habia tratado de ocultar con risas y sonrisas. Le habia hablado sobre modales y dislexia, sobre cuberterias de plata y como habia crecido pensando que era retrasada y sintiendose perdida. Se lo habia contado todo como si no tuviera importancia. Pero la tenia. Para ella y para el.
La noche anterior habia mirado detras de esos ojos verdes y esos grandes senos y habia visto a una mujer que merecia respeto. Era la madre de su hija. Pero tambien era la protagonista de sus fantasias mas descabelladas y sus suenos mas eroticos.
– Te ayudare a volver al banco -y la condujo hasta el murete de piedra.
Intento pensar en ella como en la hermana pequena de su mejor amigo, pero pensar en ella como la hermana pequena de su mejor amigo no funciono. Entonces decidio pensar en ella como si fuera su hermana, pero algunas horas despues, tras recorrer las tiendas de regalos y los soportales, dejo de pensar en ella como su hermana. No funcionaba. Asi que simplemente dejo de pensar en ella y se concentro en su hija. Lexie y su constante parloteo le proporcionaron la distraccion que necesitaba. Funciono a la perfeccion como un pequeno jarro de agua fria, y todas sus preguntas impidieron que pensara en Georgeanne tumbada en su cama.
Cuando miraba a los ojos de Lexie, veia su excitacion y su inocencia, y se maravillo de haber ayudado a crear una personita tan perfecta. Cuando la cogia y se la ponia sobre los hombros, el corazon o se le detenia o le latia con fuerza contra el pecho. Y cuando ella se reia, sabia que cualquier cosa valia la pena. Tenerla con el bien merecia el infierno de desear a su madre.
Durante el paseo de vuelta a casa, el se entretuvo con el sonido de la voz de Lexie cantando a pleno pulmon. Escucho pacientemente los mismos chistes absurdos que le habia contado dos semanas atras y cuando llegaron a casa, ella le «recompenso» yendose a la banera. El habia escuchado sus canciones, reido sus chistes y ella, su pequena distraccion, lo abandonaba por una banera llena de agua y una muneca Skipper.
John cogio un ejemplar del
Finalmente se dio por vencido y aparto la mirada de la foto de Lemieux barriendo a sus rivales de la pista.
– ?Que haces? -le pregunto.
Ella lo miro por encima del hombro, dejo el cuchillo sobre la encimera y se dio la vuelta.
– Pensaba hacer ensalada para acompanar las colas de langosta.
El cerro la revista y se levanto.
– No quiero ensalada.
– Ah, ?entonces que quieres?
El deslizo la mirada desde sus ojos verdes a su boca. «Algo realmente pecaminoso», penso. Ella se habia puesto brillo rosa en los labios y los habia perfilado con una linea mas oscura. El bajo la mirada desde su garganta a los senos y luego hasta los pies. John nunca habia considerado los pies algo particularmente sexy. En realidad nunca habia pensado sobre ellos demasiado, pero el delgado anillo de oro que llevaba en el tercer dedo del pie le provocaba cosas en las entranas. Le recordaba a una chica de haren.
– ?John? -El camino hacia ella y volvio a mirarla a la cara. Una chica de haren con rasgados ojos verdes y una boca carnosa que le preguntaba que queria. Despues de aquel dia en su casa flotante el queria algo mas que besarla-. ?Que quieres?
«Que demonios», penso mientras se detenia justo delante de ella. Solo un beso. Podria detenerse. Se habia detenido antes y, con Lexie en la banera del cuarto de bano jugando con las Barbies, las cosas no podrian llegar demasiado lejos. Georgeanne no era la hermana de su amigo, ni su hermana, ni la Madre Teresa de Calcuta.
John le deslizo los nudillos por la mandibula.
– Ahora veras lo que quiero -dijo, y vio como agrandaba los ojos mientras el bajaba la cabeza lentamente. Rozo su boca con la de ella, dandole tiempo para apartarse-. Esto es lo que quiero.
