– No. -Se limpio las mejillas con el dorso de las manos-. No quiero que sepa que me ha hecho dano otra vez.
– Podria contratar a alguien para romperle las dos rodillas.
Georgeanne hizo una pausa antes de decir:
– No. No nos llega el dinero para contratar un maton profesional y es demasiado dificil encontrar ayuda de esa clase sin dinero. Mira lo que le sucedio a Tonya Harding. Pero gracias por la idea.
– Bueno… ?para que estamos los amigos?
– Ya supere una cosa asi con John. Por supuesto, entonces Lexie no existia, pero lo superare otra vez. Aunque aun no sepa como. -Georgeanne sujeto la bata con firmeza y fruncio el ceno-. Y ademas esta Charles. ?Que le voy a decir?
Mae cogio su cafe.
– Nada -contesto y despues tomo un sorbo.
– ?Crees que deberia mentirle?
– No. Simplemente no se lo digas.
– ?Que le digo si me pregunta?
Puso el cafe sobre la mesa.
– Eso depende de cuanto te guste.
– Pues Charles me gusta bastante. Se que no lo parece, pero asi es.
– Entonces miente.
Georgeanne hundio los hombros y dijo suspirando:
– Me siento tan culpable. No puedo creer que me metiera en la cama con John. Ni siquiera pense en Charles. Tal vez soy una de esas mujeres sobre las que leo en el
– O tal vez deberias dejar de leer el
Georgeanne nego con la cabeza.
– Menudo lio he montado. ?Que voy a hacer?
– Lo superaras. Eres una de las mujeres mas fuertes que conozco. -Mae palmeo el hombro de Georgeanne. Tenia mucha fe en la fuerza y determinacion de su amiga. Sabia que Georgeanne no siempre parecia una mujer valiente, pero siempre buscaba la mejor manera de alcanzar sus objetivos-. Oye, ?te dije que Hugh, el portero, me llamo mientras estabas en Oregon?
– ?El amigo de John? ?Para que?
– Queria salir conmigo.
Georgeanne clavo una mirada incredula en Mae durante unos momentos.
– Pensaba que le habias dejado claros tus sentimientos el dia que te lo encontraste delante del hospital.
– Lo hice, pero volvio a llamarme.
– ?En serio? Querra que le golpees con un stick.
– Si, hablamos de eso.
– Bueno, espero que lo hayas noqueado con delicadeza.
– Lo hice.
– ?Que le dijiste?
– Diablos, que no.
Normalmente Georgeanne y Mae habrian discutido por el rudo rechazo de Mae. Pero esta vez Georgeanne encogio los hombros y le dijo:
– Bueno, supongo que no tendras que preocuparte de que te vuelva a llamar.
– Volvio a hacerlo, pero creo que lo hizo solo para molestarme. Me llamo para preguntarme si todavia domaba pitbulls.
– ?Que le dijiste?
– Nada. Le colgue el telefono, y solo me ha llamado una vez mas desde entonces.
– Bueno, estoy segura de que lo mejor sera mantenernos alejadas de todos los jugadores de hockey. Es lo mas conveniente para las dos.
– Eso no supone ningun problema para mi. -Mae penso en contarle a Georgeanne algo sobre su ultimo novio, pero al final decidio no hacerlo. Estaba casado y Georgeanne tendia a moralizar sobre cosas como esas. Pero Mae no sentia escrupulos de acostarse con el marido de otra mujer siempre que no tuviera hijos. No queria casarse. No queria mirar la cara del mismo tio todas las noches a la hora de la cena. No queria ser su criada ni parir sus bebes. Solo queria sexo y los hombres casados eran perfectos. Ella marcaba las pautas y controlaba cuando, donde y cada cuanto tiempo.
Nunca le habia dicho a Georgeanne que salia con hombres casados. Porque, aunque aparentemente Georgeanne sentia una absoluta debilidad carnal por John Kowalsky, a veces podia ser muy puritana.
Capitulo 15
Tras horas de duro entrenamiento, entrenadores y jugadores ocupaban la pista ensayando tiros a gol. Despues de estar tres dias concentrados, los Chinooks estaban preparados para un poco de diversion. Dos miembros del equipo de porteros estaban en cuclillas en extremos opuestos de la pista de patinaje, ojo avizor, en espera de que alguien lanzara el disco hacia la porteria.
Los sordidos y crudos comentarios y el constante «zas-zas-zas» de los patines invadian los oidos de John mientras zigzagueaba por el hielo. Las mangas de su camiseta de entrenamiento ondeaban mientras serpenteaba entre la marabunta humana. Mantenia la cabeza alta mientras deslizaba el disco de caucho junto a la hoja del stick. Sintio como un defensa novato de tercera linea le echaba el aliento en el cogote y para evitar quedar atrapado contra la barrera le lanzo un disparo bajo a Hugh Miner.
– Tragate esa, granjero -le dijo mientras cargaba su peso en las cuchillas de los patines para pararse bruscamente delante de la porteria. Una fina rociada de hielo alcanzo las rodilleras de Hugh.
– Eres mi ruina, viejo -se quejo Hugh, devolviendole el disco de caucho. Luego miro al otro extremo de la pista, se encorvo otra vez y golpeo su stick contra los postes de la porteria, recobrando su compostura sin apartar los ojos del resto de jugadores.
John se rio y patino de regreso al centro de la accion. Al terminar el entrenamiento estaba molido por el esfuerzo, pero feliz de haber regresado a la lucha. Mas tarde en el vestuario, le entrego sus patines a uno de los utilleros para que estuvieran afilados al dia siguiente y se dio una ducha.
– Oye, Kowalsky -lo llamo un ayudante de entrenador desde la puerta del vestuario-. El senor Duffy quiere verte cuando estes vestido. Esta con el entrenador Nystrom.
– Gracias, Kenny. -John se ato los zapatos, se paso por la cabeza una camiseta verde con el logotipo de los Chinooks y se la remetio dentro de los pantalones azules de nailon. Sus companeros de equipo deambulaban por el vestuario con distintos grados de desnudez hablando de hockey, contratos y las nuevas reglas de la NHL como todos los principios de temporada.
No era extrano que Virgil Duffy le pidiera a John que se reuniera con el, especialmente, cuando el director general del equipo estaba tanteando el terreno para fichar un nuevo talento. John era el capitan de los Chinooks. Era un veterano y nadie conocia el hockey mejor que los hombres que lo llevaban jugando desde que eran ninos. Virgil respetaba la opinion de John y John respetaba la capacidad de Virgil para los negocios, aunque a veces no estaban de acuerdo. En esos momentos discutian por un buen defensa de segunda linea. Los buenos defensas no eran baratos y Virgil no siempre estaba dispuesto a pagar millones por un determinado jugador.
Mientras se acercaba a los despachos de direccion John se pregunto como reaccionaria Virgil cuando se enterara de la existencia de Lexie. No creia que el viejo se sintiera demasiado contento, pero ya no temia ser traspasado. Aunque tampoco descartaba la posibilidad por completo. Virgil podia ser tan imprevisible como un volcan. Cuanto mas tardara Virgil en descubrir lo que habia sucedido siete anos antes, mejor. John no mantenia a Lexie en secreto a proposito, pero tampoco creia que tuviera que restregarsela a Virgil por las narices.
Penso en Lexie y fruncio el ceno. Desde aquella manana en Cannon Beach, hacia ya mes y medio, Georgeanne
