derechos que si estuvieras divorciado de la madre. Lo discutiremos en profundidad cuando vuelvas a la ciudad. Ya hablaremos, nos vemos -acabo el mensaje y Georgeanne parpadeo.
Miro a Lexie y la observo aspirar un Froot Loop de la cuchara.
El temblor comenzo en el pecho de Georgeanne y se extendio por todo su cuerpo. Levanto una mano temblorosa y se presiono los labios con los dedos. John habia contratado los servicios de un abogado. Le habia dicho que no lo haria, pero estaba claro que habia mentido. Queria a Lexie, y Georgeanne le habia dado lo que el queria sin preocuparse de nada. Habia dejado a un lado sus dudas y habia consentido en que John estuviera algun tiempo con su hija con total libertad. Habia hecho caso omiso a sus miedos porque queria lo mejor para su hija.
– Apresurate y terminate los cereales -le dijo, apartandose de la encimera. Tenia que escapar, alejarse de esa casa y de el.
A los diez minutos Georgeanne se habia cambiado de ropa, se habia cepillado los dientes y el pelo, y habia metido todo dentro de las maletas. «Mantener contenta a la madre…». Georgeanne se sintio enferma al pensar en lo «contenta» que la habia tenido la noche anterior. Acostarse con ella era ir mucho mas alla de lo que dictaba el deber.
Cinco minutos mas tarde habia cargado el coche.
– Vamos, Lexie -grito, volviendose hacia a la casa. Queria estar bien lejos cuando regresara John. No queria enfrentarse a el. No confiaba en si misma. Ella habia sido amable. Habia tratado de ser justa, pero no lo haria mas. La colera la inflamaba como un soplete a un chorro de gas. La dejo arder y bullir por sus venas. Preferia sentir furia que la humillacion y el dolor que le destrozaban el alma.
Lexie salio de la cocina vestida todavia con el pijama purpura.
– ?Nos vamos a algun sitio?
– A casa.
– ?Por que?
– Porque es hora de irnos.
– ?John tambien viene?
– No.
– No quiero irme aun.
Georgeanne abrio la puerta principal.
– Me da lo mismo.
Lexie fruncio el ceno y salio de la casa.
– Aun no es sabado. -Hizo pucheros mientras bajaba de la acera-. Dijiste que nos quedariamos hasta el sabado.
– Hay cambio de planes. Nos vamos antes a casa. -La subio al asiento del pasajero encima del elevador de seguridad y le abrocho el cinturon, luego le puso una camisa, unos pantalones cortos y un cepillo de pelo en el regazo-. Cuando estemos en la carretera te puedes cambiar de ropa -explico mientras se colocaba detras del volante. Arranco el motor y metio la marcha atras.
– Me olvide una Skipper en la banera.
Georgeanne piso el freno y se volvio para mirar a su hosca hija. Sabia que si no entraba de nuevo y cogia la Skipper, Lexie se preocuparia y enfadaria y hablaria de eso todo el camino hasta Seattle.
– ?Cual?
– La que me regalo Mae por mi cumpleanos.
– ?En que banera?
– En la del bano que hay al lado de la cocina.
Georgeanne abrio bruscamente la puerta del coche y salio.
– El motor esta encendido, asi que no toques nada.
Lexie encogio los hombros sin comprometerse.
Georgeanne corrio por primera vez desde la infancia. Volvio corriendo a la casa y entro en el cuarto de bano. La Skipper estaba sentada en la bandeja del jabon pegada a la pared de azulejo, la cogio por las piernas. Se dio la vuelta y casi choco con John. Estaba en la puerta con las manos apoyadas en el marco de madera.
– ?Que pasa Georgeanne?
A Geogeanne le dio un vuelco el corazon. Odio a John. Y se odio a si misma. Por segunda vez en su vida habia dejado que la utilizara. Por segunda vez, le habia causado tal dolor que apenas podia respirar.
– Quitate de en medio, John.
– ?Donde esta Lexie?
– En el coche. Nos vamos.
El entorno los ojos.
– ?Por que?
– Por ti. -Ella le coloco las manos en el pecho y lo aparto de un empujon.
El se movio, pero ella no habia llegado demasiado lejos antes de que el la agarrase por el brazo y le impidiera llegar a la puerta principal.
– ?Actuas asi con todos los tios con los que te acuestas o esa suerte solo la tengo yo?
Georgeanne se volvio hacia el y le pego con su unica arma. Lo golpeo en el hombro con la mojada muneca. La cabeza de la muneca se desprendio y volo hasta la sala de estar. Georgeanne hervia de furia y sentia que perderia la cabeza igual que la pobre Skipper.
John levanto la vista de la muneca sin cabeza a su cara. Tenia las cejas arqueadas.
– Pero ?que te pasa?
La innata gracia surena, las lecciones de modales de la senorita Virdie y todos los anos de buena educacion de su abuela se hicieron trizas dentro del infierno de su colera.
– ?Aparta tu asquerosa mano de mi, cerdo hijo de puta!
John apreto su presa y sus ojos taladraron los de ella.
– Anoche no pensabas que fuera asqueroso. Puedo ser un hijo de puta, pero no por lo que hicimos juntos. Anoche tu estabas caliente y yo duro y lo solucionamos. Puede que no haya sido la eleccion mas sabia, pero fue la que tomamos. Ahora asumelo como una adulta, por el amor de Dios.
Georgeanne se solto bruscamente de su agarre y dio un paso atras. Deseo ser grande y fuerte para poder pegarle con fuerza. Deseo ser de pensamiento rapido para poder soltarle las palabras mas hirientes, de esas que podrian cortar un corazon en rodajas. Pero no era fisicamente fuerte, ni de lengua rapida bajo presion.
– Te aseguraste que estuviera muy contenta anoche, ?verdad?
El parpadeo.
– Supongo que «contenta» es una palabra tan buena como cualquier otra. Aunque prefiero «saciada», no te discutire si quieres utilizar «contenta». Tu estabas contenta. Yo estaba contento. Los dos estabamos jodidamente contentos.
Ella lo senalo con la Skipper sin cabeza.
– Eres un bastardo. Me utilizaste.
– Genial. ?Y cuando fue eso? ?Fue mientras me metias la lengua en la boca o cuando me metiste las manos en los pantalones? Tal y como yo lo veo, nos utilizamos mutuamente.
Georgeanne lo fulmino con la mirada a traves de la neblina roja que la envolvia. No hablaban de lo mismo, el todavia no habia atado cabos.
– Me mentiste.
– ?Sobre que?
En lugar de darle la oportunidad de mentir otra vez, Georgeanne fue a la cocina y rebobino su contestador automatico. Luego le dio al boton de play y observo la cara de John mientras la voz de su abogado llenaba la silenciosa estancia. Sus rasgos no mostraron emocion alguna.
– Estas haciendo una montana de un grano de arena -dijo tan pronto como la cinta termino-. No es lo que piensas.
– ?No era ese tu abogado?
– Si.
– Entonces cualquier otro contacto entre nosotros se hara a traves de los abogados. -Ella estaba mortalmente tranquila cuando le dijo-: Mientras tanto, apartate de Lexie.