Georgeanne separo los labios con un suspiro tremulo y cerro los ojos. Ella era dulce y suave, su lapiz de labios sabia a cerezas. La deseaba. Deseaba perderse en ella. Entrelazando los dedos en el pelo, el le inclino la cabeza a un lado y la beso profundamente. El beso era temerario y salvaje. John se alimento de su boca desatando el deseo en los dos. Noto las manos de Georgeanne en su cuerpo, en los hombros, en el cuello y en la nuca cuando lo atrajo hacia ella para succionarle ligeramente la lengua. El deseo que sintio por ella le puso un nudo en el estomago. Deseaba mas y, tirando con brusquedad del lazo que mantenia su blusa cerrada, la abrio sobre su pecho. Luego se aparto, abandonando esa boca humeda y caliente. Los bellos ojos de Georgeanne estaban nublados por la pasion y sus labios estaban mojados e hinchados por el beso. El deslizo su mirada por la garganta hasta los senos. La blusa abierta revelaba el encaje blanco del sujetador. Supo que estaba peligrosamente cerca del punto de no retorno. Cerca, pero aun le faltaba un poco. Podia avanzar mas antes de llegar al limite.
Ahueco esos grandes pechos con la palma de las manos y bajo la cara hasta el escote. La piel de Georgeanne estaba caliente y olia a polvos, y la sintio suspirar cuando beso el borde de encaje del sujetador de raso. El tomo aire y cerro los ojos, pensando en todas las cosas que queria hacerle. Cosas ardientes y sudorosas. Cosas que recordaba haber hecho antes con ella. Le deslizo la punta de la lengua por la piel y se prometio a si mismo que se detendria cuando necesitara respirar.
– John, tenemos que detenernos ahora. -Ella estaba jadeante, pero no se aparto ni movio las manos de su nuca.
Sabia que tenia razon. Aunque su hija no estuviera en el cuarto de bano de al lado seria estupido seguir adelante. Y aunque en ocasiones John habia sido un asno, nunca habia sido un asno estupido. Al menos durante los ultimos tiempos.
Le beso la curva del pecho derecho, luego, con su cuerpo clamando por continuar, instandole a empujarla al suelo y llenarla con sus buenos veinticinco centimetros, se aparto. Al mirar la cara de Georgeanne, estuvo a punto de ceder a la voracidad que lo envolvia. Ella estaba un poco aturdida, y lo cierto era que parecia una mujer que queria pasar el resto de la tarde desnuda.
– Me voy a arrepentir de esto -susurro ella, agarrando los bordes de su blusa para cerrarla.
Con ese acento tan dulce como la miel le recordaba a la chica que habia recogido siete anos atras. Recordo como la habia mirado absorto cuando estaba entre sus sabanas.
– Creo que te gusto mas que tener el pelo hecho un desastre -dijo.
Ella bajo la mirada y se ato el lazo.
– Tengo que ir con Lexie -dijo, y practicamente huyo de la cocina.
El observo como se iba. Tenia el cuerpo tenso y estaba lo suficientemente duro para morderse las unas. La frustracion sexual le desgarraba las entranas y supo que tenia tres opciones. Podia seguirla y quitarle la ropa, podia ocuparse el mismo o podia resolver la frustracion en el gimnasio. Escogio la ultima y mas saludable opcion.
Estuvo treinta minutos en la bicicleta hasta que vacio su mente de ella, del sabor de su piel y la sensacion de sus senos en sus manos. Aun asi hizo treinta minutos mas, luego siguio entrenando con pesas.
A los treinta y cinco anos John pensaba que todavia le quedaban un par de anos antes de retirarse del hockey. Y queria que fueran los mejores, asi que tenia que trabajar mas duro que nunca.
Para los estandares del hockey el era viejo. Era un veterano, lo que queria decir que tenia que jugar mejor que a los veinticinco o empezarian a echarle en cara que era demasiado viejo y lento para el juego. Los periodistas deportivos y los directivos siempre se metian con los veteranos. Se metian con Gretzky, Messier y Hull. Y tambien lo harian con Kowalsky. Si tuviera una mala noche, si sus golpes fueran demasiados suaves o sus tiros demasiados abiertos, los periodistas deportivos no dudarian en cuestionar si merecia un contrato millonario. Pero no lo habian cuestionado cuando tenia veinte anos, y no permitiria que lo hicieran ahora.
Quiza algunas de las cosas que se decia sobre el fueran ciertas. Tal vez era algunos segundos mas lento, pero lo compensaba con mas resistencia fisica. Habia aprendido anos atras que si queria sobrevivir, tendria que adaptarse y afinar. Todavia practicaba un juego muy fisico, pero ahora era mas listo, usaba otras habilidades para mantener el nivel.
Habia sobrevivido a la ultima temporada solo con lesiones menores. En ese momento, a tan solo unas semanas de comenzar a entrenar de nuevo, estaba en las mejores condiciones fisicas de su vida. Estaba
