para quitarselas.
– No se como seria si eres buena, pero he estado mas anos de los que recuerdo viviendo con el pecado para cambiar ahora.
– Entonces sere mala, ?no? -Ella le deslizo hacia abajo los vaqueros y los calzoncillos, luego le subio las manos por los muslos desnudos. Los musculos se tensaron con dureza bajo su caricia y ella se recreo en el efecto que le provocaba.
– Oh, si. -John tenia la voz ronca mientras se salia de sus ropas. Cogio la cartera de los pantalones y la lanzo sobre la mesa que habia al lado del sofa. Luego se planto completamente desnudo delante de ella, un atleta alto, solido y perfectamente moldeado por anos de entrenamiento. No habia nada suave en el. Su profesion se reflejaba en ese cuerpo poderoso.
Ella se acerco lentamente a el y la gruesa cabeza de su calido pene le rozo el ombligo. Georgeanne le recorrio el abdomen con las manos, y cuando miro a los ojos entrecerrados de John, se dio cuenta de que no habia olvidado como complacer a un hombre. No habia olvidado como complacer a
– Me estas matando. Estoy a punto de agonizar.
Georgeanne se puso de puntillas, dejando que las puntas de sus senos le rozaran el pecho.
– Entonces, que Dios tenga piedad de tu alma -susurro mientras le lamia el lobulo de la oreja y se frotaba contra su cuerpo caliente. Ella se entrego a la tarea de mordisquearle el cuello y el hombro, despues siguio bajando mientras le dejaba un reguero de besos por la flecha de vello, se rezago en su estomago para luego seguir bajando hasta el bajo vientre. Se arrodillo delante de el y lo beso, acaricio y adulo hasta que el jadeo.
– Tiempo -dijo el sin aliento, la cogio por los brazos y tiro de ella para ponerla de pie.
– Nada de tiempo -dijo ella, plantandole las palmas de las manos sobre el pecho para empujarlo. El dio un paso atras y ella continuo-: Esto no es hockey. -Ella siguio empujandolo hasta que la parte posterior de las rodillas de John tropezo con el sofa-. Y no soy uno de los chicos. -El se sento y ella se situo entre sus muslos.
– Georgie, carino, nadie te confundiria con uno de los chicos, jamas. -Con una mano le acaricio el trasero, acercandola mas. Le succiono un pezon con su calida boca y movio la otra mano para avivar el fuego con sus dedos. Mientras ella le miraba besar su pecho, una cruda emocion bombeo a traves de sus venas. Este era John, el hombre que la hacia sentirse tan bella y deseada. El hombre que le habia arrancado el corazon y se lo habia devuelto nueve meses mas tarde. Cerro los ojos y lo atrajo mas hacia ella. Lo sujeto mientras la tocaba con manos y boca, y se dijo que era suficiente. Cuando noto que estaba muy cerca del climax, dio un paso atras.
Sin decir nada, el alcanzo la cartera de la mesita para coger un condon envuelto en papel de aluminio. Abrio el paquete con los dientes, pero, antes de poder ponerselo, Georgeanne le cogio el condon.
– Nunca dejaria que un hombre hiciera el trabajo de una mujer -dijo ella y estiro la delgada funda de latex por toda su longitud. Ella lo sintio latir en su mano, listo para buscar la liberacion. Luego ella se puso a horcajadas sobre su regazo y miro sus ojos azules. Lentamente descendio sobre la ereccion.
El era grande y duro y, despues de varios intentos, la lleno por completo. Ella se sento durante un momento con el profundamente enterrado en su interior, sintiendo como se estiraba para acomodarle. El estaba caliente y ella se sentia colmada aunque inquieta al mismo tiempo. Los musculos del cuello de John estaban tensos y ella clavo los dedos en esos hombros duros. John tenia los ojos entrecerrados y la mandibula tensa. Georgeanne lo beso en los labios y luego comenzo a moverse. Ya fuera por el implacable deseo que sentia o por falta de experiencia sus movimientos fueron torpes. Las rodillas se le hundian en el sofa y, cuando el empujaba, ella se elevaba con el.
– Relajate -dijo John al tiempo que le ahuecaba el trasero-. Tomate tiempo.
Georgeanne aplasto la boca contra la de el y gimio con frustracion. No podia relajarse y habia llegado demasiado lejos para poder disponer de tiempo.
John arranco su boca de la de ella, luego envolvio un brazo alrededor de ella, cogiendola y girando con ella hasta depositarla sobre el sofa. El seguia profundamente enterrado en el interior del cuerpo de ella. Coloco una rodilla sobre el sofa dejando el otro pie apoyado en el suelo.
– Nunca dejaria que una mujer hiciera el trabajo de un hombre -dijo, y se retiro. Un gemido angustiado escapo de la garganta de Georgeanne hasta que el empujo profundamente en su interior otra vez. Ella se pego a el mientras la embestia repetidas veces, empujandola hacia el precipicio.
Georgeanne pronuncio palabras incoherentes, palabras que probablemente la harian avergonzar mas tarde, pero que no podia ni queria detener ahora.
– Asi, carino -susurro el mientras se zambullia profundamente-. Dime que quieres.
Y ella lo hizo con todo lujo de detalles. El jadeo y le ahueco la cara entre las manos. Le dijo que era hermosa y lo bien que se sentia dentro de ella. Con cada envite la quemaba viva, y, cuando ella llego al orgasmo, grito su nombre. Su cuerpo lo ordeno con fuerza y justo cuando ella sentia que el climax comenzaba a decrecer, volvio a remontarse de nuevo.
John cerro los ojos con fuerza y siseo entre dientes. Respondio a los gritos de Georgeanne con gemidos de satisfaccion. El entro en ella una ultima vez, y cuando llego al climax, sus musculos se volvieron de piedra y juro como un jugador de hockey.
Capitulo 14
John se sento en el borde de la cama para calzarse unas deportivas azules y plateadas. La habitacion parecia una zona de guerra. Las sabanas estaban revueltas encima del colchon y la colcha y las almohadas estaban tiradas en el suelo. Unos platos sucios con restos de sandwiches de jamon a medio comer estaban apilados en el tocador, y la acuarela, que colgaba de la pared y que John habia comprado a un artista local, tenia el marco roto.
Termino de atarse las zapatillas y se puso de pie. La habitacion olia a ella, a el, a sexo. Paso por encima de una pila de toallas humedas y cogio el walkman del tocador. Se puso los auriculares alrededor del cuello y sujeto el walkman en la cinturilla de los pantalones cortos.
Salvaje. Era la unica palabra que le acudia a la mente para describir la noche anterior. Sexo salvaje con una bella y fogosa mujer. La vida no podia ser mejor.
Solo habia un problema. Georgeanne no era cualquier bella y fogosa mujer. No era alguien con quien hubiera tenido una cita. No era un ligue. Y ciertamente no era una de esas mujeres que querian acostarse con el porque era jugador de hockey. Era la madre de su hija. Las cosas estaban comenzando a complicarse.
Salio al pasillo. Se detuvo delante del otro dormitorio y miro por la puerta entreabierta. Georgeanne tenia los ojos cerrados bajo la luz del amanecer que se filtraba a traves de las cortinas y su respiracion era lenta y suave. Se habia puesto un camison blanco abotonado hasta el cuello que parecia sacado de La casa de la pradera. Aunque aproximadamente cuatro horas antes estaba con el trasero al aire, totalmente desnuda, en el jacuzzi del bano principal haciendo su mejor imitacion de una reina del rodeo. Despues de un poco de practica lo habia hecho muy bien. A el le gustaba especialmente la forma en que balanceaba la pelvis contra la de el mientras susurraba su nombre con esa erotica voz surena suya.
Un movimiento detras de Georgeanne llamo su atencion y levanto la mirada a Lexie. Observo como se ponia de lado y se tapaba un poco con la sabana. Dio un paso atras y se encamino a las escaleras.
La noche anterior le habia mostrado de nuevo otra parte de su pasado, le habia mostrado a una nina confundida y herida, y le habia agregado otra dimension a la forma en que la veia de adulta. No creia que ella hubiera tenido intencion de cambiar nada, ni siquiera su opinion de ella. Pero lo habia hecho.
John entro en la cocina y abrio la nevera. Cogio un batido de yogurt rico en carbohidratos y proteinas. Cerrando la puerta con el pie quito el tapon de la bebida energetica y puso en marcha el contestador automatico. Subio el volumen, apoyo una cadera en la encimera y comenzo a tomar la bebida revitalizante. El primer mensaje era de Ernie, y mientras escuchaba las quejas de siempre de su abuelo acerca de tener que dejar un mensaje, penso en Georgeanne. Penso en su voz cuando le habia hablado casualmente sobre su madre. Habia bromeado sobre cuando su abuela habia tratado de casarla con un carnicero del Piggly Wiggly y sobre que pensaba que era
