– ?Nadie le dijo nunca a ese medico de mierda que se fuera a joder a su madre?
– Yo… yo… -tartamudeo Georgeanne sorprendida por su colera-. No puedo imaginar a mi abuela usando esa palabra con J. Era baptista.
– ?No te llevo a otro medico? ?A cualquier otra parte? ?A otro especialista? ?No hizo ninguna jodida cosa mas?
– No. -«Me matriculo en una escuela para senoritas», penso.
– ?Por que no?
– No creo que pensara que se pudiera hacer mas. Eran mediados de los setenta y no existia tanta informacion como ahora. Pero aun hoy, en los anos noventa, a los ninos se les diagnostica mal algunas veces.
– Bueno, eso no deberia ocurrir. -La mirada de John vago por su cara, luego la volvio a mirar a los ojos.
El todavia tenia cara de disgusto, pero no se le ocurria ninguna razon por la que a el pudiera importarle. Esta era una faceta de John que jamas habia visto. Una faceta compasiva. Ese hombre que tenia delante, el hombre que se parecia a John, la confundia.
– Deberia irme ahora a la cama -dijo en voz baja.
El abrio su boca para decir algo, luego la cerro otra vez.
– Dulces suenos -le dijo finalmente, y ella se marcho.
Pero Georgeanne no sono con los angelitos. No sono con nada. Se quedo en la cama, con la mirada fija en el techo y escuchando la respiracion regular de Lexie en la cama de al lado. Permanecio despierta, pensando en la fiera reaccion de John. Cada vez se sentia mas confundida.
Penso en las esposas de John, sobre todo en Linda. Despues de tantos anos, el todavia no se resignaba a hablar de su muerte. Georgeanne se pregunto que clase de mujer podia haber inspirado tal amor en un hombre como John. Y se pregunto si habria alguna mujer en algun sitio que pudiera ocupar el lugar de Linda en el corazon del deportista.
Al pensar en eso se dio cuenta de que la verdad era que esperaba que no pasara. No le agradaban en absoluto esos sentimientos, pero no podia negarlos. No queria que John encontrara la felicidad con alguna mujer flaca. Queria que se arrepintiera del dia en que se habia deshecho de ella en Sea-Tac. Queria que se diera de tortas el resto de su vida. No es que quisiera estar otra vez con el porque, claro esta, ella ni siquiera consideraria esa opcion. Solo queria que sufriera. Quiza entonces, cuando hubiera sufrido lo suficiente, le perdonara por ser un imbecil insensible y haberle roto el corazon.
Quiza.
Capitulo 13
Georgeanne tuvo que elegir entre montar en bicicleta por la arena, ir a los coches de choque o patinar a lo largo del paseo maritimo. Ninguna de las tres alternativas la emocionaban demasiado; de hecho, todas se aproximaban a la idea que tenia del infierno, pero como tenia que elegir una, o aceptar la eleccion de Lexie de ir a los coches de choque, escogio patinar. No lo eligio porque lo hiciera bien. Es mas, la ultima vez que lo probo habia sufrido una caida tan dura que tuvo que contener las lagrimas. Se habia sentado en un banco mientras los ninos pequenos pasaban velozmente por su lado, viendo lucecitas y con el trasero doliendole de tal manera que tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no frotarselo con las manos. La experiencia con los patines seguia tan viva en su mente que casi habian ganado los coches de choque a pesar del riesgo de sufrir golpes, pero entonces habia visto el paseo maritimo que se extendia a lo largo de la playa bordeando el oceano con un murete de piedra de casi un metro. Los bancos de piedra atraparon su mirada de inmediato ayudando a inclinar la balanza.
En ese momento se encontraba alli sentada con la brisa del oceano meciendole la coleta; Georgeanne suspiro feliz. Estiro el brazo por encima del respaldo del banco de piedra y cruzo las piernas; balanceo el patin izquierdo de un lado a otro como la marea del oceano a unos cientos de metros de alli. Penso que era probable que pareciera un poco extrana, alli sentada con su blusa blanca sin mangas de seda y encaje, la diafana falda purpura y los patines alquilados. Pero preferia parecer rara, que patinar y caerse de culo.
Se contentaba con estar sentada donde estaba y ver como John ensenaba a patinar a Lexie. Cuando estaban en casa, Lexie hacia rodar por el barrio sus patines de Barbie, pero para ensenarle a patinar con unos con las ruedas en linea hacia falta practica y Georgeanne estaba encantada de que hubiera alguien mejor preparado que ella para hacerlo. Tambien estaba un poco sorprendida de descubrir que en lugar de sentirse apartada, se habia sentido liberada de un deber tan arriesgado.
Al principio, los tobillos de Lexie se habian tambaleado un poco, pero John la situo delante de el, la cogio por los brazos y coloco sus patines junto a los de Lexie. Luego el se impulso y los dos comenzaron a moverse. Georgeanne no podia oir lo que le decia a Lexie, pero observo como su hija inclinaba la cabeza y movia los pies al mismo tiempo que John.
Con la altura anadida de las ruedas, John se veia enorme. La cabeza de Lexie apenas alcanzaba la cintura de los pantalones vaqueros cortos en los que habia remetido una camiseta Bad Dog. Lexie, con su camiseta fucsia con la imagen de un gatito, parecia muy pequena y delicada patinando entre los grandes pies de su padre.
Georgeanne les observo patinar, luego volvio la mirada a los turistas que paseaban por el paseo maritimo. Una joven pareja caminaba sin prisa empujando un cochecito de nino y Georgeanne se pregunto como hacia a menudo como seria tener un marido, como seria formar parte de la familia tipica. Aunque estaba contenta con la suya, no podia evitar preguntarse como seria poder compartir las preocupaciones con un hombre. Penso en Charles y sintio remordimientos de conciencia. Le habia comentado sus planes de pasar las vacaciones en Cannon Beach, pero habia omitido un detalle importante. Habia omitido a John. Charles incluso la habia llamado la noche antes de salir para desearle un buen viaje. Podria haberselo explicado todo en ese momento, pero no lo hizo. Ya se lo diria en otra ocasion. A Charles no le haria gracia y no lo podia culpar.
Una bandada de gaviotas pasaron chillando por encima de ella, haciendo que dejara de pensar en Charles y observara a varios ninos que lanzaban pan desde el bordillo del murete del paseo maritimo hacia la playa. Georgeanne observo las aves y a los ninos durante un rato antes de volver a prestar atencion a John y Lexie. John patinaba de espaldas a ella y se permitio deslizar la mirada por sus pantorrillas musculosas, las rodillas y los duros muslos hasta la cartera que le formaba un bulto en el bolsillo trasero. Luego el cruzo un pie sobre el otro y, de repente, empezo a patinar hacia delante, al lado de Lexie. Georgeanne miro a su hija y se rio. Las pestanas de Lexie le ocultaban los ojos y su cara mostraba lo concentrada que estaba en lo que John le decia. Los dos giraron lentamente y pasaron a su lado. John la busco con la mirada. Georgeanne bajo la vista cuando el la miro y se asombro interiormente de cuanto se parecian padre e hija. Siempre habia pensado que Lexie se parecia mas a John que a ella, pero con los dos mostrando esa expresion de concentracion, las similitudes eran asombrosas.
– Creia que tu tambien ibas a patinar -le recordo el.
Eso es lo que habia dicho y el la habia creido.
– Ah, y lo voy a hacer -mintio.
– Entonces ven aqui -le indico con un gesto de la cabeza.
– Necesito practicar un poco mas. Seguid sin mi.
Lexie levanto la mirada de los pies.
– Fijate, mama, mira lo bien que lo hago ahora.
– Si, ya lo veo, carino. -Tan pronto como giraron de nuevo, Georgeanne siguio observando a la gente que pasaba. Esperaba que cuando volvieran a pasar por delante de ella, John y Lexie se hubieran cansado ya del patinaje y los tres pudieran ir a comprar regalos.
Pero sus esperanzas se esfumaron cuando Lexie paso rodando como si hubiera nacido con ruedas en los pies.
– No vayas demasiado lejos -le dijo John a Lexie y tomo asiento al lado de Georgeanne en el banco de piedra-. Es muy buena para la edad que tiene -le dijo y luego sonrio, era obvio que se sentia orgulloso de si mismo.
– Siempre ha aprendido muy rapido. Camino una semana antes de cumplir los nueve meses.
El se miro los pies.
