se olvidara del doloroso pasado que tenian en comun-. No me gustas, ?recuerdas?

– Aja. -Su sonrisa le dijo que no la creia ni un apice-. ?Recuerdas cuando estuvimos juntos en la playa, en Copalis?

Ella se volvio hacia la costa y diviso a Lexie abrigandose en la playa.

– ?Que quieres que recuerde?

– Me dijiste que me odiabas y mira como acabamos. -Caminaron a traves de las olas y la miro de reojo.

– Entonces es bueno que me encuentres completamente resistible.

El deslizo la mirada por sus pechos y luego volvio la mirada hacia la costa.

– Si, es bueno.

Cuando los tres regresaron a la casa, John insistio en hacer el almuerzo. Se sentaron a la mesa del comedor y comieron coctel de camarones, macedonia y pan de pita relleno con ensalada de cangrejo. Mientras ayudaban a John a recoger, Georgeanne no pudo evitar fisgar en una bolsa de comida que habia en la esquina junto al contestador automatico.

Debido a las cuatro horas que esa manana habia pasado en el coche con Lexie y a la ansiedad del viaje, Georgeanne estaba exhausta. Busco la comoda tumbona de la terraza y se acurruco con Lexie en su regazo. John se sento en una silla a su lado y los tres se pusieron a mirar el oceano, contentos con el mundo. No tenia que ir a ningun sitio ni hacer ninguna otra cosa. Georgeanne saboreo la tranquilidad que los rodeaba, aunque no podia decir que el hombre que se sentaba a su lado fuera una compania particularmente relajante. John poseia una presencia demasiado apabullante y, ademas, tenian un pasado comun doloroso que intentaba por todos los medios no recordar, pero esa casa en la costa maquillaba muy bien los problemas que tenian en algunos momentos, sobre todo cuando el se empenaba en enfrentarse a ella.

Los sonidos relajantes y la brisa suave y apacible sosegaron a Georgeanne hasta dejarla dormida y cuando se desperto se encontro sola. Una manta hecha a mano le cubria las piernas. La aparto a un lado, se levanto y estiro los miembros. La brisa le traia las voces de la playa, se acerco hasta la barandilla y se apoyo sobre el borde. John y Lexie no estaban en la playa. Movio la mano y una astilla afilada se le clavo en la yema del dedo. Le dolia, pero tenia una preocupacion mas apremiante.

Georgeanne no creia que John se llevara a Lexie a ningun sitio sin decirselo a ella primero. Pero, por otro lado, no era el tipo de hombre que pensara que necesitaba permiso. Bueno, si John se habia largado con su hija, entonces Georgeanne tenia todo el derecho a asesinarlo y que se considerara un homicidio justificado. Pero al final no tuvo que matarlo. Los encontro a los dos en el gimnasio.

John estaba sentado en una moderna bicicleta estatica, pedaleando con un ritmo constante. Miraba a Lexie que estaba sentada en el suelo con las manos apoyadas detras y su pequeno y sucio pie derecho descansando sobre la rodilla doblada.

– ?Por que vas tan rapido? -pregunto Lexie.

– Hace que aumente mi resistencia -contesto por encima del suave zumbido de la rueda delantera. El aun llevaba puesta la camiseta de color aceituna y durante un segundo eterno Georgeanne se permitio contemplar a gusto las fuertes piernas disfrutando del placer de mirarle.

– ?Que es la resistencia?

– Es el tiempo que aguanto. Lo que un tio necesita para no quedarse sin fuerzas en el hielo y poder patear el

Вы читаете Simplemente Irresistible
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату