habia mantenido a Lexie apartada de el. Ella habia contratado a un abogado atildado y cabron que habia insistido en hacerle una prueba de paternidad. Luego, habia retrasado el examen durante semanas, pero el dia en que la prueba pedida por el tribunal debia ser realizada, ella habia cambiado radicalmente de actitud y habia firmado un documento legal admitiendo que el era el padre. Con la rubrica de Georgeanne, John fue declarado legalmente padre de Lexie.

Habian elegido un asistente social de oficio para entrevistarse con John e inspeccionar su casa flotante. El mismo asistente habia hablado con Georgeanne y Lexie, y habia recomendado varias visitas cortas de presentacion entre el padre y la nina antes de permitir a John tener a Lexie durante periodos de tiempo mas largos. Al final del periodo de presentacion, John recibiria la misma custodia compartida que los padres que se habian divorciado y todo eso sin ni siquiera haberse presentado delante de un juez. Una vez que Georgeanne habia reconocido legalmente a John como padre de Lexie, todo habia comenzado a moverse con suma rapidez.

John endurecio el ceno. Por ahora Georgeanne seguia teniendo la sarten por el mango y aunque a el no le gustara lo mas minimo, era obvio que ella disfrutaba con la experiencia. Pues bien, que lo hiciera mientras pudiera, porque al final lo que Georgeanne quisiera no iba a tener importancia. Ella no queria que le pagara la manutencion de la nina, ni siquiera la parte que le correspondia, ni el seguro medico. A traves de su abogado el le habia ofrecido mucho dinero y tambien el seguro completo. Queria mantener a su hija y estaba dispuesto a pagar lo que necesitara, pero Georgeanne lo habia rechazado todo. Segun su abogado, ella no queria nada de el. Pero no le iba a quedar otra opcion. Los abogados estaban ya poniendo los puntos sobre las ies. Georgeanne tendria que aceptar lo que le ofrecia.

No la habia visto, ni habia hablado con ella desde aquella manana en la casa de la playa cuando se habia puesto histerica por nada. Lo habia arruinado todo saliendose de madre para llamarlo mentiroso cuando, realmente, el no le habia mentido. De acuerdo, quiza la primera noche cuando habia ido a su casa flotante le habia mentido por omision. Habian quedado en no meter por medio a los abogados, pero dos horas antes de que ella hubiera aparecido en su puerta el ya habia contratado a Kirk Schwartz. Ya tenia una idea basica de sus derechos antes de que hubiera hablado con ella esa noche. Tal vez deberia haberselo dicho, pero habia creido que se pondria como una pantera y que trataria de apartarlo de Lexie. Y habia estado en lo cierto. A pesar de todo, no cambiaria lo que habia hecho. Tenia que informarse. Tenia que conocer sus derechos legales en el caso de que Georgeanne se mudara, se casara o le impidiera ver a Lexie. Habia querido saber quien figuraba como padre en la partida de nacimiento de Lexie. Habia querido saberlo todo. El futuro con Lexie era demasiado importante como para ignorar sus derechos legales.

La imagen de Lexie en la cocina de su casa de Cannon Beach aun permanecia viva en su mente. Recordaba la confusion de su cara y la mirada desconcertada de sus ojos cuando lo habia mirado por encima del hombro mientras Georgeanne la arrastraba por la acera. El no habia querido que lo supiera de ese modo. Habia querido pasar antes mas tiempo con ella. Y habia querido que se alegrara tanto como el por la noticia. No sabia lo que pensaba ahora, pero lo haria en poco tiempo. En dos dias seria la primera visita legal.

John entro en las oficinas de direccion y cerro la puerta tras el. Virgil Duffy estaba sentado en un sofa tapizado en Naugahyde y llevaba puesto un traje de lino de la Quinta Avenida y un bronceado caribeno.

– Mira eso -dijo Virgil, senalando la pantalla de un televisor portatil-. Ese chico esta hecho de cemento.

Sentando detras del escritorio, Larry Nystrom no parecia tan entusiasmado como el.

– Pero no sabe tirar con punteria.

– A cualquier jugador se le puede ensenar a afinar la punteria. Pero lo que no puedes es ensenarle coraje, y este ya lo tiene. -Virgil miro John y senalo con el dedo hacia la pantalla-. ?Que opinas tu?

John estaba sentado en el otro extremo del sofa y miro la television justo a tiempo de ver a un novato de los Florida Panther acorralar a Philly Flyer Eric Lindros contra la barrera. El sesenta y cuatro, Lindros, se tomo su tiempo antes de ponerse en pie para patinar lentamente al banquillo.

