– De nada. Creo que Lexie estaba dormida antes de meterse entre las sabanas -le dijo John mientras se apoyaba en la barandilla a su lado.
– Es lo que le suele pasar. Siempre lo he considerado una bendicion. Quiero a Lexie, pero me alegro cuando se duerme -meneo la cabeza-. Eso suena mal.
El se rio entre dientes.
– No, no es asi. Me doy cuenta de cuanto llega a cansar. Estoy empezando a sentir mucho respeto por todos los padres del mundo.
Ella levanto la vista a su perfil mientras el observaba el oceano con la mirada perdida. La iluminacion de la casa proyectaba rectangulos de luz sobre el suelo de madera y sumia el rostro de John en sombras. Llevaba puesta una chaqueta deportiva azul marino con las solapas verdes.
– ?Como fuiste de nino? -le pregunto, curiosa. Lexie y ella no se parecian tanto como todo el mundo creia.
– Regular. Creo que a mi abuelo le quite diez anos de vida.
Ella lo miro.
– Anoche mencionaste a Ernie y a tu madre. ?Que paso con tu padre?
John se encogio de hombros.
– No lo recuerdo. Murio en un accidente de coche cuando yo tenia cinco anos. Mi madre tenia dos trabajos, asi que se podria decir que me criaron mis abuelos. Mi abuela, Dorothy, murio cuando yo tenia veintitres anos.
– Entonces tenemos algo en comun. Ambos fuimos criados por nuestras abuelas.
La miro por encima del hombro; la luz de la casa ilumino su perfil.
– ?Que paso con tu madre?
Anos atras le habia mentido sobre eso; se habia inventado una historia bastante buena. Era obvio que el no la recordaba. En la actualidad, ella se sentia comoda con quien era y no sentia necesidad de mentir.
– Mi madre no me queria.
– ?No te queria? -Arqueo las cejas-. ?Por que?
Ella encogio los hombros y miro hacia la noche oscura y a la silueta aun mas negra de Haystack Rock.
– No estaba casada y supongo… -Hizo una pausa y luego dijo-: La verdad es que no lo se. El ano pasado me entere por mi tia de que quiso abortar, pero mi abuela se lo impidio. Cuando naci, mi abuela me llevo a casa desde el hospital. Creo que mi madre ni siquiera me dirigio una mirada antes de dejar el pueblo.
– ?En serio? -sonaba incredulo.
– Por supuesto. -Georgeanne se arrebujo mas en la manta-. Siempre estuve segura de que regresaria y trataba de ser una nina buena para que asi me quisiera. Pero nunca volvio. Ni siquiera llamo. -Encogio los hombros otra vez y se froto los brazos-. Sin embargo, mi abuela trato de compensarlo. Clarissa Jane me amo y me cuido lo mejor que pudo. Tanto, que me preparo desde pequena para convertirme en la «senora de». Queria que me casara antes de que ella se muriera. Al final de su vida se esforzo mucho en buscarme marido. Era tan pesada que no queria ir al Piggly Wiggly con ella. -Georgeanne sonrio ante el recuerdo-. Me paseaba delante de todos los hombres que aparecian, desde viajantes a vendedores de seguros. Pero, en secreto, tenia puesto el corazon en el carnicero, Cletus J. Krebs. Clarissa se habia criado en una granja de cerdos y apreciaba mucho un buen corte de carne. Cuando se entero de que estaba casado, le sento como una patada. -Espero a que el soltara una carcajada, pero no obtuvo ni una triste sonrisa.
– ?Y tu padre?
– No se quien es.
– ?Nunca te dijeron quien era?
– Nunca. Ademas creo que aunque mi madre lo supiera no me lo diria. Cuando era nina, algunas veces pensaba… -Se detuvo y nego con la cabeza, con verguenza-. No me hagas caso -dijo, y enterro la nariz en la manta.
– ?Que pensaste? -pregunto.
Ella lo miro y respondio al tono amable de su voz.
– Es una tonteria, pero siempre pense que si el lo hubiera sabido, me habria querido, por eso siempre intente portarme bien.
– Pues no es una tonteria. Estoy seguro de que si hubiera sabido que existias, te habria querido muchisimo.
– Yo no lo creo asi. -Sabia por experiencia que los hombres que ella amaba no la querian. John era un buen ejemplo. Giro la cabeza y se puso a observar el oceano otra vez-. No creo que le hubiese importado lo mas minimo, pero eres muy amable por afirmar lo contrario.
– No, no es amabilidad. Estoy seguro de que le habrias importado.
Ella opinaba todo lo contrario, pero daba igual. Se habia olvidado de todas esas fantasias hacia ya algunos anos.
La brisa le revolvio el pelo y el silencio se extendio entre ellos mientras miraban la oscuridad y las olas plateadas. Despues hablo John, su voz fue un susurro apenas por encima del viento.
– Me rompes el corazon, lo sabes. -Saco las manos de los bolsillos de la chaqueta y se giro hacia ella-. Tenemos que hablar de lo que sucedio antes en la cocina.
Georgeanne se quedo sorprendida ante tal admision, pero no tenia ganas de hablar de aquel beso. No sabia por que la habia besado o por que ella habia respondido como si hubiera perdido la capacidad de decir que no. Sintio frio en los pies y penso que era un buen momento para retirarse y ordenar sus pensamientos.
– Es evidente que me siento muy atraido por ti. -Georgeanne decidio que podia esperar un poco mas para dejar que terminara de hablar-. Se que te dije que era inmune a ti y que te encuentro completamente resistible. Pero te menti. Eres bella y suave y, si las cosas fueran diferentes entre nosotros, daria un rinon por hacer el amor contigo. Pero no lo son, asi que aunque me mires y parezca que estoy a punto de saltarte encima, quiero que sepas que no lo hare. Tengo treinta y cinco anos y puedo controlarme. No quiero que te preocupes, intentare reprimirme con todas mis fuerzas. -Nadie le habia dicho nunca que daria parte de su cuerpo por estar con ella-. Quiero asegurarte que no te besare, ni te tocare, ni saltare sobre ti. Creo que ambos estamos de acuerdo en que el sexo entre nosotros seria un error.
Si bien estaba de acuerdo con el, se sintio un poco decepcionada de que pudiera controlarse.
– Tienes razon, por supuesto.
– Arruinaria todo lo que hemos adelantado en nuestra relacion.
– Cierto.
Se volvio y la miro.
– Si lo ignoramos, desaparecera. -Deslizo la mirada por su pelo y luego por su cara.
– ?Lo crees de verdad?
Aparecio una arruga entre las cejas de John que lentamente sacudio la cabeza.
– No, no me creo una mierda -dijo, sacando las manos de los bolsillos para ahuecarle las mejillas entre las calidas palmas de sus manos. Con el pulgar le acaricio la piel fria e inclino la frente hasta apoyarla en la de ella-. Soy un tio egoista y te deseo -dijo en voz baja-. Quiero besarte y tocarte y… -hizo una pausa y ella vio el brillo picaro en sus ojos-… saltar sobre tu precioso cuerpo. Y, si bien tengo treinta y cinco anos, encuentro imposible controlarme contigo. Quiero poseerte y no pienso mas que en hacer el amor contigo, ?sabes?
El la embelesaba, la dejaba sin aliento y hacia desaparecer toda resistencia. Incapaz de hablar, ella nego con la cabeza. John siguio hablando.
– Anoche tuve un sueno muy lujurioso contigo. Un sueno salvaje. Haciamos cosas que mejor no te cuento, porque si lo hiciera me meteria en problemas.
«?Sono conmigo?». Trato de pensar algo inteligente y provocador, pero no pudo. Todo pensamiento racional habia abandonado su mente cuando dijo aquello de saltar sobre su precioso cuerpo. Siempre habia pensado que su cuerpo era desmanado y poco atractivo.
– Asi que tu tienes que ser la sensata. Cuento contigo para decirme que no. -Rozo su boca con la de el y dijo-: dime que no y te dejare sola.
El estaba demasiado cerca, era demasiado guapo y lo deseaba demasiado para ser sensata. Queria meterse debajo de su piel y ni siquiera considero decir que no. Solto la manta que cayo en un charco a sus pies. Lo cogio por las solapas abiertas de su chaqueta y tomo impulso. Con la punta de la lengua rozo levemente la linea de los
