– Creo que yo tambien.

– ?En serio? Me preocupaba que se le arquearan las piernas por andar tan pronto, pero no hubo manera de detenerla. Ademas Mae me dijo que todas esas cosas de las piernas arqueadas eran cuentos de viejas.

Guardaron silencio unos momentos mientras observaban a su hija. Se cayo sobre el trasero, se levanto y siguio de nuevo.

– Caramba, eso si que es la primera vez que lo veo -dijo ella, asombrada de que Lexie no regresara junto a ella con grandes lagrimas en los ojos.

– ?El que?

– Que no se ponga a llorar pidiendo tiritas.

– Me dijo que hoy se iba a comportar como una chica adulta.

– Hum. -Georgeanne entrecerro los ojos y miro a su hija. Quiza Mae tenia razon. Quiza Lexie era mas cuentista de lo que Georgeanne creia.

John la agarro por el codo desnudo.

– ?Estas lista?

– ?Para que? -pregunto, aunque tenia el mal presentimiento de que conocia la respuesta.

– Para patinar.

Ella descruzo las piernas y se giro en el banco hacia el. Lo rozo con la rodilla a traves de la tela fina de su falda.

– John, voy a ser honesta contigo. Odio patinar.

– ?Entonces por que quisiste patinar?

– Por este banco. Pensaba quedarme aqui y miraros.

El se levanto y le tendio la mano.

– Vamos.

La mirada de Georgeanne ascendio desde la palma abierta de la mano de John hasta su brazo. Luego lo miro a la cara y nego con la cabeza.

El respondio emitiendo un cacareo.

– Eso es muy infantil. -Georgeanne puso los ojos en blanco-. Puedes alinarme y servirme en bandeja, pero no patino.

John se rio y aparecieron unas arruguitas en las esquinas de esos ojos azules.

– Como prometi portarme lo mejor posible, no hare ningun comentario sobre como me gustaria alinarte.

– Gracias.

– Venga Georgie, te ayudare.

– Necesito mas ayuda de la que tu me puedas dar.

– Cinco minutos. En cinco minutos te prometo que patinaras como una profesional.

– No, gracias.

– No puedes quedarte aqui sentada, Georgie.

– ?Por que no?

– Porque te aburriras -luego el se encogio de hombros y anadio-: y porque Lexie se preocupara por ti.

– Lexie no se preocupara por mi.

– Claro que lo hara. Me dijo que no queria que estuvieras sentada aqui sola.

John estaba mintiendo. Como cualquier nino de seis anos, Lexie era basicamente egocentrica y solo se acordaba de su madre cuando queria algo.

– ?Si voy contigo cinco minutos luego dejaras que me siente en el banco sin molestarme mas? -pregunto, esperando que se lo prometiera.

– Te lo prometo y de paso te prometo tambien que no te dejare caer.

Georgeanne suspiro con resignacion, colocando una mano sobre la suya y la otra sobre la pared de piedra.

– No soy demasiado buena deportista -le advirtio mientras se levantaba con cuidado.

– Bueno, tienes talento para otras cosas.

Ella estaba a punto de preguntarle lo que queria decir, pero el aprovecho para colocarse detras de ella plantandole sus fuertes manos en las caderas.

– Ademas de un buen par de patines -le dijo al oido izquierdo-, lo mas importante es el equilibrio.

Georgeanne sintio que el aliento de John le cosquilleaba la piel del cuello.

– ?Donde pongo las manos? -pregunto ella.

John tardo tanto en contestar que ella llego a pensar que no lo iba a hacer. Entonces, cuando estaba a punto de abrir la boca para repetir la pregunta, el dijo:

– Donde quieras.

Ella cerro los punos y dejo caer las manos a los costados.

– Tienes que relajarte -le dijo mientras bajaban rodando lentamente por el paseo maritimo-. Pareces una estatua con ruedas.

– No puedo remediarlo. -La espalda de ella choco contra el pecho de John y las manos masculinas le cineron las caderas con fuerza.

– Te aseguro que puedes. Solo tienes que doblar las rodillas un poco y equilibrar el peso sobre los pies. Luego te impulsas con el pie derecho.

– ?No han pasado ya los cinco minutos?

– No.

– Me voy a caer.

– No te dejare caer.

Georgeanne miro con rapidez el paseo maritimo, divisando a Lexie a una corta distancia, luego bajo la mirada a los patines.

– ?Estas seguro? -le pregunto una ultima vez.

– Por supuesto. Hago esto para ganarme la vida. ?Recuerdas?

– De acuerdo. -Con mucho cuidado doblo las rodillas ligeramente.

– Vale. Ahora date un pequeno impulso -la instruyo, pero cuando lo hizo sus pies comenzaron a deslizarse hacia delante. El antebrazo de John se cerro alrededor de su cintura y su otra mano la agarro para evitar que cayera. Ella se encontro apretada contra su pecho y se quedo sin aliento. Se pregunto si el sabia que habia agarrado.

No habia duda de que John lo sabia. Aunque hubiera sido ciego, habria sabido que habia agarrado uno de los pechos grandes y suaves de Georgeanne. En un segundo, el autocontrol de John se hizo anicos por completo. Hasta ese momento, habia manejado razonablemente bien la reaccion de su cuerpo ante el de ella. Pero ahora, por primera vez desde que la habia visto en la terraza el dia anterior por la manana, perdio totalmente el control.

– ?Estas bien? -El maniobro y con suavidad aparto la mano de su pecho.

– Si.

Se habia repetido que estar junto a Georgeanne no le plantearia problemas. Que podria pasar perfectamente cinco dias con ella. Se habia equivocado. Deberia haberla dejado sentada en el banco.

– No tenia intencion de agarrarte tu… tu, ah… -El trasero de Georgeanne se apreto contra su ingle y, por un instante, la lujuria lo atraveso como una bola de fuego. Acerco la cara a su pelo. «Joder», penso, preguntandose si la piel de su cuello sabria tan bien como parecia. John cerro los ojos y se permitio sonar mientras aspiraba el olor de su pelo.

– Creo que ahora si que pasaron los cinco minutos.

Regreso la cordura y el movio las manos a la cintura dejando varios centimetros de separacion entre ellos, tratando de ignorar el deseo que pulsaba en su vientre. Se dijo que involucrarse sexualmente con Georgeanne no era una buena idea. Pero era demasiado tarde, su cuerpo ya no le hacia caso.

Desde que la habia visto el dia anterior en la playa con el top y los pantalones cortos habia tenido que recordarse varias veces que debia ignorar sus largas piernas y su profundo escote. Y, aunque habia pensado que nunca tendria que hacerlo, se habia tenido que recordar quien era ella y lo que le habia hecho. Pero despues de la noche anterior, todo eso parecia no importar.

La noche anterior habia visto mas alla de esa bella cara y ese maravilloso cuerpo. Habia visto el dolor que

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