– Te puedo decir por experiencia personal que golpea muy duro. Y tambien tira muy fuerte, pero no estoy seguro de que tenga potencial. ?Cuanto vale?

– Quinientos mil.

John se encogio de hombros.

– Vale menos de quinientos y necesitamos a alguien como Grimson o Domi.

Virgil nego con la cabeza.

– Cuestan demasiado.

– ?En quien mas estais pensando?

Virgil le dio al boton de avance rapido y los tres hombres revisaron juntos otros partidos. El segundo entrenador del equipo se sento enfrente de Nystrom con un monton de papeles. Mientras el video seguia pasando, revisaron cada pagina.

– Tu indice de grasa corporal es menor del doce por ciento, Kowalsky. -El entrenador hizo el comentario sin levantar la vista.

John no estaba sorprendido. No podia permitirse el lujo de dejar que el peso lo hiciera mas lento todavia y se habia esforzado mucho para mantenerse en forma.

– ?Y Corbet? -pregunto por un companero de equipo. En el entrenamiento le habia dado la impresion de que el lateral derecho de los Chinooks se habia pasado el verano comiendo barbacoas y tirado a la bartola.

– ?Dios Santo! -juro Nystrom-. ?Su indice es del veinte por ciento!

– ?De quien? -pregunto Virgil, dandole al boton de stop. El video detuvo la cinta y en la pantalla aparecio un anuncio de una emisora local.

– Ese maldito Corbet -contesto el entrenador.

– Voy a tener que ponerle un soplete debajo de ese culo de grasa -amenazo el entrenador-. Tendre que suspenderlo o enviarle a Jenny Craig.

– Contrata un dietista -sugirio John.

– Sometele a uno de los regimenes de Caroline -le dijo Virgil-. Cuando hace uno de sus regimenes se pone de muy mala leche. -Caroline era la esposa de Virgil desde hacia cuatro anos y solo era diez anos mas joven que su marido. Por lo que John podia decir, era una mujer agradable y parecian felices juntos-. Dale un tazon de arroz blanco y un filete de pollo a la plancha antes de cada partido, luego sientate y disfruta viendo como patea culos.

El anuncio termino y una voz que John no habia oido en casi dos meses sono en la television.

– Habeis vuelto a tiempo -dijo Georgeanne desde la pantalla de doce pulgadas-. Estoy a punto de anadir un poquito de pecado y no querras perdertelo.

– Que diablos… -mascullo John y se inclino hacia delante.

Georgeanne abrio una botella de Grand Marnier y escancio un poco en una taza.

– Ahora, si teneis ninos, tendreis que reservar un poco del mousse antes de anadir el licor, o pecado liquido como llamaba mi abuela a todas las bebidas alcoholicas. -Sus ojos verdes miraron a la camara mientras sonreia-. Si no podeis tomar alcohol por motivos religiosos, sois menores de edad o si simplemente preferis tomar vuestro pecado en un vaso, podeis prescindir del Grand Marnier y anadir en su lugar cascara de naranja rallada.

El clavo los ojos en ella como un estupido roedor fascinado, recordando la noche en que el le habia servido una gran dosis de pecado. Luego, a la manana siguiente, ella le habia aporreado con una estupida munequita y lo habia acusado de utilizarla. Era una lunatica. Una loca vengativa.

Llevaba puesta una blusa blanca con un gran cuello bordado y un delantal azul marino atado alrededor del cuello. Tenia el pelo retirado de la cara y unos pendientes de perlas en las orejas. Alguien se habia esforzado mucho en someter su evidente sexualidad, pero no importaba. Estaba alli de todos modos. En esos ojos seductores y en esa boca voluptuosa. Y seguro que no era el unico que lo veia. Estaba ridicula, como una de Los vigilantes de la playa jugando a las cocinitas. La observo remover el mousse con la cuchara en una cazuela de porcelana y charlar sin cesar al mismo tiempo. Cuando termino, levanto la mano, abrio los labios y se lamio el chocolate de los nudillos. El se mofo porque sabia -sencillamente lo sabia- que estaba haciendo esa mierda por la audiencia. Era una madre, por el amor de Dios. Las madres que educaban ninas no deberian comportarse como gatitas sexis en television.

El televisor se quedo en blanco de repente y John se dio cuenta de que Virgil estaba presente por primera vez desde que la cara de Georgeanne aparecio en la pantalla. Parecia atontado y un poco palido bajo el bronceado. Pero, aparte de la impresion, su cara no mostraba nada. Ni colera, ni furia. Ni amor, ni siquiera traicion por la

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